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Análisis Semanal | El triunfo de Lula: ¿punto de inflexión en América Latina?

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Escrito por: Gustavo Irías

Luiz Inácio Lula da Silva ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas del 25 de octubre de 2026 con el 51,78 % de los votos válidos, frente al 48,22 % obtenido por Flávio Bolsonaro. El resultado le permitió alcanzar un cuarto mandato, después de haber quedado detrás de su adversario en la primera vuelta. Esta victoria interrumpe la secuencia de triunfos sucesivos de las fuerzas de derecha y ultraderecha en América Latina, alentadas por la administración Trump y enmarcadas en la nueva estrategia estadounidense de seguridad nacional.

Es por ello que las preguntas que buscamos responder en este artículo son las siguientes: ¿se ha abierto un punto de inflexión política en América Latina? ¿Qué factores ayudan a explicar el triunfo de Lula? ¿Y cuáles son las principales lecciones para los movimientos sociales y políticos progresistas?

Para empezar, es necesario reconocer las particularidades del contexto brasileño. Los cinco gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) encabezados por Lula y Dilma Rousseff dejaron logros concretos vinculados con la mejora de las condiciones de vida de amplios sectores de la población, en especial en la reducción de la pobreza y de los niveles de desigualdad. Estos avances estuvieron asociados al papel central del Estado mediante políticas sociales inclusivas, redistribución de tierras agrícolas (con una reforma agraria limitada) y del gasto social, el incremento sostenido del salario mínimo, la mejora de los ingresos laborales, la expansión del consumo y la ampliación de la clase media, entre otros factores.

Qué factores explican el triunfo electoral

En un contexto latinoamericano marcado por sucesivas derrotas electorales de fuerzas progresistas —como en Honduras, Colombia y Chile—, diversos factores explican este panorama: desde los propios errores políticos de estos gobiernos, hasta la capacidad de la ultraderecha para canalizar el malestar de amplios sectores sociales a través de sus narrativas. A esto se suma una intensa intervención transnacional con fuerte componente digital, pensada para polarizar y confundir al electorado desempolvando discursos propios de la Guerra Fría.

Sin embargo, la victoria electoral de Lula en Brasil demuestra que el avance de la ultraderecha no es inevitable y que existen posibilidades reales de contenerlo. De ahí la necesidad de analizar los factores clave que hicieron posible esta importante victoria electoral del “lulismo”.

Identificamos los factores siguientes:

  1. La memoria social de los avances logrados durante los gobiernos de Lula. Amplios sectores de trabajadores y trabajadoras asocian los gobiernos de Lula con una etapa en la que el crecimiento económico estuvo acompañado por políticas de redistribución de la riqueza, entre ellas programas sociales como Bolsa Familia, el más emblemático, aunque no el único, así como avances en la reforma agraria. A ello se sumaron mayores derechos laborales, una legislación de protección al trabajo, incrementos del salario mínimo y mejoras en los ingresos laborales. Asimismo, las políticas dirigidas a las mujeres, entre ellas la Ley de Igualdad Salarial y diversas medidas contra la violencia de género, ampliaron la base social de respaldo al lulismo. No menos relevantes fueron la reducción de la deforestación amazónica y la reconstrucción de las instituciones de protección ambiental. También adquirieron importancia las reformas tributarias orientadas a aumentar la carga sobre grandes patrimonios y fortalecer la tributación de grandes empresas transnacionales. Si bien este legado no representa transformaciones estructurales, sí muestra que un gobierno progresista puede mejorar las condiciones de vida de los sectores históricamente más excluidos.
  2. Un programa político de centroizquierda con capacidad para articular redistribución de la riqueza e inversión privada. La propuesta de Lula mantuvo la centralidad del Estado mediante políticas redistributivas y de ampliación de derechos, entre ellas la continuidad de la valorización del salario mínimo, el fortalecimiento de los servicios públicos de salud y educación, la prosecución de la reforma agraria y la continuidad y profundización de la reforma tributaria. Al mismo tiempo, incorporó medidas de apoyo al gran sector empresarial mediante crédito público, incentivos fiscales, compras gubernamentales e inversión en infraestructura. En su conjunto, estas políticas, ya practicadas por gobiernos anteriores del PT, han contribuido a crear un ambiente favorable para el desarrollo y la expansión de grandes empresas en la industria, la agricultura comercial y otras actividades económicas. En esencia, se trató de un programa de centroizquierda en un contexto altamente polarizado, cercano a las formulaciones de la socialdemocracia clásica y distante de las propuestas de los partidos bolivarianos latinoamericanos.
  3. La amplitud de la alianza electoral y social. En la primera vuelta, Lula obtuvo el respaldo de siete partidos: PT, PCdoB, PV, PSB, PDT, PSOL y Rede. En la segunda vuelta recibió apoyos adicionales de Agir, PSTU, PCB y Unidad Popular. Los tres últimos, ubicados en la extrema izquierda, se sumaron mediante un apoyo crítico, sin renunciar a sus propios programas. También se incorporaron sectores regionales del centro político, entre ellos expresiones del MDB y del PSB. A esta amplitud partidaria se agregó el respaldo de un vigoroso movimiento social integrado por organizaciones sindicales, campesinas, indígenas, estudiantiles y feministas, así como un importante apoyo del voto católico refrendado por la Carta de los Obispos  y de un pequeño sector del evangelismo. Sin descartar el apoyo de un potente movimiento de artistitas significativo por su visibilidad y diversidad generacional.
  4. El ajuste del foco político de la campaña. Este fue un punto clave en la segunda vuelta. A partir de los errores y aciertos de la primera vuelta, la campaña reposicionó el legado y el programa del “bolsonarismo” como una amenaza a la democracia y al Estado de derecho. La herencia de los gobiernos del PT representaba, en este marco, derechos sociales y democráticos que debían ser defendidos. Esa modificación fue consistente con el sentido de alerta que despertó en amplios sectores de la sociedad -incluido el numeroso sector de abstencionistas- sobre la real posibilidad de retorno de los bolsonaros al poder con sus políticas anti derechos y los riesgos de restricción de las libertades democráticas.
  5. La reorganización de la campaña en su conjunto. La coordinación de la campaña dio muestras de un gran talento político y estratégico.  La prioridad se colocó en los territorios con mayores niveles de abstencionismo y en intensificar la movilización política de los sectores simpatizantes. Adicionalmente, la campaña contó con una estrategia digital poderosa (revertió los algoritmos a su favor), intensificó la comunicación directa con el electorado y amplificó la distribución del mensaje. Según El País, André Janones (influencer y diputado) desempeñó un papel destacado mediante el canal de WhatsApp “Ejército de Lula”, que alcanzó aproximadamente 10,8 millones de seguidores. Su función no consistía solamente en informar: coordinaba acciones de difusión y convocaba a intervenir en otros espacios digitales.

A diferencia de otros gobiernos progresistas derrotados en las urnas, Lula representaba un liderazgo probado en la defensa de las instituciones democráticas, los derechos sociales y el pleno ejercicio de las libertades públicas. En estas circunstancias, el “bolsonarismo” no aparecía únicamente como una opción ultraconservadora, sino también como un riesgo de retroceso democrático y de logros ambientales. Esta percepción facilitó la convergencia de actores con identidades e intereses diversos. De esta manera, la segunda vuelta terminó configurándose como un amplio movimiento en defensa de valores, derechos y conquistas acumuladas por la sociedad brasileña en las últimas décadas, especialmente desde el fin de las dictaduras militares en 1985.

Por esta razón, en el contexto brasileño, el directo respaldo de Trump a Bolsonaro se transformó en otro eje de movilización electoral en defensa de la soberanía nacional y de la imposición extranjera, validando la política exterior del Lula por el no alineamiento y por un orden internacional multilateral y multipolar.  Al respecto, en el acto público de anuncio de la victoria, Lula expresó: “Nuestro país no va a ser patio trasero de nadie”.

Sus implicaciones geopolíticas

Brasil es la economía de mayor tamaño de América Latina. De acuerdo con datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), representa alrededor del 31 % del Producto Interno Bruto (PIB) de América Latina y el Caribe. Asimismo, el país posee una de las mayores dotaciones de tierras raras del mundo, además de otros minerales críticos de especial interés para Estados Unidos. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), sus reservas de tierras raras se estiman en 21 millones de toneladas, expresadas en equivalente de óxidos, lo que las sitúa como las segundas mayores del mundo después de China. Estos minerales son esenciales para la fabricación de vehículos eléctricos, sistemas de robótica, tecnologías de energía renovable, la industria aeroespacial, la inteligencia artificial y los sistemas de defensa. Si bien inversiones y empresas estadounidenses participan en la explotación de algunos yacimientos, la estructura de capital sigue siendo heterogénea  y la explotación de estos minerales apenas comienza a expandirse, especialmente en el caso del neodimio, praseodimio, disprosio y terbio.

La estrategia de la administración Trump busca reafirmar la hegemonía estadounidense en la región, apoyándose en gobiernos considerados socios confiables y procurando asegurar el acceso y control sobre recursos naturales estratégicos, entre ellos las tierras raras. En este contexto, la derrota electoral de Flávio Bolsonaro representa un revés político significativo para esos planes de expansión. En términos geopolíticos, el resultado contribuye a preservar una política exterior brasileña orientada hacia una mayor autonomía regional e internacional, la defensa de un orden internacional multipolar y una relación con Estados Unidos —y con cualquier otra potencia— basada en la autonomía, sin subordinación incondicional.

Asimismo, este resultado rompe con la tendencia hacia un mayor control político de la coalición “Escudo de las Américas” y abre la posibilidad de articular un nuevo eje del progresismo latinoamericano, potencialmente integrado por Brasil, México y Uruguay, como contrapeso democrático frente a las crecientes tendencias autoritarias en la región. Esto podría contribuir a configurar una nueva tendencia política más comprometida con la democracia, la soberanía nacional y la búsqueda de transformaciones viables en un contexto marcado por retrocesos democráticos y una intensa disputa geopolítica que está poniendo en riesgo derechos y valores conquistados a lo largo de las últimas siete décadas.

Aprendizajes principales

El triunfo de Lula muestra que el avance de las fuerzas políticas de derecha y ultraderecha, con los riesgos que ello puede implicar para la democracia y los derechos sociales, no es inevitable. Sin embargo, para contener ese avance será necesario, entre otras condiciones, disponer de programas de gobierno capaces de conectarse con las necesidades urgentes de las grandes mayorías y ofrecer respuestas concretas a esas demandas. En esa misma dirección, será necesario asumir medidas viables que impliquen una redistribución parcial de la riqueza. Asimismo, resulta fundamental construir las alianzas más amplias posibles, incorporando a todo el espectro político dispuesto a respaldar un programa de defensa y ampliación de la democracia.

Finalmente, será necesario comprender mejor el papel de la estrategia digital y de sus algoritmos, articulando el trabajo en redes digitales con la comunicación directa con el electorado y la acción social ciudadana.

No estamos en tiempos de grandes transformaciones sociales, es el tiempo de las reformas que mejoren las condiciones de vida de la gente y amplíen sus derechos sociales.

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