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Elecciones primarias hondureñas del 2025: continuidades y cambios en la larga disputa por la reconfiguración del sistema político

Análisis de Coyuntura

Escrito por Gustavo Irías, director ejecutivo del CESPAD

Las elecciones primarias realizadas el 9 de marzo de 2025 revisten gran relevancia nacional, pues se inscriben en la disputa política abierta en Honduras desde el golpe de Estado de 2009. Este hecho marcó el inicio de un proceso de transformación del sistema de partidos: de un bipartidismo de primera generación, orientado a la defensa del status quo, hacia un multipartidismo que abrió espacio a nuevas expresiones políticas con vocación de cambio político y social.

En 2013 ocurrió un hecho histórico: el bipartidismo representado por el Partido Liberal (PL) y el Partido Nacional (PN) fue quebrado por la voluntad del electorado, dando paso a dos nuevas fuerzas políticas: Libertad y Refundación (LIBRE) y el Partido Anticorrupción (PAC). Con ello emergió un multipartidismo limitado (Freidenberg, 2015, p. 7), reducido inicialmente a cuatro y luego a tres partidos, que en los últimos años evolucionó hacia un “multipartidismo polarizado” (Valdés, 2015, p. 55).

LIBRE nació de un amplio movimiento social en resistencia al golpe de Estado, en un contexto regional marcado por la llamada “ola rosa”, que permitió a diversos partidos de izquierda llegar al poder en América Latina. La singularidad hondureña radica en que LIBRE surgió de la implosión del Partido Liberal, con el liderazgo de Manuel Zelaya Rosales —presidente derrocado en 2009—, y no como resultado de la articulación de movimientos sociales y políticos de izquierda, como en otros países. Las pequeñas expresiones de izquierda fueron absorbidas por esta fuerza, cuya conducción ha estado en manos de antiguos cuadros liberales y de un segmento juvenil con enfoques heterodoxos progresistas y alta fidelidad política hacia el coordinador general de ese partido político.

El PAC, por su parte, fue organizado por el presentador deportivo Salvador Nasralla bajo la bandera de la lucha contra la corrupción y en abierta oposición a los gobiernos de Juan Orlando Hernández (JOH). Su propuesta política se planteó contra el bipartidismo, aunque con una plataforma conservadora. El aporte histórico del PAC consistió en posicionar a Nasralla como figura política, quien más tarde fundó el Partido Salvador de Honduras (PSH) y participó en dos alianzas presidenciales con LIBRE en 2017 y 2021. Actualmente es candidato presidencial del Partido Liberal. Aunque su trayectoria ha sido errática y vacilante, Nasralla se ha mantenido como referente político de relevancia.

A diferencia de su líder, el PAC tuvo una vigencia política breve. No obstante, desde la ruptura del bipartidismo en 2013, Honduras ha vivido una intensa disputa protagonizada por el PL, el PN y LIBRE. Durante este período es posible destacar los acontecimientos siguientes: doce años de gobiernos consecutivos del conservador PN, una reelección ilegal, un fraude electoral en 2017 y la conflictiva negociación de cuotas de poder en las instituciones del Estado. El desenlace ha sido la presencia de estos tres partidos predominantes en la totalidad de los órganos constitucionales (Corte Suprema de Justicia, Ministerio Público, Consejo Nacional Electoral, Tribunal Superior de Cuentas, entre otros). Sin embargo, la disputa iniciada hace dieciséis años no ha concluido: el sistema político aún no define su configuración definitiva y la polarización sigue en ascenso.

En este escenario, LIBRE, mediante una amplia alianza política, resultó ganador en las elecciones del 28 de noviembre de 2021, convirtiéndose en el primer partido de signo popular y progresista en triunfar en una contienda electoral en la historia de Honduras. La disputa se ha configurado en torno a una línea de ruptura: la refundación o transformación del país (expresada por LIBRE) frente al mantenimiento del orden establecido con reformas limitadas (defendido por el bipartidismo tradicional).

Pese al triunfo de LIBRE, la propuesta de impulsar una agenda de democratización (Programa del Bicentenario) presenta notables déficits. El rumbo del país permanece atrapado en un modelo tradicional de exclusión, desigualdad y pobreza extendida. Asimismo, el sistema político continúa permeado por una cultura caudillista, clientelar y con bajos valores democráticos, compartida por los tres partidos predominantes. Con todo, la línea de ruptura discursiva se mantiene y la polarización política se intensifica.

Estas líneas constituyen un antecedente histórico que permite comprender el telón de fondo de las elecciones primarias de 2025.

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