Por Claudia Mendoza
Kímberly Sabillón es un nombre que se transformó en un símbolo, en una consigna que gritó: no más femicidios de mujeres, de adolescentes y de niñas en Honduras. Tenía apenas 6 años cuando su vida fue brutalmente arrebatada. El 24 de noviembre de 2025, su cuerpecito fue hallado cerca de una quebrada, en la comunidad de El Paraíso, en Santa Bárbara. Con su nombre, decenas de mujeres hondureñas resignificaron la lucha histórica en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.

Con su rostro maquillado, esta joven imitó la sangre que ha sido derramada a causa de los miles de asesinatos de mujeres. Caminó por las calles de Tegucigalpa, junto a decenas de mujeres más, el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. El cartel que portaba decía: “Encontrada sin vida, en una cuneta, con signos de abuso sexual”. Más que un simple cartel, fue un grito silencioso por las 7,746 mujeres que han sido asesinadas en Honduras entre 2005 y 2024 (Boletín No 20-IUDPAS)[1].

Una bala silenciosa que nadie escuchó, una bala por la que nadie reclamó, apagó la vida de Brenda Nicole Fúnez, en septiembre de 2008, en La Ceiba, Atlántida. Tenía apenas 6 años, corría por el mundo, sin entender lo dura que puede ser la vida para cientos de mujeres que luchan por sobrevivir y evitar ser víctimas de la violencia. Han pasado 17 años, pero su recuerdo y su impune crimen permanecen intactos, latentes en la voz y los gritos de cientos de mujeres que protestan recordando su nombre, en su memoria, exigiendo justicia. Aunque esa justicia podría castigar a sus asesinos, no devolverá a Brenda. Su nombre se convirtió también en una consigna durante el 25 de noviembre (25N), Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, recordándonos la urgencia de seguir luchando por un mundo libre de violencia machista.

CEM-H: “Honduras arrastra una historia de violencia que no puede normalizarse: miles de mujeres han sido asesinadas en poco más de dos décadas. Detrás de cada cifra hay una familia rota, una comunidad marcada y un Estado en deuda. Nombrar la magnitud de esta tragedia también es una forma de exigir que no vuelva a repetirse”[1].

Las estadísticas son alarmantes y preocupantes. Durante los primeros seis meses de 2025, en Honduras se registraron 321 asesinatos de niñas, niños, adolescentes y jóvenes en Honduras, según datos de COIPRODEN[1]. La protección de esta población en el país se fundamenta principalmente en la Constitución de la República y el Código de la Niñez y la Adolescencia (Decreto 73-96), que garantizan derechos como vida, salud, educación y protección contra la violencia, el abuso y el abandono. Además, esta normativa ratifica tratados internacionales como la Convención sobre los Derechos del Niño y leyes específicas como la Ley de Alerta Temprana (AMBER), la Ley Especial de Adopciones (Decreto 102-2018), y el Código Penal para sanciones y medidas. A pesar de estos marcos legales, cada año más niñas y adolescentes se convierten en víctimas de abusos, explotación sexual y asesinatos. La situación demanda una atención urgente y una acción decidida para proteger sus derechos y prevenir estos delitos.

En áreas urbanas, la prevalencia reportada de violencia total contra las mujeres y niñas de 15 años y más a lo largo de la vida es de 57.6%, mientras que en las zonas rurales es del 45.7%. Además, en el ámbito urbano, el 26.3% de estas mujeres y niñas de 15 años y más, han sido víctimas de agresiones, en comparación con un 18.5% en las zonas rurales. Estos datos corresponden a la Primera Encuesta Nacional Especializada sobre la Violencia contra las Mujeres y Niñas de 15 y Más (ENESVMN), realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE)[1] en Honduras.

Con tan solo 19 años se preparaba con mucha ilusión para representar a Honduras en el certamen de Miss Mundo 2014. Sin embargo, ese sueño nuca se cumplió: en noviembre de ese año, María José Alvarado fue víctima de un asesinato a manos de su novio. Su trágica muerte se suma a la lista de mujeres que han sido arrebatadas de este mundo por una violencia que no discrimina. El nombre de María José debe ser recordado y honrado cada 25 de noviembre, en memoria de todas aquellas vidas que la violencia ha arrebatado.

Ya sean sexagenarias o adolescentes, eso no importó. Lo verdaderamente trascendental fue seguir exigiendo un alto a las inacciones de un Estado que perpetúa los femicidios. Cada día, una mujer es agredida, abusada sexualmente o asesinada. Muchas son madres, hijas, amigas o hermanas. Muchas permanecen confinadas en una creciente impunidad, en el olvido estatal y en la indiferencia ciudadana.

¡Respeto a la vida y a la dignidad de la mujer! ¡Vivir sin violencia y sin miedo! Eso demandaron el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra, cientos de mujeres que pertenecen a organizaciones feministas y que marcharon por las calles de la capital de Honduras. Lo hicieron con cartelones, mantas, mensajes y gritos mediante los que exigieron: “no más abusos y violencia hacia las mujeres”.

De esta manera, el Centro de Estudio para la Democracia (CESPAD), en colaboración con organizaciones que lideran el proyecto “Nosotras Construyendo Democracia, Ciudadanía Activa de las Mujeres en Honduras”, conmemoraron el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La demanda fue clara y contundente: una Honduras sin temor, abusos y asesinatos de mujeres.
[1] https://temp.ine.gob.hn/wp-content/uploads/2025/05/Informe-ejecutivo-ENESVCMN-2023.pdf
[1] https://redcoiproden.org/
[1] https://www.instagram.com/p/DSDpIk4lBPr/
[1] https://iudpas.unah.edu.hn/dmsdocument/20138-boletin-muerte-violenta-de-mujeres-y-femicidios-2024-ed20