Escrito por Paula Servellón
A los 8 años, María Santos Paz dice que comenzó a descubrir su propósito. Mientras caminaba descalza por los senderos de Azacualpa, Intibucá, para ir a la escuela y regresar a casa cargando agua y leña para su familia, comenzó a gestarse en ella una firme convicción: la vida de las mujeres rurales debe cambiar.
Como muchas niñas de esta región, María asistía a la escuela descalza y con una bolsa de plástico como mochila. Esa realidad le inquietaba, y aunque aún no conocía los conceptos, se dio cuenta de que la pobreza, la discriminación y la exclusión de las mujeres estaban entrelazadas con el machismo, y que esa asociación limitaba la participación de las mujeres en la toma de decisiones y en el acceso a oportunidades que pudieran mejora sus condiciones de vida.
Desde entonces, María creció con la firme convicción de dedicar su vida a defender los derechos de las mujeres, incluso, sin saber todavía qué era exactamente la lucha feminista o el liderazgo.
“No me avergüenzo de dónde vengo, a raíz de eso nace en mí, defender a las compañeras”, dijo en una entrevista que le realizamos para conocer de cerca a una mujer que ha participado en procesos de formación sobre liderazgos social y derechos humanos, con el objetivo de apoyar a las mujeres Lenca.
Formarse para cambiar la vida de las mujeres Lencas
María emprendió el camino de la lucha social desde muy pequeña. A los doce años, comenzó a participar en procesos de formación impulsados por CARITAS, Save the Children y Visión Mundial. A los catorce años, ya participaba en eventos nacionales organizados por el Consejo para el Desarrollo Integral de la Mujer Campesina (CODIMCA), una organización hondureña sin fines de lucro que trabaja para promover la integración de las mujeres campesinas y defender sus derechos. También participó en actividades del Centro de Estudios y Acción para el Desarrollo de Honduras (CESADEH), una organización no gubernamental que se dedica a la investigación, análisis y promoción del desarrollo sostenible en Honduras, enfocándose en temas sociales y económicos.
En uno de estos encuentros en Santa Rosa de Copán, María se dio cuenta que “el pueblo necesitaba alguien que representara a la mujer lenca”.
Rememora que, en el año 2000, durante una charla en Intibucá impartida por el Centro de Estudios de las Mujeres-Honduras (CEM-H), descubrió que, sin tener aún nociones claras, había estado luchando toda su vida a favor de la defensa de los derechos de las mujeres.
“Yo ya hacía lucha feminista, pero no lo sabía, no sabía que era una mujer feminista” comentó María. Desde entonces, ha asumido con determinación y orgullo ser una mujer indígena, campesina y feminista.

Hoy, María forma parte de la Red de Mujeres Contra la Violencia de Intibucá. A diario acompaña a las mujeres que son víctimas de violencia de género y aunque el trabajo no es fácil, encuentra su mayor satisfacción en ver que las mujeres que apoya logran superar los obstáculos.

María y la Escuela Feminista
María nunca ha dejado de lado procesos formación para continuar su lucha y la expansión de su mensaje a otras comunidades. Por eso, junto a más de 25 lideresas feministas rurales asistió a la “Escuela Feminista: Tejiendo Liderazgos”, una iniciativa que forma parte del proyecto “Nosotras Construyendo Democracia: Ciudadanía Activa de las Mujeres en Honduras”, impulsado por el Centro de Estudios de la Mujer-Honduras (CEM-H), el Centro de Estudio para la Democracia (CESPAD), OXFAM Honduras y la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo (AECID).
El proyecto busca fortalecer la democracia y promover políticas públicas que garanticen los derechos de las mujeres, un objetivo que es congruente con la convicción que tiene María respecto a las mujeres.

Durante el segundo taller de la Escuela Feminista, María y sus compañeras fortalecieron sus capacidades en comunicación y vocería política. Comprendieron que cada una de sus acciones en favor del cambio social es un acto político, con un impacto real que merece ser escuchado por los tomadores de decisiones.
Además, aprendieron a elaborar mensajes políticos claros, construir narrativas feministas, identificar a sus audiencias clave, seleccionar los canales de comunicación más efectivos y la importancia de aprovechar las redes sociales para llegar a más personas.

María confiesa que, al finalizar el taller, se sintió muy empoderada: “comunicar desde nuestros territorios es importante, es alzar la voz y abrir espacios”. Con todos los conocimientos adquiridos, planea realizar réplicas de estas herramientas en su comunidad para seguir formando y exhortando a más mujeres a sumarse a la lucha feminista.
“Somos una cadena de mujeres, porque yo aprendo y también aprenden las otras compañeras”, sostiene.

Al concluir la entrevista, basada en su experiencia y convicciones, María envió un mensaje a las mujeres rurales: “mujeres, pierdan el miedo a romper el silencio y vean también que no están solas…no pensemos en qué dice la sociedad de nosotras, sino pensemos en que, si nosotras alzamos la voz y nos representamos, sentimos la fuerza; ya somos visibles”.