El activismo digital y político de las jóvenes hondureñas.

Escrito por Lucía Figueroa

Victoria Ochoa creció en un hogar de ideas progresistas, pero no fue en casa donde se descubrió feminista. Fue en Choloma, en 2015, durante un encuentro de mujeres jóvenes al que asistió siendo estudiante de la UNAH. Allí conoció a las compañeras con quienes fundaría Luchemos, la organización política, feminista y socialista que desde entonces ocupa las redes sociales hondureñas —bajo el nombre @luchemoshn— con una voz que no pide permiso.

“Lo que muchas veces pensamos a solas se vuelve sentido común en la colectividad”, resume. En esa frase está condensada su visión del cambio: para Victoria, el feminismo no es una identidad individual; es una práctica organizativa.

La colectividad como método: mujeres organizadas en círculo durante una jornada nocturna de protesta.
La colectividad como método: mujeres organizadas en círculo durante una jornada nocturna de protesta.

La corrupción como urgencia feminista

Ese mismo año, Victoria se integró a la Colectiva Matria en el contexto de las “marchas de las antorchas”, la indignación y movilización ciudadana que estalló tras el millonario desfalco al Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS). Mientras la opinión pública general leía las protestas como un asunto de política general, Victoria y sus compañeras irrumpían con consignas y batucadas hechas con baldes y botellas, visibilizando una conexión que muchos preferían ignorar.

“Nosotras hacíamos evidente que la lucha contra la corrupción también es una lucha feminista, pues nos afecta a las mujeres y disidencias —dice—. ¿Cuántas mujeres murieron por pastillas de harina o porque se robaron el dinero del IHSS? ¿Cómo nos afecta la movilidad en una ciudad tan hostil como Tegucigalpa, sin transporte público, por casos de fraude como el Trans 450?”.

Las preguntas tocan realidades materiales. Las “pastillas de harina” —medicamentos adulterados comprados con fondos públicos— costaron la vida de pacientes del seguro social, en su mayoría mujeres. Por otro lado, el Trans 450, un sistema de transporte que nunca funcionó, obligó a miles de trabajadoras a transitar una capital insegura sin alternativas dignas. Para Victoria, la corrupción tiene un impacto diferenciado que recae principalmente sobre los cuerpos femeninos.

Por eso, la apuesta de Luchemos consiste en demostrar que la agenda pública completa es una agenda de las mujeres. El desempleo, la defensa de territorios, la privatización de lo público, la falta de acceso a energía, agua, educación y salud impactan de forma prioritaria a quienes representan la mitad de la población, pero tienen el menor poder en la toma de decisiones.

El feminismo en la calle: movilización por el Día Internacional de la Mujer en Tegucigalpa, uno de los espacios donde Luchemos disputa narrativa.
El feminismo en la calle: movilización por el Día Internacional de la Mujer en Tegucigalpa, uno de los espacios donde Luchemos disputa narrativa.

El precio de una postura combativa

Luchemos no habla desde el centro. Se definen abiertamente como feministas socialistas, rechazan las agendas de derecha o neoliberales, y apuestan por la construcción de poder popular y colectivo en lugar de la asimilación individual en las instituciones del sistema. Su objetivo es que las mujeres pierdan el miedo al poder, no para ocupar una silla, sino para transformar las estructuras. Sostener esa línea implica asumir costos.

“La idea de que las mujeres debemos ser pulcras y no ensuciarnos en la política de los hombres es una idea muy arraigada en Honduras —explica Victoria—. Cuando mujeres con perfiles públicos ocupan los espacios con su propia voz combativa, arremeten contra ellas en redes sociales y medios tradicionales con comentarios como ‘malcriada’ o ‘chusma’, indicando que no se están comportando con la clase y la compostura que se espera de ellas”.

El insulto revela el mandato de género: una mujer en el espacio público debe ser decorativa, no combativa. Cuando quiebra ese molde, el castigo es doble: se juzga lo que dice y el hecho mismo de atreverse a decirlo.

A eso se suma el contexto nacional. Luchemos nació políticamente bajo la coyuntura del golpe de Estado de 2009 y creció enfrentando lo que Victoria define con claridad como narcodictadura. Formar parte del proceso histórico que llevó al primer partido de izquierda al gobierno, con la primera mujer presidenta del país, significó avanzar en medio del miedo. Ante el escenario actual de recomposición de las fuerzas de derecha, el desafío consiste en defender lo avanzado.

“Cuando del otro lado tenés al poder económico del país con toda su maquinaria mediática operando en contra de todo lo que representamos, es fácil desanimarse —admite—. Debemos seguir organizándonos, y que el miedo cambie de bando”.

“Trabajo de mujeres, motor de la revolución”: Luchemos durante la movilización del 1 de mayo. La colectiva reivindica un feminismo socialista y de clase.
“Trabajo de mujeres, motor de la revolución”: Luchemos durante la movilización del 1 de mayo. La colectiva reivindica un feminismo socialista y de clase.

Memoria como trinchera política

Para Victoria, las plataformas digitales no son meros canales de difusión, sino espacios de disputa histórica. Honduras mantiene una deuda estructural con la memoria de sus luchas sociales, específicamente con las mujeres, feministas y disidencias que abrieron caminos mucho antes de la existencia de las redes sociales.

“No recordamos muchas referencias de mujeres, feministas o disidencias disputando poder, y no es porque no las haya —dice—. Desde las barreras de acceso a la educación para niñas, jóvenes y mujeres, hasta la falta de promoción de comunidades literarias, organización comunitaria, racismo, clasismo y demás. Primero tenemos que conocer de dónde venimos, quiénes abrieron el camino para formar nuestra conciencia política. Segundo, podemos usar las redes digitales y humanas para que la historia de las luchas sociales se vuelva sentido común”.

Luchemos alcanza su primera década de existencia. En un ecosistema digital que premia la inmediatez y castiga la profundidad, la colectiva sostiene una apuesta contracorriente: contenido con posición política explícita, formación ideológica y organización territorial. La responsabilidad de Victoria no responde a métricas de seguidores, sino a la convicción original: que las mujeres no solo aparezcan en los espacios de poder, sino que los transformen desde la raíz.

“Donde hay memoria, hay futuro”. En esa consigna se resume la trayectoria de Luchemos: la historia de una generación de mujeres que entendió que recordar es también una forma de luchar.

Integrantes de Luchemos (@luchemoshn), organización política feminista fundada en 2015. Una década de disputa por el poder y la memoria.
Integrantes de Luchemos (@luchemoshn), organización política feminista fundada en 2015. Una década de disputa por el poder y la memoria.

Es una iniciativa que reúne a organizaciones comprometidas con la equidad de género en la política hondureña.