{"id":187,"date":"2020-09-02T19:31:27","date_gmt":"2020-09-02T19:31:27","guid":{"rendered":"https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/?p=187"},"modified":"2026-03-23T16:36:12","modified_gmt":"2026-03-23T16:36:12","slug":"y-despues-de-las-patadas-y-de-los-punetazos-que-sigue","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/y-despues-de-las-patadas-y-de-los-punetazos-que-sigue\/","title":{"rendered":"Y despu\u00e9s de las patadas y de los pu\u00f1etazos\u2026 \u00bfqu\u00e9 sigue?"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>Por Claudia Mendoza<br \/>\nPeriodista y analista del CESPAD<\/em><\/strong><strong><em>\u00a0<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Iris Car\u00edas tuvo que correr hasta un cerro, cerca de su casa, donde durmi\u00f3 entre matorrales para evitar que su marido la asesinara; Gabriela L\u00f3pez aguanta cada d\u00eda los insultos y amenazas de golpes de su propio hijo y Sof\u00eda Soto se qued\u00f3 sin empleo porque la familia donde trabajaba la maltrataba y la explotaba. Miles de historias de mujeres que han sobrevivido a la violencia se dibujan durante la pandemia, v\u00edctimas, adem\u00e1s, de un sistema que s\u00f3lo las toma en cuenta como estad\u00edsticas o n\u00fameros.<\/p>\n<p>Los nombres de estas mujeres fueron cambiados pero sus historias son reales. Son, apenas, tres crudos y fuertes testimonios de entre unas 58 mil 688 mujeres que, de acuerdo con los registros oficiales, han llamado al 911, entre los meses de enero y julio del 2020, denunciando violencia dom\u00e9stica, intrafamiliar y sexual. Es decir, mujeres que viven entre dos pandemias: la del coronavirus y la de la violencia, tal como lo describe la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud, al afirmar que la violencia contra la mujer es\u00a0<a href=\"https:\/\/www.who.int\/mediacentre\/news\/releases\/2013\/violence_against_women_20130620\/es\/\"><strong>\u201c<\/strong><strong>un problema de salud global de proporciones epid\u00e9micas<\/strong><strong>\u201d.<\/strong><\/a><\/p>\n<p><strong>\u201cQue qu\u00e9 se siente, rabia, c\u00f3lera y ganas de matarme\u201d<\/strong><\/p>\n<p>La \u00faltima vez que Juan lleg\u00f3 borracho y drogado fue un s\u00e1bado a las tres de la madrugada. Golpe\u00f3 la vetusta puerta de la casa de madera para que Iris se levantara a abrirla. Ella se neg\u00f3 a hacerlo y fue la madre de su pareja quien sali\u00f3 al paso. La inacci\u00f3n de la joven provoc\u00f3 el enojo desbordado de su marido quien, luego de reclamarle, le propin\u00f3 varios pu\u00f1etazos en su cara. \u201c<em>Pero ya en el suelo me agarr\u00f3 a patadas, me suspendi\u00f3 de la camisa. Cuando me peg\u00f3 otro macanazo me peg\u00f3 en la nuca, a pu\u00f1etazos. Como \u00e9l es fuerte, ese hombre, y con el segundo me qued\u00e9 tirada y ni supe a qu\u00e9 hora ca\u00ed<\/em>\u201d, recuerda.<\/p>\n<p>Pero all\u00ed no acab\u00f3 todo. La furia injustificada de Juan continu\u00f3 descarg\u00e1ndose en el cuerpo de Iris, quien, como pudo, tom\u00f3 una colcha y a su hijo mayor, y corri\u00f3 hasta un cerro que queda en los alrededores de la Colonia Los Pinos de Tegucigalpa, donde viv\u00eda. All\u00ed pas\u00f3 la noche, debajo del sereno, sentada entre matorrales, arropando a su v\u00e1stago con la colcha y con sus brazos. Este episodio ocurri\u00f3 en el mes de mayo del 2020, en medio de una pandemia que la confinaba a estar metida en su casa, al igual que los celos de su pareja.<\/p>\n<p><strong>Iris y su origen en un hogar lleno de violencia<\/strong><\/p>\n<p>Iris naci\u00f3 en un pueblo del occidente de Honduras. Se crio en un hogar conformado por sus padres, 2 hermanos y 3 hermanas. Pero en ese hogar, y con tan solo 16 a\u00f1os, fue testigo de la violencia que su propio progenitor ejerc\u00eda sobre su madre. Sin embargo, el mundo se le vino abajo cuando descubri\u00f3 que su pap\u00e1 abusaba sexualmente de su hermana, de apenas 12 a\u00f1os de edad.\u00a0 \u201c<em>Nosotros supimos que eso pasaba porque ella estaba embarazada y mis hermanos y mi mam\u00e1 la obligaron a decir de qui\u00e9n estaba as\u00ed<\/em>\u201d, narra.<\/p>\n<p>Todos se fueron de bruces cuando la ni\u00f1a confes\u00f3 que era su padre quien la obligaba a sostener relaciones sexuales mientras todos estaban fuera de casa. \u201c<em>Yo sent\u00ed que el mundo se me vino abajo. \u00c9l a m\u00ed no me dijo nada, nunca me hizo nada, pero ya miraba las cosas feas y como nadie le hizo nada, al mes me fui de la casa para donde un familiar<\/em>\u201d. Fue as\u00ed como Iris sorte\u00f3 este episodio de violencia, pero otros m\u00e1s estaban por venir.<\/p>\n<p><strong>Denunci\u00f3 al abusador de sus hermanas<\/strong><\/p>\n<p>Luego de huir de su casa, Iris anduvo rodando de pariente en pariente, en diversas zonas del pa\u00eds, hasta que conoci\u00f3 al padre de su primer hijo, quien jam\u00e1s se hizo cargo de ambos. Y tiempo despu\u00e9s conoci\u00f3 a Juan. Sin embargo, antes de convertirse en madre de sus dos ni\u00f1os, esta mujer, hoy de 23 a\u00f1os de edad, hizo algo que le cambar\u00eda la vida para siempre.<\/p>\n<p>\u201c<em>Despu\u00e9s de que llegu\u00e9 a Tegucigalpa llam\u00e9 a un primo m\u00edo y le dije que me ayudara para que mi hermana escapara de mi pap\u00e1<\/em>\u201d. Y as\u00ed fue, muchas situaciones vivi\u00f3 hasta que logr\u00f3 denunciar a su padre y ayudar a que su hermana menor, quien estaba a punto de dar a luz, escapara de aquel infierno. Pero es en esta parte de la entrevista que Iris comienza a sollozar hasta terminar en un incontenible llanto, porque con el rescate de su hermana se da cuenta que su hermanita menor, que para ese entonces ten\u00eda 10 a\u00f1os, tambi\u00e9n estaba siendo abusada por su padre.<\/p>\n<p>Una pausa con la entrevistada fue obligatoria. Iris no supera ese episodio; recordarlo y narrarlo hizo que aflorara en ella la rabia, la impotencia y la tristeza. Hoy, sus hermanas intentan rehacer sus vidas, su padre anda huyendo de la justicia y ella, junto a sus dos ni\u00f1os de 7 y 5 a\u00f1os de edad, se esconde de su agresor en alg\u00fan lugar del pa\u00eds, porque Juan le jur\u00f3 que donde la encuentre la mata.<\/p>\n<figure id=\"attachment_5346\" class=\"wp-caption alignleft\" aria-describedby=\"caption-attachment-5346\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-5346 td-animation-stack-type0-1\" src=\"http:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Mar%C3%ADaVirginia-300x285.jpg\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" srcset=\"https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Mar\u00edaVirginia-300x285.jpg 300w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Mar\u00edaVirginia-768x729.jpg 768w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Mar\u00edaVirginia-696x661.jpg 696w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Mar\u00edaVirginia-443x420.jpg 443w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Mar\u00edaVirginia.jpg 943w\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"285\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-5346\" class=\"wp-caption-text\">Mar\u00eda Virginia D\u00edaz, Coordinadora de proyectos del CEM-H.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Un primer aspecto que analiza Mar\u00eda Virginia D\u00edaz, Coordinadora de Proyectos del Centro de Estudios de la Mujer-Honduras (CEM-H), de casos como el de Iris, es que la violencia que viven las mujeres en momentos de pandemia es una extensi\u00f3n de la violencia que las mujeres han vivido siempre. La diferencia, dice la psic\u00f3loga, es que en sus hogares las mujeres sufren un mayor nivel de exposici\u00f3n a sus agresores, que en tiempos normales. \u201c<em>El agresor tiene m\u00e1s tiempo para estar en casa y se agudiza la violencia,<\/em><em>\u00a0adem\u00e1s de limitar su movilidad para pedir ayuda o huir<\/em>\u201d, agrega D\u00edaz.<\/p>\n<p><strong>\u00a1Una madre que teme que su hijo la golpee!<\/strong><\/p>\n<p>Al instante que comienza a hablar del tema, los ojos se le ponen vidriosos a Gabriela. \u00a1Y no es para menos! Tener que referirse a su hijo como un agresor \u201c<em>es lo m\u00e1s duro que le puede pasar a una madre<\/em>\u201d, dice, mientras agrega que jam\u00e1s imagin\u00f3 que durante el encierro por la pandemia del Covid-19, ser\u00eda testigo de la desintegraci\u00f3n de su familia.<\/p>\n<p>Gabriela es una mujer de 60 a\u00f1os. Vende comida en una caseta, en una colonia de Comayag\u00fcela. Durante la pandemia ha estado confinada en su casa junto a sus dos hijos, Manuel de 32 y Rosa de 22 a\u00f1os de edad. \u201c<em>Yo los crec\u00ed sola, sin ayuda de sus padres. Mis hijos desde ni\u00f1os discut\u00edan y peleaban como lo hacen los hermanos, pero cuando el var\u00f3n fue creciendo se meti\u00f3 en el mundo de la bebida<\/em>\u201d, dice muy acongojada.<\/p>\n<p>Manuel fue haci\u00e9ndose m\u00e1s y m\u00e1s violento. En alg\u00fan momento de su vida abandon\u00f3 sus estudios y, al igual que a miles de hondure\u00f1os durante la pandemia, fue suspendido en su trabajo. \u201c<em>Por eso se qued\u00f3 encerrado conmigo y mi hija<\/em>\u201d, dice la sexagenaria mujer.<\/p>\n<p><strong>\u201cNo joda do\u00f1a, mejor vaya acu\u00e9stese\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Gabriela dice que la paz se esfum\u00f3 en su hogar. Sus hijos siempre est\u00e1n discutiendo y grit\u00e1ndose. Dice que cualquier cosa que Rosa deja \u201cmal puesta\u201d, es el detonante para que Manuel la ataque verbalmente, la insulte con palabras soeces y la corra de la casa.<\/p>\n<p>Pero los pleitos empezaron a subir de tono y a ser m\u00e1s frecuentes porque Manuel, pese a las restricciones sociales, invitaba a sus amigos a beber a la casa de su madre. \u201c<em>Y como yo soy hipertensa y diab\u00e9tica mi hija le reclamaba por exponerme al contagio del Covid, que en mi caso podr\u00eda ser mortal<\/em>\u201d, agrega. Sin embargo, \u201cla gota que derram\u00f3 el vaso\u201d fue a finales de julio, cuando Manuel nuevamente invit\u00f3 a beber a un grupo de amigos y amigas. Su hermana le reclam\u00f3 y le dijo que se los llevara a otra parte pero en respuesta, su hermano le profiri\u00f3 insultos y la corri\u00f3 de la casa.<\/p>\n<p>\u201c<em>Yo, para evitar que llegar\u00e1 a m\u00e1s, le dije a mi hija que me acompa\u00f1ara a la caseta donde vendo comida<\/em>\u201d, relat\u00f3 Gabriela. Pero agotadas de esperar, a media noche, ambas regresaron a la casa. \u201c<em>Al llegar lo hallamos m\u00e1s ebrio y ten\u00eda la puerta y el port\u00f3n totalmente abiertos y le dije que era tarde y que cerrara. \u00c9l me grit\u00f3, no joda do\u00f1a, mejor vaya acu\u00e9stese<\/em>\u201d. Con aquella expresi\u00f3n comenz\u00f3 nuevamente un pleito entre hermanos. Manuel gritaba como si estuviese pose\u00eddo y se acercaba a su hermana amenazando con golpearla. \u201c<em>Yo estaba asustada, pero no pod\u00eda actuar. Me paralic\u00e9. Despu\u00e9s supe que mi hija solo esperaba que le pegara para llamar al 911 e interponer la denuncia para que se lo llevaran preso<\/em>\u201d, adiciona.<\/p>\n<p><strong>Una agresi\u00f3n pero\u2026 no pasa nada<\/strong><\/p>\n<p>Finalmente, Rosa se fue a vivir junto a una amiga. Gabriela cree que fue lo mejor porque \u201c<em>temo que si hubiera quedado, mi hijo la hubiera golpeado y ella es muy decidida y lo habr\u00eda metido preso<\/em>\u201d. En cambio, como madre, est\u00e1 segura que debe quedarse junto a su hijo. \u201c<em>Yo s\u00e9 que est\u00e1 enfermo por el alcohol y es mi obligaci\u00f3n ayudarlo. Hoy mi coraz\u00f3n est\u00e1 dividido con esta situaci\u00f3n que explot\u00f3 con este confinamiento tan largo<\/em>\u201d, concluy\u00f3.<\/p>\n<p>En la l\u00f3gica del poder, dice Cristina Alvarado, integrante del Equipo de Coordinaci\u00f3n Nacional del Movimiento de Mujeres por la Paz, Visitaci\u00f3n Padilla, \u201c<em>el hombre cree que es el jefe de la casa y que tiene que ser atendido, resolv\u00e9rsele hasta la comida aunque \u00e9l no est\u00e9 resolviendo. Se trata de la connotaci\u00f3n y abuso de poder porque quiero y porque puedo<\/em>\u201d.<\/p>\n<figure id=\"attachment_5347\" class=\"wp-caption aligncenter\" aria-describedby=\"caption-attachment-5347\"><img decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-5347 td-animation-stack-type0-1\" src=\"http:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Cristi-300x174.jpg\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" srcset=\"https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Cristi-300x174.jpg 300w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Cristi-768x446.jpg 768w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Cristi-1024x594.jpg 1024w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Cristi-696x404.jpg 696w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Cristi-1068x620.jpg 1068w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Cristi-724x420.jpg 724w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Cristi.jpg 1258w\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"174\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-5347\" class=\"wp-caption-text\">Cristina Alvarado, integrante del Equipo de Coordinaci\u00f3n Nacional del Movimiento de Mujeres por La Paz, Visitaci\u00f3n Padilla.<\/figcaption><\/figure>\n<p>En el caso de Gabriela, la pregunta obligada que surge es \u00bfpor qu\u00e9 esta madre permite el abuso de su propio v\u00e1stago? Son varios factores, analiza Alvarado, \u201c<em>en principio el mandato patriarcal para las mujeres y particularmente de las madres, sobre la abnegaci\u00f3n y el sacrificio que lleva impl\u00edcito el ejercicio de la maternidad<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Mientras, a nivel psicol\u00f3gico, agrega, tiene que ver con la frustraci\u00f3n y auto-culpa de que ella fall\u00f3 como madre al no lograr que su hijo dejara de ingerir alcohol. \u201c<em>Es m\u00e1s el modelo de madre abnegada y sacrificada que antepone las necesidades de los hijos que las propias y como tal vive en funci\u00f3n de servirlo porque es el hombre de la casa; ella otorg\u00f3 y deleg\u00f3 esa autoridad en \u00e9l<\/em>\u201d, concluye.<\/p>\n<p>Tal como muestra el siguiente cuadro Gabriea L\u00f3pez es una de las 24, 565 personas v\u00edctimas de la violencia intrafamiliar, registradas entre los meses de enero y julio del 2020.<\/p>\n<table width=\"718\">\n<tbody>\n<tr>\n<td width=\"154\"><strong><em>Tipolog\u00eda<\/em><\/strong><\/td>\n<td width=\"64\"><strong>ENERO<\/strong><\/td>\n<td width=\"70\"><strong>FEBRERO<\/strong><\/td>\n<td width=\"62\"><strong>MARZO<\/strong><\/td>\n<td width=\"66\"><strong>ABRIL<\/strong><\/td>\n<td width=\"57\"><strong>MAYO<\/strong><\/td>\n<td width=\"66\"><strong>JUNIO<\/strong><\/td>\n<td width=\"58\"><strong>JULIO<\/strong><\/td>\n<td width=\"65\"><strong>TOTAL<\/strong><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"154\"><em>Violencia Dom\u00e9stica<\/em><\/td>\n<td width=\"64\">4,600<\/td>\n<td width=\"70\">4,499<\/td>\n<td width=\"62\">4,658<\/td>\n<td width=\"66\">5,138<\/td>\n<td width=\"57\">5,173<\/td>\n<td width=\"66\">4,374<\/td>\n<td width=\"58\">4,584<\/td>\n<td width=\"65\">33,026<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"154\"><em>Violencia Intrafamiliar<\/em><\/td>\n<td width=\"64\">3,227<\/td>\n<td width=\"70\">3,158<\/td>\n<td width=\"62\">3,282<\/td>\n<td width=\"66\">3,996<\/td>\n<td width=\"57\">3,977<\/td>\n<td width=\"66\">3,317<\/td>\n<td width=\"58\">3,608<\/td>\n<td width=\"65\">24,565<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"154\"><em>Violaci\u00f3n<\/em><\/td>\n<td width=\"64\">55<\/td>\n<td width=\"70\">54<\/td>\n<td width=\"62\">47<\/td>\n<td width=\"66\">39<\/td>\n<td width=\"57\">49<\/td>\n<td width=\"66\">49<\/td>\n<td width=\"58\">34<\/td>\n<td width=\"65\">327<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"154\"><em>Tentativa de Violencia<\/em><\/td>\n<td width=\"64\">50<\/td>\n<td width=\"70\">49<\/td>\n<td width=\"62\">34<\/td>\n<td width=\"66\">47<\/td>\n<td width=\"57\">46<\/td>\n<td width=\"66\">53<\/td>\n<td width=\"58\">52<\/td>\n<td width=\"65\">331<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"154\"><em>Acoso sexual<\/em><\/td>\n<td width=\"64\">67<\/td>\n<td width=\"70\">56<\/td>\n<td width=\"62\">67<\/td>\n<td width=\"66\">43<\/td>\n<td width=\"57\">70<\/td>\n<td width=\"66\">73<\/td>\n<td width=\"58\">63<\/td>\n<td width=\"65\">439<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"154\"><strong><em>TOTAL<\/em><\/strong><\/td>\n<td width=\"64\"><strong>7,999<\/strong><\/td>\n<td width=\"70\"><strong>7,816<\/strong><\/td>\n<td width=\"62\"><strong>8,088<\/strong><\/td>\n<td width=\"66\"><strong>9,263<\/strong><\/td>\n<td width=\"57\"><strong>9,315<\/strong><\/td>\n<td width=\"66\"><strong>7,866<\/strong><\/td>\n<td width=\"58\"><strong>8,341<\/strong><\/td>\n<td width=\"65\"><strong>58,688<\/strong><\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p><em>Fuente: Datos del registro sobre diversos tipos de violencia, del Movimiento de Mujeres por la Paz, Visitaci\u00f3n Padilla.<\/em><\/p>\n<p><strong>Una vida de abusos y el arrebato de sus dos hijas<\/strong><\/p>\n<p>En una aldea del departamento de Cop\u00e1n se fue tejiendo la historia de Sof\u00eda Soto, una ind\u00edgena Maya-Chorty que actualmente sobrelleva la pandemia en una Casa Refugio del pa\u00eds. Sof\u00eda tiene 24 a\u00f1os y dos ni\u00f1as a las que dio a luz en su adolescencia. El testimonio de Sof\u00eda es contagioso. Es imposible evitar sentir mucha tristeza y que un nudo de saliva recorra la garganta al escucharla decir, entre sollozos, que cuando apenas ten\u00eda 7 a\u00f1os de edad, su padre, su hermano y un primo abusaban sexualmente de ella. \u201c<em>S\u00f3lo ten\u00eda miedo, me daba miedo, todo<\/em>\u201d, contesta al pregunt\u00e1rsele sobre ese episodio\u201d.<\/p>\n<p>En la familia todos, incluso su madre, sab\u00edan lo que pasaba con la peque\u00f1a, pues su padre era un abusador sexual consumado. Ya hab\u00eda estado en prisi\u00f3n por la violaci\u00f3n de una vecina y el de una hermana mayor de Sof\u00eda, a quien no conoci\u00f3 pues muri\u00f3 cuando ella reci\u00e9n hab\u00eda nacido. La ni\u00f1a fue rescatada de esa situaci\u00f3n cuando ten\u00eda 11 a\u00f1os de edad. Fue llevada a un centro de hogar para ni\u00f1os en donde tambi\u00e9n vivi\u00f3 momentos duros. La suerte parec\u00eda no sonre\u00edrle y con esa racha de malas situaciones, dos sujetos, en dos momentos distintos la embarazaron. Hoy es madre de dos ni\u00f1as de 2 a\u00f1os y una de nueve meses de edad.<\/p>\n<p><strong>\u00a1Un confinamiento lleno de abusos!<\/strong><\/p>\n<p>Fue apenas en el mes de junio que Sof\u00eda dej\u00f3 su trabajo como empleada dom\u00e9stica en una colonia de Tegucigalpa. La familia la acept\u00f3 junto a sus dos ni\u00f1as. Sin embargo, cuidar de ellas y de los tres hijos de la pareja hizo de aquello un infierno. \u201c<em>La mam\u00e1 de mi patrona pon\u00eda quejas de mis hijas; ella era bien grosera y me dec\u00eda que les pegara fuerte a mis ni\u00f1as cuando hac\u00edan alguna travesura. Se portaba muy mal, me gritaba, me dec\u00eda que yo era una dunda, que no era nada<\/em>\u201d, recuerda.<\/p>\n<p>Sof\u00eda afirma que trabajaba desde las 5 de la ma\u00f1ana hasta las 11 de noche. A cambio, \u201c<em>ella (la patrona) me compraba la leche de la ni\u00f1a m\u00e1s chiquita y los pa\u00f1ales, y dec\u00eda que all\u00ed se iba todo mi sueldo. No me daba nada m\u00e1s<\/em>\u201d. Con las narraciones de Sof\u00eda se podr\u00edan escribir cuentos de abusos y explotaci\u00f3n de las trabajadoras dom\u00e9sticas. Pero, sin un lugar adonde ir y en medio de la pandemia, no le quedaba m\u00e1s que soportar el maltrato.<\/p>\n<p>A mediados de junio y luego de 3 intentos fallidos por abandonar la casa donde trabajaba, la joven ya no soport\u00f3 m\u00e1s vej\u00e1menes. Mientras su patrona hablaba por tel\u00e9fono en la segunda planta de su casa, decidi\u00f3 dejarlo todo. Con tono lloroso en su voz, Sof\u00eda dice, \u201c<em>esa vez yo no le dije que me iba a salir. Yo solo agarr\u00e9 la lata de leche de la m\u00e1s chiquita y agarr\u00e9 las dos ni\u00f1as y solo agarr\u00e9 la mochila. Met\u00ed la lata de leche y una cobijita y eso fue lo que agarr\u00e9<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Los vecinos de sus patrones ayudaron a la joven, pues conoc\u00edan del historial de abusos a las trabajadoras dom\u00e9sticas. \u201c<em>Cuando me vieron con la mochila y las ni\u00f1as salir, me dijeron que me iban a ayudar para irme a la posta. Me dijeron que iban\u00a0 a llamar una patrulla para que ella me pagara porque me sal\u00ed sin ning\u00fan cinco<\/em>\u201d. \u00a0Finalmente, uno de los vecinos la llev\u00f3 a la posta policial m\u00e1s cercana para, por fin, salir de aquel averno.<\/p>\n<figure id=\"attachment_5348\" class=\"wp-caption alignright\" aria-describedby=\"caption-attachment-5348\"><img decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-5348 td-animation-stack-type0-1\" src=\"http:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Ana-243x300.jpg\" sizes=\"(max-width: 243px) 100vw, 243px\" srcset=\"https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Ana-243x300.jpg 243w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Ana-768x946.jpg 768w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Ana-324x400.jpg 324w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Ana-696x858.jpg 696w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Ana-341x420.jpg 341w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Ana.jpg 779w\" alt=\"\" width=\"243\" height=\"300\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-5348\" class=\"wp-caption-text\">Ana Cruz, Directora de la organizaci\u00f3n Calidad de Vida.<\/figcaption><\/figure>\n<p>\u201c<em>La violencia contra las mujeres no son solo golpes, tambi\u00e9n pueden ser palabras, gestos y acciones que da\u00f1an su dignidad<\/em>\u201d, dice al referirse al caso de Sof\u00eda, Ana Cruz, Directora de Asociaci\u00f3n Calidad de Vida. Este tipo de situaciones no son casualidad. En Honduras cerca del 70% de la poblaci\u00f3n vive en pobreza y aproximadamente un 40% de los hogares son \u201cjefeados\u201d por mujeres, las que se ven enfrentadas a una crisis econ\u00f3mica y a la b\u00fasqueda de opciones para la sobrevivencia para no morir de hambre. Por eso, dice Alvarado, \u201c<em>a muchas esa situaci\u00f3n las ha llevado a tomar decisiones que da\u00f1an su integridad f\u00edsica y psicol\u00f3gica<\/em>\u201d.<\/p>\n<p><strong>Y \u00bfqu\u00e9 le espera a las Iris, a las Gabrielas y a las Sof\u00edas?<\/strong><\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de haberse convertido en estad\u00edsticas o n\u00fameros que alarman a la poblaci\u00f3n pero, en particular a las organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres, \u00bfqu\u00e9 opciones tienen miles de mujeres que siguen en confinamiento, conviviendo con violencia dom\u00e9stica, intrafamiliar, acoso o abuso sexual?<\/p>\n<p>Denunciar al agresor podr\u00eda ser la simplista respuesta. Sin embargo, el Estado y gobierno de Honduras mand\u00f3 a confinamiento a la poblaci\u00f3n sin tomar en cuenta este problema social y mucho menos el dise\u00f1o e implementaci\u00f3n de una estrategia de apoyo para las mujeres. \u201c<em>Hermetismo total y cierre absoluto porque la vida de las mujeres no ha sido prioridad de los gobiernos<\/em>\u201d, agrega Alvarado.<\/p>\n<p>El 8 de marzo, la Secretar\u00eda de Seguridad public\u00f3 el oficio\u00a0<a href=\"https:\/\/www.dropbox.com\/s\/sg5urwj9r94vp1x\/NOTIFICACION%20No.%200053-2020.pdf?dl=0\">DGPN-<strong>DNPSC-DEG No. 0053- 2020<\/strong>,<\/a>\u00a0en el que ordena a los agentes a que presten atenci\u00f3n a las denuncias por violencia dom\u00e9stica, \u00ab<em>porque la no atenci\u00f3n a la misma podr\u00eda considerarse negligencia que podr\u00eda terminar con la p\u00e9rdida de una vida humana<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Sin embargo, a nivel nacional, la Polic\u00eda cuenta, apenas, con dos oficinas de Atenci\u00f3n a V\u00edctimas de Violencia dom\u00e9stica, ubicadas en Choluteca y en Ocotepeque; una m\u00e1s se abrir\u00e1 en Valle. \u201cY est\u00e1n haciendo gestiones para la apertura de otras oficinas de Atenci\u00f3n a V\u00edctimas de Violencia Dom\u00e9stica e intrafamiliar en otras Unidades Departamentales de la Polic\u00eda Nacional\u201d, dice la comisionada Zulma Reyes, Jefa de la Unidad de G\u00e9nero de la Polic\u00eda Nacional. Eso deja a las mujeres a merced del escaso equipo humano y log\u00edstico (patrullas policiales) con que cuenta la Polic\u00eda Nacional.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con las llamadas al 911, las mujeres son atendidas por un personal que transfiere las denuncias a las unidades policiales que corresponden al sector en cuesti\u00f3n. \u201cEstos, por su cuenta, env\u00edan a la unidad que patrulla la zona m\u00e1s cercana donde ocurre el hecho. Los Polic\u00edas deben reportar que acudieron al llamado de auxilio, si hay capturas etc.\u201d, agrega Reyes.<\/p>\n<p><strong>911: \u201cpor favor ay\u00fadenme; ahorita est\u00e1 dormido, me puedo escapar\u201d<\/strong><\/p>\n<p>El t\u00edtulo de este ac\u00e1pite es la s\u00faplica que hizo una mujer que se cans\u00f3 de llamar al 911 pero que finalmente logr\u00f3 contactar al personal de la organizaci\u00f3n Calidad de Vida. \u201c<em>Tuvo que llamar no s\u00e9 cu\u00e1ntas veces al 911. Hab\u00eda que rescatarla porque se hab\u00eda quedado a inicios de la pandemia con su pareja, quien le hab\u00eda dado una tremenda golpeada<\/em>\u201d, narra Cruz.<\/p>\n<p>La joven logr\u00f3 escapar de su abusador, sin embargo, muchas otras no han corrido con la misma suerte. Y es que llamar a la l\u00ednea telef\u00f3nica 911 para alertar a la polic\u00eda, es la primera opci\u00f3n que se ofrece desde el gobierno a las mujeres. Pero, entre la llamada y las acciones, hay un abismo. \u201c<em>A m\u00ed me fueron a dejar a la posta policial de la Kennedy (colonia en Tegucigalpa), pero los polic\u00edas no sab\u00edan adonde llevarme. Me dijeron que me pod\u00edan llevar a La Esperanza (Intibuc\u00e1) a jalones y les dije que no ten\u00eda a nadie all\u00e1. Entonces me llevaron a la DINAF\u00a0<\/em><em>(Direcci\u00f3n de Ni\u00f1ez, Adolescencia y Familia), pero all\u00ed llamaron para aqu\u00ed y vino una abogada a llevarme junto a mis hijas<\/em>\u201d, relata Sof\u00eda, quien ahora permanece en una Casa Refugio.<\/p>\n<p>Hay muchas cr\u00edticas y cuestionamientos al proceso de denuncias a trav\u00e9s del 911: la no atenci\u00f3n pronta y oportuna; patrullas policiales insuficientes para atender a las mujeres; predisposici\u00f3n y prejuicios de las y los polic\u00edas ante la violencia que viven las mujeres. \u201c<em>Dos horas tardaron en acudir al llamado que hicimos por una madre, ya que su hija estaba siendo agredida sexualmente<\/em>\u201d, rememora de un caso, Alvarado. Agrega que el proceso nunca concluy\u00f3 porque \u201c<em>en de camino a la estaci\u00f3n policial los polic\u00edas emitieron comentarios y cuestionamientos tales como \u201c\u00bfy lo van de dejar preso? Su\u00e9ltenlo, seguro no lo vuelve a hacer<\/em>\u201d. Este caso termin\u00f3 con el regreso, a pie, de la madre e hija, asustadas y temerosas ante la actitud de los polic\u00edas.<\/p>\n<p>La Jefa de la Unidad de G\u00e9nero de la Polic\u00eda Nacional, dice que en algunos casos es la v\u00edctima la que no da correcta la direcci\u00f3n o su n\u00famero de tel\u00e9fono. \u201cCuando el operador o receptor de llamadas del 911, ya sea el agente, no toma los datos correctos, ah\u00ed se dificulta para llegar a atender la denuncia\u201d.<\/p>\n<p>El Centro Integrado \u00addel Comando Regional 7, en Tegucigalpa, m\u00e1s conocido como CORE-7, es otra de las opciones que tienen las mujeres para interponer la denuncia. Sin embargo, \u201c<em>es un centro con pocas capacidades instaladas, se desborda f\u00e1cilmente por el escaso personal y quienes atienden es gente indolente que re-victimiza a las mujeres<\/em>\u201d, agrega la directora de Calidad de Vida. Por otro lado, las restricciones de circulaci\u00f3n del transporte p\u00fablico, m\u00e1s el hecho de que las mujeres no tienen una fuente de ingresos para costearse la movilizaci\u00f3n privada, agudiza la situaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Las escasas respuestas del Estado y Gobierno de Honduras<\/strong><\/p>\n<p>Las representantes de las organizaciones de mujeres coinciden que cuando las mujeres que se atreven a denunciar fracasan en el intento, por las situaciones enunciadas atr\u00e1s, al igual que por otros factores de una larga lista, se ven obligadas a regresar a su hogar pero se encuentran con un agresor enfurecido y blindado con la impunidad que le da el endeble sistema.<\/p>\n<p>Alvarado, Cruz y D\u00edaz concuerdan en que no se ha tomado en cuenta, en el manejo de la crisis provocada por la pandemia, la violencia contra las mujeres, agravada por el confinamiento. En la actualidad, el Estado de Honduras apenas cuenta con cuatro centros de refugio que operan bajo la modalidad de \u201cmunicipales\u201d, en las ciudades de San Pedro Sula, Puerto Cort\u00e9s, Olancho y La Ceiba. \u201c<em>Pero no cuentan con personal de turno atendiendo las 24 horas. En las noches se van<\/em>\u201d, dice Cruz.<\/p>\n<p>Es desde un trabajo tesonero de las organizaciones feministas y de defensa de los derechos de las mujeres, que se han logrado habilitar tres Casas Refugios que operan con apoyo de organizaciones internacionales. El aporte que el Estado y gobierno brindan es muy poco o nulo, para atender la demanda de mujeres que huyen, junto a sus hijos, de la violencia, pese a que\u00a0<a href=\"http:\/\/www.oas.org\/es\/cidh\/prensa\/comunicados\/2020\/074.asp\">\u201c<strong>crear mecanismos alternativos de denuncias y la \u00a0ampliaci\u00f3n de la oferta de refugios para v\u00edctimas de violencia dom\u00e9stica<\/strong>\u201d<\/a>, es una de las peticiones que hizo a los Estados, la Comisi\u00f3n Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en respuesta a la violencia de g\u00e9nero en el contexto de confinamiento y aislamiento social. La CIDH tambi\u00e9n pidi\u00f3 que se fortalecieran las capacidades de agentes de seguridad y actores de justicia para ofrecer respuestas oportunas en el contexto de la pandemia.<\/p>\n<p><strong>\u00bfQu\u00e9 debe hacerse?<\/strong><\/p>\n<p>A nivel de Pol\u00edticas P\u00fablicas, en Honduras no existe ninguna instituci\u00f3n o centro de recuperaci\u00f3n para v\u00edctimas de las violencias contra las mujeres. Una de las propuestas es que\u00a0<a href=\"https:\/\/www.elheraldo.hn\/pais\/1057287-466\/inauguran-primer-centro-de-ciudad-mujer-en-honduras\"><strong>Ciudad Mujer, el Centro de Atenci\u00f3n Integral creado en el a\u00f1o 2017, mediante decreto ejecutivo 031-2016<\/strong><\/a>, para atender a m\u00e1s de 100 mil mujeres en situaci\u00f3n de vulnerabilidad y Riesgo Social, se habilite como albergue. \u201cQue se active un sistema de acompa\u00f1amiento de mujeres que sufrieran violencia en pandemia y puedan ser atendidas all\u00ed\u201d, apunta Alvarado.<\/p>\n<p>Cruz, por su parte, cuestiona que ya pasan m\u00e1s de cinco meses de confinamiento y desde el Gobierno no se implemente una campa\u00f1a fuerte sobre qu\u00e9 deben hacer las mujeres para enfrentar una situaci\u00f3n de violencia. \u201c<em>Se ha incrementado el s\u00edndrome de la mujer agredida. Ella se queda callada, no responde por el miedo que siente al estar encerrada con su agresor; tienen m\u00e1s miedo a contestar a situaciones<\/em>\u201d, agrega.<\/p>\n<p>Otra opci\u00f3n que tienen las mujeres en los barrios, colonias y comunidades del interior del pa\u00eds, es acudir a las lideresas que defienden los derechos de las mujeres y que durante a\u00f1os han sido capacitadas por organizaciones feministas como CEM-H, el Centro de Derechos de la Mujer (CDM), Visitaci\u00f3n Padilla, Calidad de Vida, entre otras. \u201c<em>Para que les ense\u00f1en cu\u00e1les son los lugares a los que deben acudir en busca de ayuda, d\u00f3nde deben realizar las denuncias, las acompa\u00f1an en los juicios en los juzgados y les ayudan a levantar la cabeza y seguir adelante<\/em>\u201d, sugiere D\u00edaz.<\/p>\n<p>Asimismo, y a manera de coadyuvar a erradicar este flagelo social, las mujeres organizadas hacen un llamado a las familias, para que desde el seno de los hogares se construyan y fortalezcan\u00a0<strong>las redes de apoyo familiar<\/strong>, como la esperanza para las mujeres v\u00edctimas de violencia en confinamiento. Es decir, apelar a las amigas, a un primo o prima, a las y los hermano\/as o, en general, a un familiar sensible al problema para que se le brinde apoyo mientras finaliza el confinamiento y se pueda acudir a otros mecanismos de ayuda.<\/p>\n<p>Y as\u00ed se moldea el contexto para miles de mujeres que continuar\u00e1n incrementando las estad\u00edsticas y n\u00fameros de los registros oficiales con las denuncias por violencia en Honduras. Y mientras se adoptan pol\u00edticas p\u00fablicas acordes a la realidad, Iris permanecer\u00e1 escondida, huyendo de la probabilidad de que Juan la asesine; Gabriela soportando el maltrato verbal y psicol\u00f3gico de su hijo y Sof\u00eda, con la esperanza de encontrar un empleo que le d\u00e9 estabilidad para rehacer su vida junto a sus dos ni\u00f1as.<\/p>\n<p><em>Este informe ha sido formulado en el marco del proyecto: \u201cPol\u00edticas P\u00fablicas Incluyentes\u201d. Las ideas y opiniones expuestas en este documento son responsabilidad exclusiva del CESPAD y no expresan la posici\u00f3n de TROCAIRE.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Reportaje-en-profundidad1Final_compressed.pdf\">Descargue: Reportaje en profundidad Final<\/a><\/p>\n<div class=\"td-a-rec td-a-rec-id-content_bottom \"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Claudia Mendoza Periodista y analista del CESPAD\u00a0 Iris Car\u00edas tuvo que correr hasta un cerro, cerca de su casa, donde durmi\u00f3 entre matorrales para evitar que su marido la asesinara; Gabriela L\u00f3pez aguanta cada d\u00eda los insultos y amenazas de golpes de su propio hijo y Sof\u00eda Soto se qued\u00f3 sin empleo porque la familia donde trabajaba la maltrataba y la explotaba. Miles de historias de mujeres que han sobrevivido a la violencia se dibujan durante la pandemia, v\u00edctimas, adem\u00e1s, de un sistema que s\u00f3lo las toma en cuenta como estad\u00edsticas o n\u00fameros. Los nombres de estas mujeres fueron cambiados pero sus historias son reales. Son, apenas, tres crudos y fuertes testimonios de entre unas 58 mil 688 mujeres que, de acuerdo con los registros oficiales, han llamado al 911, entre los meses de enero y julio del 2020, denunciando violencia dom\u00e9stica, intrafamiliar y sexual. Es decir, mujeres que viven entre dos pandemias: la del coronavirus y la de la violencia, tal como lo describe la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud, al afirmar que la violencia contra la mujer es\u00a0\u201cun problema de salud global de proporciones epid\u00e9micas\u201d. \u201cQue qu\u00e9 se siente, rabia, c\u00f3lera y ganas de matarme\u201d La \u00faltima vez que Juan lleg\u00f3 borracho y drogado fue un s\u00e1bado a las tres de la madrugada. Golpe\u00f3 la vetusta puerta de la casa de madera para que Iris se levantara a abrirla. Ella se neg\u00f3 a hacerlo y fue la madre de su pareja quien sali\u00f3 al paso. La inacci\u00f3n de la joven provoc\u00f3 el enojo desbordado de su marido quien, luego de reclamarle, le propin\u00f3 varios pu\u00f1etazos en su cara. \u201cPero ya en el suelo me agarr\u00f3 a patadas, me suspendi\u00f3 de la camisa. Cuando me peg\u00f3 otro macanazo me peg\u00f3 en la nuca, a pu\u00f1etazos. Como \u00e9l es fuerte, ese hombre, y con el segundo me qued\u00e9 tirada y ni supe a qu\u00e9 hora ca\u00ed\u201d, recuerda. Pero all\u00ed no acab\u00f3 todo. La furia injustificada de Juan continu\u00f3 descarg\u00e1ndose en el cuerpo de Iris, quien, como pudo, tom\u00f3 una colcha y a su hijo mayor, y corri\u00f3 hasta un cerro que queda en los alrededores de la Colonia Los Pinos de Tegucigalpa, donde viv\u00eda. All\u00ed pas\u00f3 la noche, debajo del sereno, sentada entre matorrales, arropando a su v\u00e1stago con la colcha y con sus brazos. Este episodio ocurri\u00f3 en el mes de mayo del 2020, en medio de una pandemia que la confinaba a estar metida en su casa, al igual que los celos de su pareja. Iris y su origen en un hogar lleno de violencia Iris naci\u00f3 en un pueblo del occidente de Honduras. Se crio en un hogar conformado por sus padres, 2 hermanos y 3 hermanas. Pero en ese hogar, y con tan solo 16 a\u00f1os, fue testigo de la violencia que su propio progenitor ejerc\u00eda sobre su madre. Sin embargo, el mundo se le vino abajo cuando descubri\u00f3 que su pap\u00e1 abusaba sexualmente de su hermana, de apenas 12 a\u00f1os de edad.\u00a0 \u201cNosotros supimos que eso pasaba porque ella estaba embarazada y mis hermanos y mi mam\u00e1 la obligaron a decir de qui\u00e9n estaba as\u00ed\u201d, narra. Todos se fueron de bruces cuando la ni\u00f1a confes\u00f3 que era su padre quien la obligaba a sostener relaciones sexuales mientras todos estaban fuera de casa. \u201cYo sent\u00ed que el mundo se me vino abajo. \u00c9l a m\u00ed no me dijo nada, nunca me hizo nada, pero ya miraba las cosas feas y como nadie le hizo nada, al mes me fui de la casa para donde un familiar\u201d. Fue as\u00ed como Iris sorte\u00f3 este episodio de violencia, pero otros m\u00e1s estaban por venir. Denunci\u00f3 al abusador de sus hermanas Luego de huir de su casa, Iris anduvo rodando de pariente en pariente, en diversas zonas del pa\u00eds, hasta que conoci\u00f3 al padre de su primer hijo, quien jam\u00e1s se hizo cargo de ambos. Y tiempo despu\u00e9s conoci\u00f3 a Juan. Sin embargo, antes de convertirse en madre de sus dos ni\u00f1os, esta mujer, hoy de 23 a\u00f1os de edad, hizo algo que le cambar\u00eda la vida para siempre. \u201cDespu\u00e9s de que llegu\u00e9 a Tegucigalpa llam\u00e9 a un primo m\u00edo y le dije que me ayudara para que mi hermana escapara de mi pap\u00e1\u201d. Y as\u00ed fue, muchas situaciones vivi\u00f3 hasta que logr\u00f3 denunciar a su padre y ayudar a que su hermana menor, quien estaba a punto de dar a luz, escapara de aquel infierno. Pero es en esta parte de la entrevista que Iris comienza a sollozar hasta terminar en un incontenible llanto, porque con el rescate de su hermana se da cuenta que su hermanita menor, que para ese entonces ten\u00eda 10 a\u00f1os, tambi\u00e9n estaba siendo abusada por su padre. Una pausa con la entrevistada fue obligatoria. Iris no supera ese episodio; recordarlo y narrarlo hizo que aflorara en ella la rabia, la impotencia y la tristeza. Hoy, sus hermanas intentan rehacer sus vidas, su padre anda huyendo de la justicia y ella, junto a sus dos ni\u00f1os de 7 y 5 a\u00f1os de edad, se esconde de su agresor en alg\u00fan lugar del pa\u00eds, porque Juan le jur\u00f3 que donde la encuentre la mata. Mar\u00eda Virginia D\u00edaz, Coordinadora de proyectos del CEM-H. Un primer aspecto que analiza Mar\u00eda Virginia D\u00edaz, Coordinadora de Proyectos del Centro de Estudios de la Mujer-Honduras (CEM-H), de casos como el de Iris, es que la violencia que viven las mujeres en momentos de pandemia es una extensi\u00f3n de la violencia que las mujeres han vivido siempre. La diferencia, dice la psic\u00f3loga, es que en sus hogares las mujeres sufren un mayor nivel de exposici\u00f3n a sus agresores, que en tiempos normales. \u201cEl agresor tiene m\u00e1s tiempo para estar en casa y se agudiza la violencia,\u00a0adem\u00e1s de limitar su movilidad para pedir ayuda o huir\u201d, agrega D\u00edaz. \u00a1Una madre que teme que su hijo la golpee! Al instante que comienza a hablar del tema, los ojos se le ponen vidriosos a Gabriela. \u00a1Y no es para menos! 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