{"id":419,"date":"2022-11-29T17:34:13","date_gmt":"2022-11-29T17:34:13","guid":{"rendered":"https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/?p=419"},"modified":"2026-03-23T17:35:49","modified_gmt":"2026-03-23T17:35:49","slug":"leocadia-guity-una-mujer-garifuna-que-se-fortalece-con-el-mar-y-aspira-a-vivir-sin-violencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/leocadia-guity-una-mujer-garifuna-que-se-fortalece-con-el-mar-y-aspira-a-vivir-sin-violencia\/","title":{"rendered":"Leocadia Guity: una mujer gar\u00edfuna que se fortalece con el mar y aspira a vivir sin violencia"},"content":{"rendered":"<p><strong>Escrito por: Nancy Garc\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Con m\u00fasica de fondo, entre las mujeres del Encuentro de Defensoras de los Bienes Comunes, encontramos a Leocadia Guity, quien en su amena pl\u00e1tica comienza hablar del proceso de elaboraci\u00f3n del cacao. Se muestra con su semblante severo, pero \u201ccapa por capa\u201d vamos descubriendo que \u201cCayita\u201d, como se le llama, es una mujer que ha dedicado su vida a fomentar el respeto de los derechos de las mujeres y de los pobladores de las comunidades Gar\u00edfunas.<\/p>\n<p>Se levanta de la silla que ocupa y con una sonrisa se irradia todo, nos muestra las m\u00e1quinas en las que se realiza el proceso de producci\u00f3n de una bebida a la que han nombrado\u00a0<em>choco-gifiti.<\/em>\u00a0\u201cPrimero se seca el cacao; cuando el gifiti ya est\u00e1 embazado en tambos se combina con el chocolate. Le agregamos az\u00facar, canela y se mezcla. Le echamos el gifiti y despu\u00e9s otras cosas que son ocultas\u201d, dice, mientras finaliza con una carcajada, para no develar el secreto que guardan las mujeres gar\u00edfunas en su receta para crear una bebida que cautiva a quienes visitan su playa.<\/p>\n<p>Cayita pertenece a la organizaci\u00f3n Wagucha, una palabra gar\u00edfuna que en espa\u00f1ol quiere decir\u00a0<em>Nuestra Ra\u00edz.<\/em><\/p>\n<p><strong>Las ra\u00edces de Leocadia<\/strong><\/p>\n<p>Leocadia Guity es una mujer que ciment\u00f3 su destino en las fincas bananeras de la Lima, Cort\u00e9s. \u201cAll\u00e1 crec\u00ed, hice mi escuela y todo\u201d, dice, mientras agrega que es la hija de \u201cen medio\u201d de siete hijos e hijas que tuvo su madre.<\/p>\n<p><strong>R<\/strong>ecuerda su infancia en compa\u00f1\u00eda de su madre, una mujer ama de casa y un padre instalado en los Estados Unidos; trabaj\u00f3 en una empacadora durante su estad\u00eda en la Lima, Cort\u00e9s y luego pas\u00f3 a trabajar en un hotel en las Islas de la Bah\u00eda.<\/p>\n<p>Dio sus primeros pasos en organizaciones, hace doce a\u00f1os. Dice que no se arrepiente de esa decisi\u00f3n que transform\u00f3 su vida. \u201cYo empec\u00e9 a hacer la lucha cuando me traslado a Trujillo. Desde ese tiempo comenz\u00f3 mi lucha para hacerle ver a las mujeres que tenemos un valor y poder de hacer las cosas\u201d, dice.<\/p>\n<figure id=\"attachment_1902\" class=\"wp-caption alignnone\" aria-describedby=\"caption-attachment-1902\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-1902\" src=\"https:\/\/cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/IMG_0391-300x200.jpg\" sizes=\"(max-width: 998px) 100vw, 998px\" srcset=\"https:\/\/cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/IMG_0391-300x200.jpg 300w, https:\/\/cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/IMG_0391-scaled-600x400.jpg 600w, https:\/\/cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/IMG_0391-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/IMG_0391-768x512.jpg 768w, https:\/\/cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/IMG_0391-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/IMG_0391-2048x1365.jpg 2048w\" alt=\"\" width=\"998\" height=\"665\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-1902\" class=\"wp-caption-text\">Leocadia Guity. Foto: CESPAD.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Para ella no ha sido tan dif\u00edcil adentrarse a luchas colectivas, pese a la discriminaci\u00f3n que siguen recibiendo los pueblos gar\u00edfunas, pero reconoce que en la \u00e9poca de su madre la garant\u00eda de sus derechos era todav\u00eda un sue\u00f1o.<\/p>\n<p><strong>El rol de Leocadia<\/strong><\/p>\n<p>En la organizaci\u00f3n de Wagucha hay hombres y mujeres. Ella hace de todo un poco: desde sembrar cacao, pimienta gorda, canela, vender choco-gifiti, asistir a capacitaciones y el apoyo a muchas mujeres que son v\u00edctimas de violencia.<\/p>\n<p><strong>Wagucha<\/strong>\u00a0les brinda a sus integrantes apoyo para sembrar un huerto de forma colectiva; cuenta con un restaurante para ofrecer lo que producen a las personas que llegan a visitar Trujillo. Es una organizaci\u00f3n con personer\u00eda jur\u00eddica.<\/p>\n<p>Aunque los ingresos no son muy elevados, Leocadia disfruta su trabajo. \u201cMe gusta, me gusta mucho; los ingresos son m\u00ednimos, pero nos sirve para medio solventar la vida\u201d, se\u00f1ala.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de Wagucha, Cayita es integrante de la Red de Mujeres de Trujillo. En esta organizaci\u00f3n se re\u00fane con sus compa\u00f1eras dos o tres veces al mes. Lo hacen en lugares p\u00fablicos, como el quiosco del parque, en el mar, o en las instalaciones del INFOP. \u201cEst\u00e1n organizadas m\u00e1s de treinta mujeres. Todas elaboran sus producciones y las muestran en las ferias\u201d, explica.<\/p>\n<p>El lugar donde vive, trabaja y utiliza para sus reuniones es un territorio ancestral. \u201cNos han llegado empresarios y no estamos dispuestos a vender porque es ancestral. Los ancestros lo dejaron para nosotros y ver qu\u00e9 hacemos. No est\u00e1 en venta\u201d, deja claro Leocadia.<\/p>\n<p>Leocadia lucha contra los vientos de la agresividad, para que las mujeres ya no sufran humillaciones de ninguna \u00edndole. \u201cYo les hago ver cu\u00e1les son los derechos y deberes, porque van de la mano\u201d.<\/p>\n<figure id=\"attachment_1903\" class=\"wp-caption alignnone\" aria-describedby=\"caption-attachment-1903\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-1903\" src=\"https:\/\/cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/IMG_0399-300x200.jpg\" sizes=\"(max-width: 1044px) 100vw, 1044px\" srcset=\"https:\/\/cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/IMG_0399-300x200.jpg 300w, https:\/\/cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/IMG_0399-scaled-600x400.jpg 600w, https:\/\/cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/IMG_0399-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/IMG_0399-768x512.jpg 768w, https:\/\/cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/IMG_0399-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/IMG_0399-2048x1365.jpg 2048w\" alt=\"\" width=\"1044\" height=\"696\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-1903\" class=\"wp-caption-text\">Foto: CESPAD.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Cuando una mujer acude a Cayita, primero les habla, las concientiza y las acompa\u00f1a en la decisi\u00f3n que tomen. Siempre les recalca que es posible amarse y avanzar solas, porque ella ya lo ha hecho.<\/p>\n<p><strong>Los d\u00edas de Cayita y su amor por el mar<\/strong><\/p>\n<p>Leocadia tiene claro que no quiere pareja en su vida. Es madre de cuatro mujeres y un var\u00f3n que asesinaron en Lima.<\/p>\n<p>De sus hijas, la menor la acompa\u00f1a en su hogar. Con ella comparte la alegr\u00eda de su nieto. Cuando habla de su hija sus ojos le cambian, hay un brillo de orgullo y complicidad. \u201cEst\u00e1 sacando cursos de tabla yeso y cielo falso y raso. No piensa en irse a Estados Unidos\u201d, comenta.<\/p>\n<p>Cuando los huracanes Eta y Iota afectaron a Honduras, su familia no fue la excepci\u00f3n. Su hija se qued\u00f3 sin nada. \u201cNo ten\u00eda nada que ponerse. No recibimos nada de lo gubernamental, solo el apoyo de la misma familia\u201d.<\/p>\n<p>Son esas historias, pre\u00f1adas de indignaciones, injusticias y un dolor que le han permitido fortalecer sus lazos con el mar.<\/p>\n<p>Es ese mar que escucha cuando se levanta y se instala debajo del palo de yuyuga que tiene sembrado en su casa. El que la acompa\u00f1a cuando se prepara una taza de caf\u00e9 y se toma el medicamento para combatir la diabetes. El que le sigue los pasos cuando baja al centro y la ve descansar mientras su hija realiza las labores dom\u00e9sticas.<\/p>\n<p>\u201cCuando mi hija est\u00e1 soy la reina de la casa\u201d, comenta entre risas.<\/p>\n<p>Ese ese mar que la ve andar con sus amigas los fines de semana cuando sale a divertirse. El que le pide que las mujeres no callen, que sean m\u00e1s fuertes para denunciar la violencia y que respiren la libertad en todas sus dimensiones.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escrito por: Nancy Garc\u00eda Con m\u00fasica de fondo, entre las mujeres del Encuentro de Defensoras de los Bienes Comunes, encontramos a Leocadia Guity, quien en su amena pl\u00e1tica comienza hablar del proceso de elaboraci\u00f3n del cacao. Se muestra con su semblante severo, pero \u201ccapa por capa\u201d vamos descubriendo que \u201cCayita\u201d, como se le llama, es una mujer que ha dedicado su vida a fomentar el respeto de los derechos de las mujeres y de los pobladores de las comunidades Gar\u00edfunas. Se levanta de la silla que ocupa y con una sonrisa se irradia todo, nos muestra las m\u00e1quinas en las que se realiza el proceso de producci\u00f3n de una bebida a la que han nombrado\u00a0choco-gifiti.\u00a0\u201cPrimero se seca el cacao; cuando el gifiti ya est\u00e1 embazado en tambos se combina con el chocolate. Le agregamos az\u00facar, canela y se mezcla. Le echamos el gifiti y despu\u00e9s otras cosas que son ocultas\u201d, dice, mientras finaliza con una carcajada, para no develar el secreto que guardan las mujeres gar\u00edfunas en su receta para crear una bebida que cautiva a quienes visitan su playa. Cayita pertenece a la organizaci\u00f3n Wagucha, una palabra gar\u00edfuna que en espa\u00f1ol quiere decir\u00a0Nuestra Ra\u00edz. Las ra\u00edces de Leocadia Leocadia Guity es una mujer que ciment\u00f3 su destino en las fincas bananeras de la Lima, Cort\u00e9s. \u201cAll\u00e1 crec\u00ed, hice mi escuela y todo\u201d, dice, mientras agrega que es la hija de \u201cen medio\u201d de siete hijos e hijas que tuvo su madre. Recuerda su infancia en compa\u00f1\u00eda de su madre, una mujer ama de casa y un padre instalado en los Estados Unidos; trabaj\u00f3 en una empacadora durante su estad\u00eda en la Lima, Cort\u00e9s y luego pas\u00f3 a trabajar en un hotel en las Islas de la Bah\u00eda. Dio sus primeros pasos en organizaciones, hace doce a\u00f1os. Dice que no se arrepiente de esa decisi\u00f3n que transform\u00f3 su vida. \u201cYo empec\u00e9 a hacer la lucha cuando me traslado a Trujillo. Desde ese tiempo comenz\u00f3 mi lucha para hacerle ver a las mujeres que tenemos un valor y poder de hacer las cosas\u201d, dice. Leocadia Guity. Foto: CESPAD. Para ella no ha sido tan dif\u00edcil adentrarse a luchas colectivas, pese a la discriminaci\u00f3n que siguen recibiendo los pueblos gar\u00edfunas, pero reconoce que en la \u00e9poca de su madre la garant\u00eda de sus derechos era todav\u00eda un sue\u00f1o. El rol de Leocadia En la organizaci\u00f3n de Wagucha hay hombres y mujeres. Ella hace de todo un poco: desde sembrar cacao, pimienta gorda, canela, vender choco-gifiti, asistir a capacitaciones y el apoyo a muchas mujeres que son v\u00edctimas de violencia. Wagucha\u00a0les brinda a sus integrantes apoyo para sembrar un huerto de forma colectiva; cuenta con un restaurante para ofrecer lo que producen a las personas que llegan a visitar Trujillo. Es una organizaci\u00f3n con personer\u00eda jur\u00eddica. Aunque los ingresos no son muy elevados, Leocadia disfruta su trabajo. \u201cMe gusta, me gusta mucho; los ingresos son m\u00ednimos, pero nos sirve para medio solventar la vida\u201d, se\u00f1ala. Adem\u00e1s de Wagucha, Cayita es integrante de la Red de Mujeres de Trujillo. En esta organizaci\u00f3n se re\u00fane con sus compa\u00f1eras dos o tres veces al mes. Lo hacen en lugares p\u00fablicos, como el quiosco del parque, en el mar, o en las instalaciones del INFOP. \u201cEst\u00e1n organizadas m\u00e1s de treinta mujeres. Todas elaboran sus producciones y las muestran en las ferias\u201d, explica. El lugar donde vive, trabaja y utiliza para sus reuniones es un territorio ancestral. \u201cNos han llegado empresarios y no estamos dispuestos a vender porque es ancestral. Los ancestros lo dejaron para nosotros y ver qu\u00e9 hacemos. No est\u00e1 en venta\u201d, deja claro Leocadia. Leocadia lucha contra los vientos de la agresividad, para que las mujeres ya no sufran humillaciones de ninguna \u00edndole. \u201cYo les hago ver cu\u00e1les son los derechos y deberes, porque van de la mano\u201d. Foto: CESPAD. Cuando una mujer acude a Cayita, primero les habla, las concientiza y las acompa\u00f1a en la decisi\u00f3n que tomen. Siempre les recalca que es posible amarse y avanzar solas, porque ella ya lo ha hecho. Los d\u00edas de Cayita y su amor por el mar Leocadia tiene claro que no quiere pareja en su vida. Es madre de cuatro mujeres y un var\u00f3n que asesinaron en Lima. De sus hijas, la menor la acompa\u00f1a en su hogar. Con ella comparte la alegr\u00eda de su nieto. Cuando habla de su hija sus ojos le cambian, hay un brillo de orgullo y complicidad. \u201cEst\u00e1 sacando cursos de tabla yeso y cielo falso y raso. No piensa en irse a Estados Unidos\u201d, comenta. Cuando los huracanes Eta y Iota afectaron a Honduras, su familia no fue la excepci\u00f3n. Su hija se qued\u00f3 sin nada. \u201cNo ten\u00eda nada que ponerse. No recibimos nada de lo gubernamental, solo el apoyo de la misma familia\u201d. Son esas historias, pre\u00f1adas de indignaciones, injusticias y un dolor que le han permitido fortalecer sus lazos con el mar. Es ese mar que escucha cuando se levanta y se instala debajo del palo de yuyuga que tiene sembrado en su casa. El que la acompa\u00f1a cuando se prepara una taza de caf\u00e9 y se toma el medicamento para combatir la diabetes. El que le sigue los pasos cuando baja al centro y la ve descansar mientras su hija realiza las labores dom\u00e9sticas. \u201cCuando mi hija est\u00e1 soy la reina de la casa\u201d, comenta entre risas. Ese ese mar que la ve andar con sus amigas los fines de semana cuando sale a divertirse. 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