{"id":478,"date":"2019-02-01T18:54:47","date_gmt":"2019-02-01T18:54:47","guid":{"rendered":"https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/?p=478"},"modified":"2026-03-23T18:55:55","modified_gmt":"2026-03-23T18:55:55","slug":"abri-las-piernaslos-abusos-sexuales-de-las-trabajadoras-domesticas-en-honduras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/abri-las-piernaslos-abusos-sexuales-de-las-trabajadoras-domesticas-en-honduras\/","title":{"rendered":"\u00a1Abr\u00ed las piernas!\u2026los abusos sexuales de las trabajadoras dom\u00e9sticas en Honduras"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por: Signy Fiallos y Claudia Mendoza<\/strong><\/p>\n<p>Como si formara parte de sus deberes en el servicio dom\u00e9stico remunerado, muchas mujeres son obligadas por sus patrones a tener sexo. Otras son violadas sexualmente o acosadas por el patr\u00f3n, el hijo del patr\u00f3n y a veces hasta por las patronas. No hay registro puntual de cu\u00e1ntas mujeres sufren abusos sexuales en Honduras, pero s\u00ed testimonios que hacen visible una situaci\u00f3n silenciosa y muy dolorosa.<\/p>\n<p>Contar este tipo de episodios resulta hasta vergonzoso para muchas de las mujeres del servicio dom\u00e9stico remunerado. Eso, m\u00e1s el hecho de que esta situaci\u00f3n acontece detr\u00e1s de las paredes de una vivienda, hacen presuponer que nada puede evitarlo. Las historias que a continuaci\u00f3n narramos no fueron sacadas de la imaginaci\u00f3n de quienes escribimos. Cambiamos el nombre de las protagonistas por razones obvias, pero los hechos que aqu\u00ed se cuentan son reales.<\/p>\n<p><strong>\u201cTe acostas conmigo o te mato\u201d<\/strong><\/p>\n<p>La llamaremos Esperanza. Asociamos el seud\u00f3nimo dado a la protagonista de esta historia porque eso alberga ella en su interior: la esperanza de que la situaci\u00f3n de las mujeres del servicio o trabajo dom\u00e9stico remunerado en Honduras, cambi\u00e9 alg\u00fan d\u00eda. Dos veces, dos patronos distintos, intentaron abusar sexualmente de ella. \u201cGracias a Dios\u201d, dice, \u201csolo me manosearon y me sacaron el susto\u201d. Hoy quiso contar su caso para que se sepa lo que viven ellas en las cuatro paredes de ese mundo privado, de los impenetrables muros de esa nebulosa.<\/p>\n<p>Esperanza lleg\u00f3 a la colonia Villa Ol\u00edmpica, en Tegucigalpa, proveniente de Yuscar\u00e1n, oriente de Honduras. Trabaj\u00f3 3 meses en una casa en la que cuidaba a dos ni\u00f1os de 11 y 5 a\u00f1os de edad. La madre de los peque\u00f1os viajaba contantemente al norte de Honduras, pero el patr\u00f3n ten\u00eda un horario irregular vendiendo autos semiusados, que importaba desde los Estados Unidos, por eso llegaba a la casa a la hora que \u00e9l deseara. \u201cDesde que llegu\u00e9 a trabajar vi c\u00f3mo me miraba y me dec\u00eda cosas\u201d, cont\u00f3 Esperanza, mientras agreg\u00f3 que as\u00ed comenz\u00f3 a asediarla. Se trataba de hallarla sola. \u201cLo primero que hac\u00eda era quitarse la ropa y comenzar a caminar en calzoncillos y caminaba para que lo viera, hasta que un d\u00eda se me acerc\u00f3 y me apret\u00f3 contra su cuerpo\u00a0 y me restreg\u00f3 su pene; me\u00a0 dec\u00eda que fu\u00e9ramos al cuarto\u201d. Esperanza lo amenazaba con contarles a su esposa y a una vecina que ten\u00eda de amiga la familia; as\u00ed lograba evitar que abusara de ella.<\/p>\n<p>Recuerda que un d\u00eda mientras lavaba el ba\u00f1o, su patr\u00f3n lleg\u00f3 sorpresivamente. Se acerc\u00f3, la atrajo por la fuerza hacia su cuerpo y\u00a0 comenz\u00f3 a tocarla. Y mientras intentaba arrastrarla por los brazos y pelo, y pretend\u00eda bajarle sus pantalones, se escucharon los gritos de los hijos del patr\u00f3n, llam\u00e1ndola desde afuera. \u201c\u00c9l no sab\u00eda que ese d\u00eda los ni\u00f1os vendr\u00edan temprano de las clases y eso lo puso nervioso y sali\u00f3 corriendo a ponerse la ropa. Yo me fui a abrirles, los abrac\u00e9 y le di gracias a Dios. Ese d\u00eda dorm\u00ed con ellos porque mi patrona no estaba y me dio miedo que se metiera a mi cuarto a violarme\u201d, cont\u00f3.<\/p>\n<p>Ese breve episodio se hab\u00eda repetido en reiteradas ocasiones, pero ese mes esper\u00f3 hasta el d\u00eda en que recibi\u00f3 su sueldo. Sali\u00f3 de aquella casa y nunca m\u00e1s regres\u00f3.<\/p>\n<p><strong>\u201cAbr\u00ed las piernas o te meto un tiro\u201d<\/strong><\/p>\n<p>\u201cDe las brasas, Esperanza cay\u00f3 al fuego\u201d. Al dejar el trabajo anterior esta mujer, hoy de 44 a\u00f1os, nos narr\u00f3 que fue a trabajar a Prados Universitarios, otra colonia ubicada en Tegucigalpa, en donde cuid\u00f3 un beb\u00e9 de 8 meses. \u201cAl principio todo iba bien, pero cuando mi patrona no estaba, el patr\u00f3n comenz\u00f3 a tocarme cuando estaba en la cocina, o en el cuarto. Yo no s\u00e9, pero a veces creo que los hombres se aprovechan de la humildad de uno. Es como si saben que uno es miedoso\u201d, dice, mientras sigue contando que all\u00ed solo estuvo dos meses. Sin embargo, ese fue suficiente tiempo para sufrir otra racha de vej\u00e1menes.<\/p>\n<p>Su acosador la vigilaba y esperaba a que su esposa saliera para intentar seducirla, pero al obtener resistencia como respuesta, como ocurri\u00f3 en una oportunidad, la met\u00eda por la fuerza en su cuarto. \u201cUna vez me tir\u00f3 a la cama y \u00e9l se me tir\u00f3 encima. \u201cAbr\u00ed las piernas\u201d, me dec\u00eda, mientras intentaba desabrocharse sus pantalones. Pero la situaci\u00f3n se le complic\u00f3 porque no pudo coordinar el quitarse sus pantalones y taparle la boca a la joven para evitar que los gritos que daba, se escucharan por los vecinos.<\/p>\n<p>Esperanza atribuye a la \u201cdivina providencia\u201d el que su patr\u00f3n no la haya violado ese d\u00eda. Sin esperarlo, un guardia de seguridad de la colonia lleg\u00f3 a tocar la puerta y al ver que nadie abr\u00eda, comenz\u00f3 a llamar por su nombre al patr\u00f3n de Esperanza. \u201cYo no ten\u00eda con quien hablar y con los guardias comenzamos a hacernos mis amigos. Me contaron que tuviera cuidado que el patr\u00f3n porque ten\u00eda fama de acosar a las trabajadoras y fue cuando decid\u00ed contarles lo que yo viv\u00eda\u201d. Esperanza afirma que el guardia le dijo, momentos despu\u00e9s del percance, que al ver que su patrona se hab\u00eda ido presinti\u00f3 que algo podr\u00eda estar pasando. Por eso lleg\u00f3 y toc\u00f3 la puerta con insistencia. Esperanza aprovech\u00f3 el momento para salir de la casa hasta que su patrona regresara. Al d\u00eda siguiente se fue y abandon\u00f3 ese trabajo.<\/p>\n<p><strong>Nancy y un patr\u00f3n que la \u201cmanoseaba\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Nancy hoy es una mujer de 25 a\u00f1os, tiene una hija de nueve y es originaria de un pueblo al sur de Francisco Moraz\u00e1n. Su vida laboral, en la que ha conocido abusos, incluyendo los sexuales, comenz\u00f3 a sus escasos 12 a\u00f1os, cuando fue llevada por su madre a Tegucigalpa, a trabajar como empleada dom\u00e9stica en una casa en la que ten\u00eda que hacer la limpieza y cuidar a una pareja de dos adolescentes, mayores que ella.<\/p>\n<p>\u201cYo no sab\u00eda hacer nada, mi patr\u00f3n no ten\u00eda esposa y \u00e9l fue quien me ense\u00f1\u00f3 a limpiar y a planchar, pero yo no me acostumbr\u00e9 y solo estuve tres meses y me regres\u00e9 a mi pueblo. Antes de los 15 a\u00f1os yo ya hab\u00eda tenido cinco trabajos en los que me pagaban entre mil y mil 500 lempiras\u201d, recuerda. A esa edad regres\u00f3 a su pueblo y all\u00ed trabaj\u00f3 cuidando a una anciana que ten\u00eda un nieto que viv\u00eda en la capital, pero que viajaba constantemente a ver a su abuela. \u201c\u00c9l siempre me estaba enamorando. Como a los dos meses la se\u00f1ora muri\u00f3 y justo en el velorio de la se\u00f1ora \u00e9l me embarazo. Lo volv\u00ed a ver cuando regres\u00e9 a trabajar a la capital y lo llam\u00e9 para decirle que estaba enferma con v\u00f3mitos, pues no sab\u00eda que estaba embarazada, pero \u00e9l se alej\u00f3 y no volv\u00ed a saber de \u00e9l. As\u00ed naci\u00f3 mi hija\u201d, apunt\u00f3. Desde entonces es madre soltera.<\/p>\n<p><strong>Una vida llena de abusos<\/strong><\/p>\n<p>\u201cMi vida ha sido de trabajar como dom\u00e9stica; en algunos lugares me han tratado bien en otros con indiferencia, otras veces mal, pero hace unos cinco a\u00f1os fui a trabajar a la colonia Cerro Grande donde una pareja con una ni\u00f1a, la cual yo cuidaba, la se\u00f1ora era muy buena conmigo, pero el esposo me acosaba. Al principio comenz\u00f3 tir\u00e1ndome piropos y despu\u00e9s me comenz\u00f3 a tocar; yo lo evad\u00eda porque me daba miedo. Luego llegaba a horas en las que yo estaba sola en la casa y que \u00e9l deb\u00eda estar trabajando y dec\u00eda a tocarme, por lo que yo le dec\u00eda que le dir\u00eda a la se\u00f1ora y eso lo frenaba\u201d, dice.<\/p>\n<p>Pero en las noches, el patr\u00f3n entraba a su cuarto con el pretexto de que algo se le hab\u00eda perdido. \u201cMi dormitorio tambi\u00e9n era una bodega y dec\u00eda a manosearme y yo lo empujaba; le ten\u00eda miedo. No le dec\u00eda a la se\u00f1ora por miedo a que\u00a0me despidiera y yo necesitaba el trabajo para mantener a mi hija\u201d. Justo cuando ya no hallaba qu\u00e9 hacer, Nancy encontr\u00f3 otro trabajo y renunci\u00f3. Ahora trabaja limpiando casas por d\u00eda, encontr\u00f3 un hogar donde la acogieron con su hija y ha seguido estudiando. Este a\u00f1o cursar\u00e1 su \u00faltimo a\u00f1o de bachillerato y espera poder tener mejores oportunidades para dejar el trabajo dom\u00e9stico.<\/p>\n<p><strong>Un estudio que refleja los abusos<\/strong><\/p>\n<p>La red de Trabajadoras Dom\u00e9sticas de Francisco Moraz\u00e1n, con el acompa\u00f1amiento del Centro de Estudios de la Mujer-Honduras (CEM-H), realiz\u00f3 un estudio que revela las injusticias y los abusos que cometen los patrones en contra de las mujeres que laboran en este rubro. Fueron 405 entrevistas a trabajadoras dom\u00e9sticas remuneradas, en los departamentos de Cort\u00e9s, Atl\u00e1ntida, Choluteca, Francisco Moraz\u00e1n e Intibuc\u00e1, las que se realizaron.<\/p>\n<p>Los datos son contundentes: el 36.2% de las trabajadoras dom\u00e9sticas remuneradas expresaron recibir violencia de \u00a0los patronos (hombres); un 20.7% de los familiares de las patronas mujeres y un 17.2% de los familiares de los patrones. El estudio tambi\u00e9n revela que el \u00a08.6%\u00a0 recibe violencia de su pareja; 3 de cada 10 que tienen pareja reciben violencia de su c\u00f3nyuge; el 6.9% reciben violencia de sus familiares y el 10.3% la recibe de extra\u00f1os.<\/p>\n<p>De hecho, un episodio sorprendente ocurri\u00f3 al propio equipo que realizaba las encuestas que sustentan el estudio. Mientras entrevistaban a una mujer que trabaja en el servicio dom\u00e9stico remunerado, en Choluteca, sur de Honduras, un individuo irrumpi\u00f3 empujando a la entrevistadora y golpeando a la trabajadora dom\u00e9stica entrevistada, a quien forz\u00f3 para que le entregara el dinero de su salario semanal. Era el agresor que tiene por pareja y de quien, apenas, unos minutos atr\u00e1s hab\u00eda contado al equipo.<\/p>\n<p><strong>\u00a1Un mundo privado\u2026un mundo que esconde las injusticias!<\/strong><\/p>\n<figure class=\"wp-block-image\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-2122 td-animation-stack-type0-1\" src=\"http:\/\/cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/Glenda-1024x768.jpeg\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" srcset=\"https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/Glenda-1024x768.jpeg 1024w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/Glenda-300x225.jpeg 300w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/Glenda-768x576.jpeg 768w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/Glenda-80x60.jpeg 80w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/Glenda-265x198.jpeg 265w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/Glenda-696x522.jpeg 696w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/Glenda-1068x801.jpeg 1068w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/Glenda-560x420.jpeg 560w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/Glenda.jpeg 1280w\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"768\" \/><figcaption>Glenda Lizeth Aguilar<\/figcaption><\/figure>\n<p>Para Glenda Lizeth Aguilar Ard\u00f3n, integrante de la Comisi\u00f3n Pol\u00edtica de la Red de Trabajadoras Dom\u00e9sticas de Francisco Moraz\u00e1n, hay un problema serio y estructural alrededor de los abusos que se cometen en contra de las mujeres que laboran en este rubro.<\/p>\n<p>\u201cComo los abuso sexuales suceden a puertas cerradas, pr\u00e1cticamente se vuelven privados y entes como la Secretar\u00eda de Trabajo no cuentan con mecanismos que permitan inspeccionar las viviendas y mucho menos, un mecanismo que permita que las mujeres denuncien lo que sus patronos les hacen\u201d, cuestiona Aguilar.<\/p>\n<p>En este rubro es com\u00fan, dice, encontrar opiniones que consideran que se est\u00e1 violentando la privacidad de los hogares y al tenor de esa consideraci\u00f3n, la violaci\u00f3n de las trabajadoras queda encerrada en las impenetrables paredes de una casa de habitaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Esta defensora de derechos humanos insiste en decir que es urgente poner en pr\u00e1ctica inspecciones en los hogares, que la Secretar\u00eda de Trabajo aclare que no hay ninguna violaci\u00f3n a la privacidad, sobre todo porque en el interior de ese hogar se est\u00e1 llevando a cabo una relaci\u00f3n laboral que tambi\u00e9n debe ser objeto de supervisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Es urgente, agrega, continuar concientizando y sensibilizando a \u00a0la sociedad hondure\u00f1a e impulsar campa\u00f1as para que la Secretar\u00eda de Trabajo garantice inspector\u00edas en los hogares. \u00a0\u201cNuestro trabajo ha evidenciado que muchas ni\u00f1as menores de edad trabajan en el servicio dom\u00e9stico remunerado. Se imagina, si para uno de mujer mayor, es dif\u00edcil salir bien librada de una violaci\u00f3n sexual, no digamos para una ni\u00f1a que no tiene fuerza para defenderse\u201d, puntualiz\u00f3 diciendo.<\/p>\n<p><strong>Congreso Nacional de Honduras engaveta Ley del Trabajo Dom\u00e9stico<\/strong><\/p>\n<p>Las mujeres que integran la Red, junto a organizaciones como el CEM-H, han luchado durante a\u00f1os por normar el trabajo dom\u00e9stico remunerado con equidad y justicia. De all\u00ed que desde el a\u00f1o pasado se logr\u00f3 introducir una Ley que regule el Trabajo Dom\u00e9stico ante el Congreso Nacional. Esperaban que este a\u00f1o comenzara su discusi\u00f3n, sin embargo, como muchas otras leyes, pas\u00f3 a la lista de espera.<\/p>\n<ul class=\"wp-block-gallery columns-1 is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<li class=\"blocks-gallery-item\">\n<figure><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-2123 td-animation-stack-type0-1\" src=\"http:\/\/cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/Miriam-Suazo.jpg\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" srcset=\"https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/Miriam-Suazo.jpg 800w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/Miriam-Suazo-300x188.jpg 300w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/Miriam-Suazo-768x480.jpg 768w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/Miriam-Suazo-696x435.jpg 696w, https:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/Miriam-Suazo-672x420.jpg 672w\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"500\" data-id=\"2123\" data-link=\"http:\/\/cespad.org.hn\/?attachment_id=2123\" \/><figcaption>Miriam Suazo<\/figcaption><\/figure>\n<\/li>\n<\/ul>\n<p>Mirian Suazo es integrante del CEM-H y coordinadora del proyecto que acompa\u00f1a el proceso de la Red. \u201cCreo que a nivel del Estado hay compromisos incumplidos. De la Ley, en el Congreso Nacional s\u00f3lo se han discutido 8 art\u00edculos de un total de 30. Desagraciadamente ahora est\u00e1 engavetada\u201d, denunci\u00f3.<\/p>\n<p>Para Suazo, los abusos sexuales se han naturalizado, no s\u00f3lo dentro del rubro de trabajadoras dom\u00e9sticas remuneradas. \u201cEn un pa\u00eds con estos \u00edndices de inseguridad, la violencia contra las mujeres se convierte en un tema de seguridad p\u00fablica\u201d, cuestiona.<\/p>\n<p>Las organizaciones de mujeres en general y en particular, las defensoras de derechos humanos de las trabajadoras dom\u00e9sticas, coinciden en que ser\u00e1 dif\u00edcil lograr cambios normativos en este rubro, pues estos abusos tienen como asidero una cultura machista, que hace que las y los jefes sigan considerando a las trabajadoras dom\u00e9sticas objetos, como el resto de las cosas que hay en su casas de habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero la lucha sigue y la siguiente batalla contin\u00faa en el Congreso Nacional.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Signy Fiallos y Claudia Mendoza Como si formara parte de sus deberes en el servicio dom\u00e9stico remunerado, muchas mujeres son obligadas por sus patrones a tener sexo. Otras son violadas sexualmente o acosadas por el patr\u00f3n, el hijo del patr\u00f3n y a veces hasta por las patronas. No hay registro puntual de cu\u00e1ntas mujeres sufren abusos sexuales en Honduras, pero s\u00ed testimonios que hacen visible una situaci\u00f3n silenciosa y muy dolorosa. Contar este tipo de episodios resulta hasta vergonzoso para muchas de las mujeres del servicio dom\u00e9stico remunerado. Eso, m\u00e1s el hecho de que esta situaci\u00f3n acontece detr\u00e1s de las paredes de una vivienda, hacen presuponer que nada puede evitarlo. Las historias que a continuaci\u00f3n narramos no fueron sacadas de la imaginaci\u00f3n de quienes escribimos. Cambiamos el nombre de las protagonistas por razones obvias, pero los hechos que aqu\u00ed se cuentan son reales. \u201cTe acostas conmigo o te mato\u201d La llamaremos Esperanza. Asociamos el seud\u00f3nimo dado a la protagonista de esta historia porque eso alberga ella en su interior: la esperanza de que la situaci\u00f3n de las mujeres del servicio o trabajo dom\u00e9stico remunerado en Honduras, cambi\u00e9 alg\u00fan d\u00eda. Dos veces, dos patronos distintos, intentaron abusar sexualmente de ella. \u201cGracias a Dios\u201d, dice, \u201csolo me manosearon y me sacaron el susto\u201d. Hoy quiso contar su caso para que se sepa lo que viven ellas en las cuatro paredes de ese mundo privado, de los impenetrables muros de esa nebulosa. Esperanza lleg\u00f3 a la colonia Villa Ol\u00edmpica, en Tegucigalpa, proveniente de Yuscar\u00e1n, oriente de Honduras. Trabaj\u00f3 3 meses en una casa en la que cuidaba a dos ni\u00f1os de 11 y 5 a\u00f1os de edad. La madre de los peque\u00f1os viajaba contantemente al norte de Honduras, pero el patr\u00f3n ten\u00eda un horario irregular vendiendo autos semiusados, que importaba desde los Estados Unidos, por eso llegaba a la casa a la hora que \u00e9l deseara. \u201cDesde que llegu\u00e9 a trabajar vi c\u00f3mo me miraba y me dec\u00eda cosas\u201d, cont\u00f3 Esperanza, mientras agreg\u00f3 que as\u00ed comenz\u00f3 a asediarla. Se trataba de hallarla sola. \u201cLo primero que hac\u00eda era quitarse la ropa y comenzar a caminar en calzoncillos y caminaba para que lo viera, hasta que un d\u00eda se me acerc\u00f3 y me apret\u00f3 contra su cuerpo\u00a0 y me restreg\u00f3 su pene; me\u00a0 dec\u00eda que fu\u00e9ramos al cuarto\u201d. Esperanza lo amenazaba con contarles a su esposa y a una vecina que ten\u00eda de amiga la familia; as\u00ed lograba evitar que abusara de ella. Recuerda que un d\u00eda mientras lavaba el ba\u00f1o, su patr\u00f3n lleg\u00f3 sorpresivamente. Se acerc\u00f3, la atrajo por la fuerza hacia su cuerpo y\u00a0 comenz\u00f3 a tocarla. Y mientras intentaba arrastrarla por los brazos y pelo, y pretend\u00eda bajarle sus pantalones, se escucharon los gritos de los hijos del patr\u00f3n, llam\u00e1ndola desde afuera. \u201c\u00c9l no sab\u00eda que ese d\u00eda los ni\u00f1os vendr\u00edan temprano de las clases y eso lo puso nervioso y sali\u00f3 corriendo a ponerse la ropa. Yo me fui a abrirles, los abrac\u00e9 y le di gracias a Dios. Ese d\u00eda dorm\u00ed con ellos porque mi patrona no estaba y me dio miedo que se metiera a mi cuarto a violarme\u201d, cont\u00f3. Ese breve episodio se hab\u00eda repetido en reiteradas ocasiones, pero ese mes esper\u00f3 hasta el d\u00eda en que recibi\u00f3 su sueldo. Sali\u00f3 de aquella casa y nunca m\u00e1s regres\u00f3. \u201cAbr\u00ed las piernas o te meto un tiro\u201d \u201cDe las brasas, Esperanza cay\u00f3 al fuego\u201d. Al dejar el trabajo anterior esta mujer, hoy de 44 a\u00f1os, nos narr\u00f3 que fue a trabajar a Prados Universitarios, otra colonia ubicada en Tegucigalpa, en donde cuid\u00f3 un beb\u00e9 de 8 meses. \u201cAl principio todo iba bien, pero cuando mi patrona no estaba, el patr\u00f3n comenz\u00f3 a tocarme cuando estaba en la cocina, o en el cuarto. Yo no s\u00e9, pero a veces creo que los hombres se aprovechan de la humildad de uno. Es como si saben que uno es miedoso\u201d, dice, mientras sigue contando que all\u00ed solo estuvo dos meses. Sin embargo, ese fue suficiente tiempo para sufrir otra racha de vej\u00e1menes. Su acosador la vigilaba y esperaba a que su esposa saliera para intentar seducirla, pero al obtener resistencia como respuesta, como ocurri\u00f3 en una oportunidad, la met\u00eda por la fuerza en su cuarto. \u201cUna vez me tir\u00f3 a la cama y \u00e9l se me tir\u00f3 encima. \u201cAbr\u00ed las piernas\u201d, me dec\u00eda, mientras intentaba desabrocharse sus pantalones. Pero la situaci\u00f3n se le complic\u00f3 porque no pudo coordinar el quitarse sus pantalones y taparle la boca a la joven para evitar que los gritos que daba, se escucharan por los vecinos. Esperanza atribuye a la \u201cdivina providencia\u201d el que su patr\u00f3n no la haya violado ese d\u00eda. Sin esperarlo, un guardia de seguridad de la colonia lleg\u00f3 a tocar la puerta y al ver que nadie abr\u00eda, comenz\u00f3 a llamar por su nombre al patr\u00f3n de Esperanza. \u201cYo no ten\u00eda con quien hablar y con los guardias comenzamos a hacernos mis amigos. Me contaron que tuviera cuidado que el patr\u00f3n porque ten\u00eda fama de acosar a las trabajadoras y fue cuando decid\u00ed contarles lo que yo viv\u00eda\u201d. Esperanza afirma que el guardia le dijo, momentos despu\u00e9s del percance, que al ver que su patrona se hab\u00eda ido presinti\u00f3 que algo podr\u00eda estar pasando. Por eso lleg\u00f3 y toc\u00f3 la puerta con insistencia. Esperanza aprovech\u00f3 el momento para salir de la casa hasta que su patrona regresara. Al d\u00eda siguiente se fue y abandon\u00f3 ese trabajo. Nancy y un patr\u00f3n que la \u201cmanoseaba\u201d Nancy hoy es una mujer de 25 a\u00f1os, tiene una hija de nueve y es originaria de un pueblo al sur de Francisco Moraz\u00e1n. Su vida laboral, en la que ha conocido abusos, incluyendo los sexuales, comenz\u00f3 a sus escasos 12 a\u00f1os, cuando fue llevada por su madre a Tegucigalpa, a trabajar como empleada dom\u00e9stica en una casa en la que ten\u00eda que hacer la limpieza y cuidar a una pareja de dos adolescentes, mayores que ella. \u201cYo no sab\u00eda hacer nada, mi patr\u00f3n no ten\u00eda esposa<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":481,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[9],"tags":[11,12,10],"class_list":["post-478","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-noticias","tag-cespad","tag-honduras","tag-mujeres"],"rttpg_featured_image_url":{"full":["https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Portada-696x464-1.jpg",696,464,false],"landscape":["https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Portada-696x464-1.jpg",696,464,false],"portraits":["https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Portada-696x464-1.jpg",696,464,false],"thumbnail":["https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Portada-696x464-1-150x150.jpg",150,150,true],"medium":["https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Portada-696x464-1-300x200.jpg",300,200,true],"large":["https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Portada-696x464-1.jpg",696,464,false],"1536x1536":["https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Portada-696x464-1.jpg",696,464,false],"2048x2048":["https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Portada-696x464-1.jpg",696,464,false],"mailpoet_newsletter_max":["https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Portada-696x464-1.jpg",696,464,false]},"rttpg_author":{"display_name":"MUj2025","author_link":"https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/author\/muj2025\/"},"rttpg_comment":0,"rttpg_category":"<a href=\"https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/category\/noticias\/\" rel=\"category tag\">Noticias<\/a>","rttpg_excerpt":"Por: Signy Fiallos y Claudia Mendoza Como si formara parte de sus deberes en el servicio dom\u00e9stico remunerado, muchas mujeres son obligadas por sus patrones a tener sexo. 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