{"id":555,"date":"2020-05-01T19:47:34","date_gmt":"2020-05-01T19:47:34","guid":{"rendered":"https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/?p=555"},"modified":"2026-03-23T19:49:03","modified_gmt":"2026-03-23T19:49:03","slug":"analisis-cuarentenas-del-tercer-mundo-o-por-que-las-mujeres-hondurenas-mantienen-al-pais-con-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/analisis-cuarentenas-del-tercer-mundo-o-por-que-las-mujeres-hondurenas-mantienen-al-pais-con-vida\/","title":{"rendered":"An\u00e1lisis | Cuarentenas del Tercer Mundo, o por qu\u00e9 las mujeres hondure\u00f1as mantienen al pa\u00eds con vida"},"content":{"rendered":"<p><em>Escrito por Ninoska Alonzo, feminista y colaboradora del CESPAD<\/em><\/p>\n<p><em>1 de mayo, 2020<\/em><\/p>\n<p>Con la propagaci\u00f3n del COVID-19, el mundo entero busca una sola cosa: inmunidad. Ante un virus que ha mostrado la fragilidad de todo lo que conocemos hasta ahora, lo m\u00e1s seguro para permanecer inmunes es el estado de confinamiento [1]. O m\u00e1s bien, el confinamiento nos brinda la sensaci\u00f3n de seguridad y bienestar. Esta inmunidad ilusoria se traduce en dos cosas: por un lado, la cuarentena, como acto de protecci\u00f3n individual, tambi\u00e9n nos inmuniza y nos aleja de la comunidad; por otro lado, la inmunidad de la cuarentena nos da la autoridad de sacrificar o desechar otras vidas, las vidas de quienes no cumplen con la cuarentena al pie de la letra porque no tienen opci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las condiciones m\u00ednimas que se requieren para cumplir la cuarentena a cabalidad incluyen acceso a agua potable, un salario fijo (o una renta b\u00e1sica universal), y el acceso gratuito al equipo de bioseguridad. En Honduras, el porcentaje de la poblaci\u00f3n que tiene el poder adquisitivo para cumplir con estas condiciones es de apenas el 11%, perteneciente a las capas medias y altas [2]. Lo cierto es que aqu\u00ed, en el Tercer Mundo, hay millones de personas que no est\u00e1n confinadas. Por el contrario, siguen trabajando en los sectores productivos estrat\u00e9gicos para la econom\u00eda nacional, y hay muchas otras que arriesgan sus vidas diariamente, garantizando alimentos a sus comunidades y a las ciudades que pasan por la situaci\u00f3n m\u00e1s cr\u00edtica ante los elevados niveles de contagio. Y, como en todo escenario de cat\u00e1strofe, las mujeres se llevan la peor parte.<\/p>\n<p><strong>El redescubrimiento de las mujeres en el Tercer Mundo<\/strong><\/p>\n<p>En un escrito anterior [3], se hizo referencia a que, en la d\u00e9cada de los setentas, el neoliberalismo propici\u00f3 un nuevo proceso de acumulaci\u00f3n capitalista que permiti\u00f3 al sistema econ\u00f3mico maximizar sus capacidades productivas. Para que esto fuese posible, el capital transnacional configur\u00f3 una nueva Divisi\u00f3n Internacional del Trabajo, donde las mujeres del Tercer Mundo, aunque hist\u00f3ricamente expulsadas de la esfera productiva y confinadas al trabajo reproductivo, fueron incorporadas a cuatro sectores estrat\u00e9gicos en este nuevo proceso de acumulaci\u00f3n: las industrias manufactureras a gran y peque\u00f1a escala, la agricultura, la industria del sexo, y la prestaci\u00f3n de servicios.<\/p>\n<p>Hay dos cosas que es pertinente desarrollar. En primer lugar, el\u00a0<em>Tercer Mundo<\/em>\u00a0emergi\u00f3 como una categor\u00eda que defini\u00f3 el papel de los pa\u00edses del sur global en el marco de la Guerra Fr\u00eda, pa\u00edses que sirvieron como tablero de ajedrez de las potencias hegem\u00f3nicas capitalistas y socialistas [4]. Sin embargo, seg\u00fan los te\u00f3ricos de la dependencia de la segunda mitad del siglo XX, esa relaci\u00f3n entre el norte y el sur estuvo definida por\u00a0<em>estadios de desarrollo desiguales<\/em>\u00a0entre las grandes potencias y los pa\u00edses \u201csubdesarrollados\u201d [5]. Esto coloc\u00f3 a los pa\u00edses del Tercer Mundo en una posici\u00f3n perif\u00e9rica y marginal, y permiti\u00f3 que se estableciera una nueva relaci\u00f3n de coloniaje e intercambio desigual entre nuestros pa\u00edses productores de materias primas baratas, y los pa\u00edses del primer mundo como consumidores altamente industrializados.<\/p>\n<p>En segundo lugar, no es casualidad alguna que las mujeres hayan sido incorporadas a estos sectores productivos, que han mostrado ser los m\u00e1s propensos a la sobreexplotaci\u00f3n y precarizaci\u00f3n de la vida. Como explica Mar\u00eda Mies, las mujeres forman la mano de obra \u00f3ptima porque al d\u00eda de hoy est\u00e1n definidas universalmente como \u00abamas de casa\u00bb, no como trabajadoras; esto implica que su trabajo, ya sea en la producci\u00f3n de mercanc\u00edas o de valor de uso, se oculta, no se considera como \u00abtrabajo libre\u00bb, sino que es definido como una \u00abactividad generadora de ingresos\u00bb, de ah\u00ed que pueda ser comprado a un precio mucho menor que el trabajo masculino. La l\u00f3gica econ\u00f3mica de esta\u00a0<em>domestificaci\u00f3n<\/em>\u00a0del trabajo femenino es la tremenda reducci\u00f3n de los costes de producci\u00f3n [6]. En otras palabras, la nueva DIT es tambi\u00e9n una nueva Divisi\u00f3n Sexual del Trabajo. Y ante la emergencia del COVID-19 y las consecuencias sociales y econ\u00f3micas que trae consigo, nos interesa detenernos un poco a pensar en un sector productivo que, en aras de atenuar el hambre que deja la crisis del nuevo coronavirus sumado a d\u00e9cadas de abandono estatal, se vuelve prioritario: la agricultura.<\/p>\n<p><strong>Las mujeres alimentan al pa\u00eds<\/strong><\/p>\n<p>En la Divisi\u00f3n Internacional del Trabajo, la agricultura fue una actividad otorgada al Tercer Mundo. La agricultura, sobre todo la que implica producci\u00f3n a gran escala, se organiza por medio de cadenas agroalimentarias, que van desde productores, distribuidores, vendedores, hasta consumidores. En nuestro pa\u00eds, esta actividad econ\u00f3mica est\u00e1 conformada por varios rubros, donde las mujeres est\u00e1n insertas en cada uno de los eslabones de la cadena, mayoritariamente en el \u00e1rea de producci\u00f3n, distribuci\u00f3n, y venta. Entre ellos, destacan:<\/p>\n<ul>\n<li><strong>La producci\u00f3n de cultivos comerciales a gran escala para su exportaci\u00f3n.\u00a0<\/strong>En Honduras, el aceite de palma africana y sus refinados representan 365 millones de d\u00f3lares del valor de las exportaciones del pa\u00eds, m\u00e1s del 50% consumidas por Pa\u00edses Bajos [7]. Aunque la participaci\u00f3n de las mujeres en la cadena de producci\u00f3n de palma africana es baja, la contaminaci\u00f3n del entorno, la proliferaci\u00f3n de enfermedades y la militarizaci\u00f3n de las zonas de producci\u00f3n las convierte en las afectadas directas por el monocultivo de palma [8]. Por otro lado, el caf\u00e9 constituye un 26% de las exportaciones (sin maquila), o sea, 1,115 millones de d\u00f3lares, mayoritariamente consumido por Alemania (27%) y Estados Unidos (25%) [9]. Para la cosecha 2005-2006, el IHCAFE report\u00f3 que 12,635 mujeres eran due\u00f1as de fincas de caf\u00e9 en el pa\u00eds [10], y para el 2017, m\u00e1s de 20,000 mujeres se encontraban en toda la cadena de producci\u00f3n [11], con pagos precarios y fluctuantes.<\/li>\n<li><strong>El trabajo de las mujeres en las plantaciones.<\/strong>\u00a0En Honduras, solo en la cadena hortofrut\u00edcola, la participaci\u00f3n de las mujeres es del 45%, en la producci\u00f3n, transporte, empaque, embalaje y comercializaci\u00f3n. En la cadena acu\u00edcola, el 35% de la mano de obra en la producci\u00f3n de camar\u00f3n y el 25% en la producci\u00f3n de tilapia, es femenina. En la cadena de l\u00e1cteos, la participaci\u00f3n de las mujeres es de un 11%. [12]<\/li>\n<li><strong>El trabajo de las mujeres como trabajo familiar no remunerado en peque\u00f1as fincas familiares.<\/strong>\u00a0Esta forma de producci\u00f3n, mejor conocida como agricultura de subsistencia, es la m\u00e1s com\u00fan en nuestro pa\u00eds y en el mundo. Tal como plantea Federici, es dif\u00edcil estimar el alcance de la agricultura de subsistencia, ya que en su mayor parte no es un trabajo asalariado y a menudo no se produce en granjas formales. A esto habr\u00eda que a\u00f1adir que muchas de las mujeres que lo realizan no lo perciben como un trabajo. No es sencillo evaluar exactamente, en funci\u00f3n de las estad\u00edsticas disponibles, cu\u00e1ntas personas y cu\u00e1ntas mujeres en particular est\u00e1n involucradas en la agricultura de subsistencia; pero lo que est\u00e1 claro es que suponen una cantidad importante [13]. Lo cierto es que, en Honduras, pa\u00eds cuya capacidad productiva en t\u00e9rminos agroalimentarios es bastante limitada y donde 86.4 millones de d\u00f3lares de las importaciones son destinados a la compra de ma\u00edz [14], la agricultura de subsistencia es la que ha permitido que el pa\u00eds se mantenga a flote y pueda paliarse el hambre, pandemia que azota a Honduras desde hace rato. No obstante, aunque es probable que las m\u00e1s de 2,047,859 de mujeres que viven en el \u00e1rea rural [15] se dediquen a esta forma de trabajo, sus condiciones son sumamente precarias ante el limitado acceso a la tierra [16].<\/li>\n<li><strong>El trabajo de las mujeres como trabajo eventual de la agricultura comercial.\u00a0<\/strong>En este rubro es com\u00fan el trabajo de las mujeres en los mercados, donde fungen como vendedoras de lo producido en el sector agropecuario. Asumen, sobre todo, la venta de granos b\u00e1sicos, carnes, l\u00e1cteos, caf\u00e9, entre otros [17].<\/li>\n<\/ul>\n<p>Lo cierto es que los pa\u00edses ricos se alimentan en la medida en que el dolor de la sobreexplotaci\u00f3n se escribe en los cuerpos de las mujeres hondure\u00f1as, latinoamericanas y del Tercer Mundo en general. Pero el capital transnacional, adem\u00e1s, acumula riqueza gracias a las zonas francas. Las zonas francas son territorios delimitados que gozan de exoneraciones de impuestos y m\u00faltiples prebendas por parte de los Estados. Seg\u00fan Federici, en las zonas francas de producci\u00f3n del sureste asi\u00e1tico, \u00c1frica y Am\u00e9rica Latina, m\u00e1s del 70 % de la mano de obra es femenina. La mayor\u00eda de estas son mujeres j\u00f3venes (de 14 a 24 a\u00f1os). Su trabajo en los actuales procesos de producci\u00f3n se realiza en las cadenas de montaje, mientras que los pocos hombres que trabajan en esas industrias lo hacen mayoritariamente como encargados [18].<\/p>\n<p>En Honduras, las zonas francas existen desde 1976 [19]. Actualmente, Honduras cuenta con 39 zonas francas, donde se encuentran instaladas 493 empresas, en su mayor\u00eda extranjeras [20]. Cabe destacar, adem\u00e1s, que los sectores productivos estrat\u00e9gicos donde las mujeres han sido incorporadas en los \u00faltimos a\u00f1os forman parte de los ejes prioritarios del Plan de Naci\u00f3n (2010-2022) \u2013 Visi\u00f3n de Pa\u00eds (2010-2038), seg\u00fan el Plan Estrat\u00e9gico para el Sector de Desarrollo Econ\u00f3mico publicado en 2015 [21]. Cabe se\u00f1alar que esta es la base conceptual del proyecto pol\u00edtico y econ\u00f3mico del r\u00e9gimen nacionalista, orientado a restaurar y profundizar el modelo neoliberal-extractivo.<\/p>\n<p>Como las feministas marxistas se\u00f1alan, si a\u00f1adimos a esta cantidad de mujeres j\u00f3venes que trabajan en las zonas francas todas aquellas mujeres que trabajan en la industria agroalimentaria orientada a la exportaci\u00f3n, las que lo hacen en el sector informal, en casa o en las industrias familiares, vemos que una proporci\u00f3n muy grande del trabajo femenino est\u00e1 empleado en la producci\u00f3n de bienes, no solo para el consumo del pa\u00eds, sino, sobre todo, para el mercado de los pa\u00edses ricos [22].<\/p>\n<p><strong>\u00bfQu\u00e9 pasar\u00e1 en la \u00e9poca poscoronavirus? De la crisis agroindustrial a la soberan\u00eda alimentaria de las mujeres<\/strong><\/p>\n<p>Ese es el panorama que las mujeres campesinas han enfrentado en Honduras por a\u00f1os. Hoy, el conflicto se agudiza. Por un lado, aunque gran parte de la econom\u00eda se encuentra paralizada por la emergencia del COVID-19, los sectores agroindustriales vinculados a la agricultura, la pesca y ganader\u00eda, son los \u00fanicos que no han parado: \u201ceste es el sector que est\u00e1 trabajando con mayor normalidad\u201d, expres\u00f3 Fernando Garc\u00eda Merino, presidente ejecutivo de la Asociaci\u00f3n Nacional de Industriales de Honduras (ANDI) el pasado 8 de abril [23]. Como se afirm\u00f3 al principio de este escrito, lo cierto es que hay miles de mujeres campesinas insertas en la agroindustria que se exponen d\u00eda a d\u00eda para garantizar que el alimento llegue a cada familia que se encuentra en cuarentena. En una conversaci\u00f3n con Yasmin L\u00f3pez, coordinadora del Consejo para el Desarrollo Integral de la Mujer Campesina (CODIMCA), ella denunci\u00f3 que, aunque el gobierno hizo el lanzamiento de un programa de reactivaci\u00f3n a la agroindustria en el marco de la emergencia del COVID-19, no est\u00e1n contempladas las mujeres ni el movimiento campesino, pese a ser fundamentales en todo el proceso de producci\u00f3n [24].<\/p>\n<p>Por otro lado, las mujeres, aunque con acceso limitado a la tierra, contin\u00faan trabajando para su propia subsistencia. Salen a diario para poder garantizar la alimentaci\u00f3n de sus familias y sus comunidades. Quedarse en casa supone riesgos. Salir a trabajar la tierra, tambi\u00e9n; no solo se trata de la posibilidad de contraer la enfermedad del nuevo coronavirus, sino de la delincuencia, la militarizaci\u00f3n, y el cambio clim\u00e1tico que golpean a las mujeres campesinas desde hace tiempo. \u201cDetr\u00e1s del COVID-19, hay cosas m\u00e1s profundas y m\u00e1s dif\u00edciles que las mujeres seguimos viviendo, como la violencia familiar, la violencia de fuera, de las Fuerzas Armadas y otros espacios. Es por esto que digo que la crisis se sigue agudizando, y principalmente para la vida de las mujeres sigue siendo m\u00e1s complejo, y el impacto del cambio clim\u00e1tico aumenta el trabajo productivo. La pandemia surge justo en este gran verano, en una gran sequ\u00eda, que no hay agua, y hay que acarrear el agua de lugares bastante lejos, y hay que acarrearla en las espaldas o en la cabeza\u201d, comenta Yasmin con angustia.<\/p>\n<p>Hoy m\u00e1s que nunca se hacen evidentes las nefastas consecuencias de la supremac\u00eda del capital en nuestras vidas. Pero las mujeres campesinas no solo se quedan con la denuncia. Alzan la voz por la justicia agr\u00edcola y la sostenibilidad genuina [25]. Para resolver la crisis alimentaria, proponen la agroecolog\u00eda, el desaparecimiento del monocultivo, la soberan\u00eda alimentaria, y muchas otras apuestas que ahora parecen lo \u00fanico realista y verdaderamente posible para nuestra sobrevivencia como especie. Al terminar nuestra conversaci\u00f3n, Yasmin enunci\u00f3 con la potencia de las mujeres que alimentan al mundo,\u00a0<em>organizadas, ejerciendo derechos, cuidando la vida. Somos tierra, somos agua, y somos vida.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/v1.cespad.org.hn\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/An%C3%A1lisis21-CESPAD.pdf\">Descargar: An\u00e1lisis21 \u2013 CESPAD<\/a><\/p>\n<h3><strong>Referencias<\/strong><\/h3>\n<p>[1] Preciado, Paul B. \u00abAprendiendo del virus.\u00bb\u00a0<em>El Pa\u00eds<\/em>, 28 de Marzo de 2020.<\/p>\n<p>[2] Noticias Honduras HN. \u00abHonduras tiene la clase media m\u00e1s peque\u00f1a de Latinoam\u00e9rica.\u00bb\u00a0<em>Noticias Honduras HN<\/em>, 11 de Noviembre de 2019.<\/p>\n<p>[3] Alonzo, Ninoska. \u00abLa guerra contra las mujeres: desigualdad y reproducci\u00f3n de la vida en el marco del COVID-19.\u00bb\u00a0<em>CESPAD<\/em>, 2020.<\/p>\n<p>[4] Hobsbawm, Eric. \u00abEl tercer mundo.\u00bb En\u00a0<em>Historia del siglo XX<\/em>, de Eric Hobsbawm, 346-371. Barcelona: Planeta, 2012.<\/p>\n<p>[5] Quijano, Anibal, y Francisco Weffort.\u00a0<em>Populismo, marginalizaci\u00f3n y dependencia.<\/em>\u00a0San Jos\u00e9: EDUCA, 1976.<\/p>\n<p>[6] Mies, Maria. \u00abDomestificaci\u00f3n internacional: las mujeres y la nueva divisi\u00f3n internacional del trabajo.\u00bb En\u00a0<em>Patriarcado y acumulaci\u00f3n a escala mundial<\/em>, de Mar\u00eda Mies, 213-267. Madrid: Traficantes de Sue\u00f1os, 2019.<\/p>\n<p>[7] Observatory of Economic Complexity.\u00a0<em>Honduras.<\/em>\u00a02017. https:\/\/oec.world\/es\/profile\/country\/hnd\/.<\/p>\n<p>[8] Conexion.hn. \u00abMonocultivo de palma viola art\u00edculo 347 de la Constituci\u00f3n de Honduras.\u00bb.\u00a0<em>Conexion.hn<\/em>, 15 de febrero del 2019.<\/p>\n<p>[9] Observatory of Economic Complexity,\u00a0<em>op. cit.<\/em><\/p>\n<p>[10] COHEP; PNUD; et. al.\u00a0<em>Sectores productivos, cadenas estrat\u00e9gicas y empresas: para el desarrollo de un programa de proveedores.<\/em>\u00a0Tegucigalpa: SNV Honduras, 2012.<\/p>\n<p>[11] Tejada, Mariela. \u00abLas mujeres producen el 20% del caf\u00e9 en Honduras\u00bb.<em>\u00a0La Prensa Hn<\/em>. 26 de enero de 2017.<\/p>\n<p>[12] COHEP; PNUD; et. al.\u00a0<em>op. cit.<\/em><\/p>\n<p>[13] Federici, Silvia. \u00abMujeres, luchas por la tierra y globalizaci\u00f3n: una perspectiva internacional.\u00bb En\u00a0<em>Revoluci\u00f3n en punto cero. Trabajo dom\u00e9stico, reproducci\u00f3n y luchas feministas<\/em>. Madrid: Traficantes de Sue\u00f1os, 2013.<\/p>\n<p>[14] Observatory of Economic Complexity.\u00a0<em>op. cit.<\/em><\/p>\n<p>[15] Instituto Nacional de Estad\u00edstica. \u00abEncuesta Permanente de Hogares de Prop\u00f3sitos M\u00faltiples: Mercado Laboral por G\u00e9nero.\u00bb Tegucigalpa, 2019.<\/p>\n<p>[16] Ir\u00edas, Gustavo. \u00abSituaci\u00f3n de las mujeres rurales pobres en Honduras y su acceso a la tierra y el cr\u00e9dito. \u00bb\u00a0<em>Oxfam<\/em>. Diciembre del 2013.<\/p>\n<p>[17] \u00a0COHEP; PNUD; et. al.\u00a0<em>op. cit.<\/em><\/p>\n<p>[18] Federici, Silvia.\u00a0<em>op. cit.<\/em><\/p>\n<p>[19] Congreso Nacional de Honduras. \u00abReglamento de la Ley de Zonas Libres.\u00bb\u00a0<em>Tribunal Superior de Cuentas.<\/em>\u00a021 de Diciembre de 2009. https:\/\/www.tsc.gob.hn\/web\/leyes\/Reglamento%20de%20la%20Ley%20de%20Zonas%20Libres.pdf (\u00faltimo acceso: 28 de Abril de 2020).<\/p>\n<p>[20] Asociaci\u00f3n de Zonas Francas de las Am\u00e9ricas. \u00abZonas Francas Honduras.\u00bb Reporte anual estad\u00edstico, 2017.<\/p>\n<p>[21] Gabinete Sectorial de Desarrollo Econ\u00f3mico. \u00abPlan Estrat\u00e9gico Sector de Desarrollo Econ\u00f3mico.\u00bb Informe de gobierno, Tegucigalpa, 2015.<\/p>\n<p>[22] Mies, Mar\u00eda.\u00a0<em>op. cit.,\u00a0<\/em>222.<\/p>\n<p>[23] Salvatierra, Hugo. \u00abEl Covid-19 ha generado p\u00e9rdidas por 1,000 mdd en Honduras.\u00bb\u00a0<em>Forbes Centroam\u00e9rica<\/em>. 8 de abril del 2020.<\/p>\n<p>[24] L\u00f3pez, Yasmin, entrevista de Ninoska Alonzo.\u00a0<em>Situaci\u00f3n de las mujeres campesinas en Honduras ante la emergencia del COVID-19<\/em>\u00a0(abril del 2020).<\/p>\n<p>[25] Shiva, Vandana.\u00a0<em>\u00bfQui\u00e9n alimenta realmente al mundo? El fracaso de la agricultura industrial y la promesa de la agroecolog\u00eda<\/em>. Madrid: Capit\u00e1n Swing, 2018.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escrito por Ninoska Alonzo, feminista y colaboradora del CESPAD 1 de mayo, 2020 Con la propagaci\u00f3n del COVID-19, el mundo entero busca una sola cosa: inmunidad. Ante un virus que ha mostrado la fragilidad de todo lo que conocemos hasta ahora, lo m\u00e1s seguro para permanecer inmunes es el estado de confinamiento [1]. O m\u00e1s bien, el confinamiento nos brinda la sensaci\u00f3n de seguridad y bienestar. Esta inmunidad ilusoria se traduce en dos cosas: por un lado, la cuarentena, como acto de protecci\u00f3n individual, tambi\u00e9n nos inmuniza y nos aleja de la comunidad; por otro lado, la inmunidad de la cuarentena nos da la autoridad de sacrificar o desechar otras vidas, las vidas de quienes no cumplen con la cuarentena al pie de la letra porque no tienen opci\u00f3n. Las condiciones m\u00ednimas que se requieren para cumplir la cuarentena a cabalidad incluyen acceso a agua potable, un salario fijo (o una renta b\u00e1sica universal), y el acceso gratuito al equipo de bioseguridad. En Honduras, el porcentaje de la poblaci\u00f3n que tiene el poder adquisitivo para cumplir con estas condiciones es de apenas el 11%, perteneciente a las capas medias y altas [2]. Lo cierto es que aqu\u00ed, en el Tercer Mundo, hay millones de personas que no est\u00e1n confinadas. Por el contrario, siguen trabajando en los sectores productivos estrat\u00e9gicos para la econom\u00eda nacional, y hay muchas otras que arriesgan sus vidas diariamente, garantizando alimentos a sus comunidades y a las ciudades que pasan por la situaci\u00f3n m\u00e1s cr\u00edtica ante los elevados niveles de contagio. Y, como en todo escenario de cat\u00e1strofe, las mujeres se llevan la peor parte. El redescubrimiento de las mujeres en el Tercer Mundo En un escrito anterior [3], se hizo referencia a que, en la d\u00e9cada de los setentas, el neoliberalismo propici\u00f3 un nuevo proceso de acumulaci\u00f3n capitalista que permiti\u00f3 al sistema econ\u00f3mico maximizar sus capacidades productivas. Para que esto fuese posible, el capital transnacional configur\u00f3 una nueva Divisi\u00f3n Internacional del Trabajo, donde las mujeres del Tercer Mundo, aunque hist\u00f3ricamente expulsadas de la esfera productiva y confinadas al trabajo reproductivo, fueron incorporadas a cuatro sectores estrat\u00e9gicos en este nuevo proceso de acumulaci\u00f3n: las industrias manufactureras a gran y peque\u00f1a escala, la agricultura, la industria del sexo, y la prestaci\u00f3n de servicios. Hay dos cosas que es pertinente desarrollar. En primer lugar, el\u00a0Tercer Mundo\u00a0emergi\u00f3 como una categor\u00eda que defini\u00f3 el papel de los pa\u00edses del sur global en el marco de la Guerra Fr\u00eda, pa\u00edses que sirvieron como tablero de ajedrez de las potencias hegem\u00f3nicas capitalistas y socialistas [4]. Sin embargo, seg\u00fan los te\u00f3ricos de la dependencia de la segunda mitad del siglo XX, esa relaci\u00f3n entre el norte y el sur estuvo definida por\u00a0estadios de desarrollo desiguales\u00a0entre las grandes potencias y los pa\u00edses \u201csubdesarrollados\u201d [5]. Esto coloc\u00f3 a los pa\u00edses del Tercer Mundo en una posici\u00f3n perif\u00e9rica y marginal, y permiti\u00f3 que se estableciera una nueva relaci\u00f3n de coloniaje e intercambio desigual entre nuestros pa\u00edses productores de materias primas baratas, y los pa\u00edses del primer mundo como consumidores altamente industrializados. En segundo lugar, no es casualidad alguna que las mujeres hayan sido incorporadas a estos sectores productivos, que han mostrado ser los m\u00e1s propensos a la sobreexplotaci\u00f3n y precarizaci\u00f3n de la vida. Como explica Mar\u00eda Mies, las mujeres forman la mano de obra \u00f3ptima porque al d\u00eda de hoy est\u00e1n definidas universalmente como \u00abamas de casa\u00bb, no como trabajadoras; esto implica que su trabajo, ya sea en la producci\u00f3n de mercanc\u00edas o de valor de uso, se oculta, no se considera como \u00abtrabajo libre\u00bb, sino que es definido como una \u00abactividad generadora de ingresos\u00bb, de ah\u00ed que pueda ser comprado a un precio mucho menor que el trabajo masculino. La l\u00f3gica econ\u00f3mica de esta\u00a0domestificaci\u00f3n\u00a0del trabajo femenino es la tremenda reducci\u00f3n de los costes de producci\u00f3n [6]. En otras palabras, la nueva DIT es tambi\u00e9n una nueva Divisi\u00f3n Sexual del Trabajo. Y ante la emergencia del COVID-19 y las consecuencias sociales y econ\u00f3micas que trae consigo, nos interesa detenernos un poco a pensar en un sector productivo que, en aras de atenuar el hambre que deja la crisis del nuevo coronavirus sumado a d\u00e9cadas de abandono estatal, se vuelve prioritario: la agricultura. Las mujeres alimentan al pa\u00eds En la Divisi\u00f3n Internacional del Trabajo, la agricultura fue una actividad otorgada al Tercer Mundo. La agricultura, sobre todo la que implica producci\u00f3n a gran escala, se organiza por medio de cadenas agroalimentarias, que van desde productores, distribuidores, vendedores, hasta consumidores. En nuestro pa\u00eds, esta actividad econ\u00f3mica est\u00e1 conformada por varios rubros, donde las mujeres est\u00e1n insertas en cada uno de los eslabones de la cadena, mayoritariamente en el \u00e1rea de producci\u00f3n, distribuci\u00f3n, y venta. Entre ellos, destacan: La producci\u00f3n de cultivos comerciales a gran escala para su exportaci\u00f3n.\u00a0En Honduras, el aceite de palma africana y sus refinados representan 365 millones de d\u00f3lares del valor de las exportaciones del pa\u00eds, m\u00e1s del 50% consumidas por Pa\u00edses Bajos [7]. Aunque la participaci\u00f3n de las mujeres en la cadena de producci\u00f3n de palma africana es baja, la contaminaci\u00f3n del entorno, la proliferaci\u00f3n de enfermedades y la militarizaci\u00f3n de las zonas de producci\u00f3n las convierte en las afectadas directas por el monocultivo de palma [8]. Por otro lado, el caf\u00e9 constituye un 26% de las exportaciones (sin maquila), o sea, 1,115 millones de d\u00f3lares, mayoritariamente consumido por Alemania (27%) y Estados Unidos (25%) [9]. Para la cosecha 2005-2006, el IHCAFE report\u00f3 que 12,635 mujeres eran due\u00f1as de fincas de caf\u00e9 en el pa\u00eds [10], y para el 2017, m\u00e1s de 20,000 mujeres se encontraban en toda la cadena de producci\u00f3n [11], con pagos precarios y fluctuantes. El trabajo de las mujeres en las plantaciones.\u00a0En Honduras, solo en la cadena hortofrut\u00edcola, la participaci\u00f3n de las mujeres es del 45%, en la producci\u00f3n, transporte, empaque, embalaje y comercializaci\u00f3n. En la cadena acu\u00edcola, el 35% de la mano de obra en la producci\u00f3n de camar\u00f3n y el 25% en la producci\u00f3n de tilapia, es femenina. En la cadena de l\u00e1cteos, la participaci\u00f3n de las mujeres<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":558,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[9],"tags":[11,12,10],"class_list":["post-555","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-noticias","tag-cespad","tag-honduras","tag-mujeres"],"rttpg_featured_image_url":{"full":["https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/MUJERES-F1-01-10-15-1440x900_c-696x435-1.jpg",696,435,false],"landscape":["https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/MUJERES-F1-01-10-15-1440x900_c-696x435-1.jpg",696,435,false],"portraits":["https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/MUJERES-F1-01-10-15-1440x900_c-696x435-1.jpg",696,435,false],"thumbnail":["https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/MUJERES-F1-01-10-15-1440x900_c-696x435-1-150x150.jpg",150,150,true],"medium":["https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/MUJERES-F1-01-10-15-1440x900_c-696x435-1-300x188.jpg",300,188,true],"large":["https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/MUJERES-F1-01-10-15-1440x900_c-696x435-1.jpg",696,435,false],"1536x1536":["https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/MUJERES-F1-01-10-15-1440x900_c-696x435-1.jpg",696,435,false],"2048x2048":["https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/MUJERES-F1-01-10-15-1440x900_c-696x435-1.jpg",696,435,false],"mailpoet_newsletter_max":["https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/MUJERES-F1-01-10-15-1440x900_c-696x435-1.jpg",696,435,false]},"rttpg_author":{"display_name":"MUj2025","author_link":"https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/author\/muj2025\/"},"rttpg_comment":0,"rttpg_category":"<a href=\"https:\/\/cespad.org.hn\/mujeres\/category\/noticias\/\" rel=\"category tag\">Noticias<\/a>","rttpg_excerpt":"Escrito por Ninoska Alonzo, feminista y colaboradora del CESPAD 1 de mayo, 2020 Con la propagaci\u00f3n del COVID-19, el mundo entero busca una sola cosa: inmunidad. 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