Por: Nancy García Abre las puertas de su hogar contando anécdotas ocurrentes. Prepara té con diferentes hiervas y mientras nos invita a sentarnos a la mesa, comienza a narrar historias que inducen a soltar las carcajadas de quienes la acompañan. En cada elocución hay personajes olvidados que ella decide volver a nombrar. Y así, entre risas y recuerdos, Kenia Sevilla, de la tribu Tolupana de Agalteca, nos cuenta sobre su vida y sus afanes a favor del respeto de los derechos humanos de las mujeres de su grupo étnico. Kenia no habla solo a través de su voz. Su cuerpo se mueve y parece una celebración constante pese a la realidad que viven las mujeres de la Tribu a la que pertenece. Esta mujer se mudó hace ochos años a la comunidad de Agalteca, una comunidad ubicada a dos kilómetros del norte de Olanchito. Aquí hay casas construidas de cemento, la mayoría pintadas en amarillo y rojo. Hay muy pocas erigidas de adobe. “Mi mamá decidió volver a sus raíces”, dice, porque así fue como Kenia regresó a su comunidad. Fue su madre quien decidió comprar el terreno y cada domingo, a las cinco de la mañana, en compañía de su esposo, visitaban aquel lugar con las paredes levantadas y los silencios presentes. Con el trabajo y el esfuerzo compartido, hoy tienen su hogar. En el viven con su hijastra, los animales, sus plantas y sus luchas. Kenia Sevilla, al momento de ser entrevistada. Foto: Nancy García/CESPAD “Tuve una niñez muy feliz” Kenia es hija de un obrero de la Standard Fruit Company, y una madre dedicada al trabajo doméstico no remunerado. Su vida cambió cuando su padre decide irse a los Estados Unidos, cuando apenas era una niña con once años. Su madre también toma la decisión de partir tras el “sueño americano”, cuando era una adolescente de quince años. La madre de Kenia creció en otra comunidad de la Tribu de Agalteca, en Sabaneta. Su abuelo quería que su madre estudiara, por eso se mudaron a Olanchito y allí tuvo una infancia muy feliz. “Tuvimos muchas, muchas dificultades, pero supieron darnos lo necesario”, destaca Kenia. Las compañías de esta joven eran las hermanas de su madre y su abuela materna. El dinero no alcanzaba en el hogar, por lo que determinaron que ninguno de sus hijos e hijas asistieran al kínder. Ingresaron a la escuela pública Joaquín Reyes Tejeda en Olanchito. Sus estudios secundarios fueron divididos entre los colegios Francisco Mejía y el Guillermo Moore. Y después, cerca de las playas y el calor de Trujillo estudió Educación Primaria. Su adolescencia estuvo dedicada al estudio y concentrada en los aprendizajes de su abuela materna, quien le enseñó a cocinar, a combinar plantas para elaborar recetas con recuerdos de sus ancestras. “No hice nada más. Aprendí a cocinar por mi abuela que vendía pan cuando se rezaba los novenarios. Antes se tenía la costumbre que lo que hacían los abuelos o sus padres a usted lo ponían. No como ahora, los padres hacen y los hijos están acostados”, comenta Kenia con tristeza en su rostro. Secretaria del Concejo de la Tribu Tolupana de Agalta Instalada en la comunidad, Kenia conoció a familiares que compartían su mismo vínculo. Esos familiares lejanos, la invitaron a formar parte de una Caja Rural, espacio que le gustó e inspiró para involucrarse en la lucha de la Tribu Tolupana de Agalteca. En esas reuniones y primeros acercamientos, Kenia cargaba en sus manos una libreta. “Ellos miraron que siempre llevaba cuaderno para apuntar lo que decían”, recuerda. Su primo Arlen es el actual presidente y le propuso ser la secretaria del Concejo, idea que la deslumbró. En el 2019, en una asamblea, el sueño se hizo realidad. Kenia fue nombrada como la nueva secretaría. Desde ese espacio se da cuenta que a la mayoría de las mujeres de la Tribu las inmoviliza el desconocimiento y el olvido de su historia, debido a la imposición de otras formas de vivir su cultura. Así supo que es una de muchas mujeres que no habla Tol, la lengua de la Tribu Tolupán. «Los antepasados eran tan celosos que no compartían. Había personas que hablaban Tol, pero no la compartieron”, señala, mientras medita que esa una de luchas que las mujeres pueden retomar para mantener viva su lengua. Otro de las luchas conquistadas es la integración de mujeres en el Concejo de la Tribu. “Este año tenemos la bendición de que el Concejo de Tribu de Agalteca estamos siete mujeres conformándolo, y un varón, de los ocho miembros que somos”, enfatiza. El Concejo fue elegido mediante asamblea y uno de los requisitos principales es ser indígena. “Los ladinos incorporados tienen voz, pero no voto”. Foto: Nancy García/CESPAD   Recuperar los territorios es recuperar su identidad Para Kenia, entre las principales luchas, el Concejo tiene que reforzar la identidad tolupana, el estudio por los convenios internacionales y leyes nacionales que protegen y garantizan el derecho a permanecer en sus territorios. “Estudiar sobre el Convenio 169 y la más grande lucha es por recuperar nuestros territorios”, destaca. Desde el 2019, cuando fue nombrada secretaria, Kenia se ha enfrentado a tres juicios por la recuperación de los territorios. “Hay unas familias a las que el Estado les dio títulos sobre nuestros títulos ancestrales. Ese es el pleito, recuperar nuestros territorios. Incluso hay dos o tres colonias de Olanchito que pertenecen a nuestra tribu. Que están dentro de nuestro mapa”, enfatiza. A través de la realización de actividades y la solidaridad de otras organizaciones, han contratado abogados para recuperar los territorios. La defensa del territorio ha traído persecución, amenazas con armas y hostigamiento. “Hemos hecho denuncias ante el Ministerio Público, la Fiscalía de las Etnias, porque ellos a los abogados los amenazaron con armas para que no nos siguieran ayudando. Hubo una vez que derrumbaron cartas. Hay títulos desde 1914, imagínese. Hace tiempos”, recuenta Kenia. Kenia no ha sido víctima directa de persecución, pero el Concejo del periodo anterior, fue atemorizado por