Escrito por René Estrada Descargar informe en PDF 69 años después de que las mujeres conquistaron el derecho al sufragio, en 2022, Xiomara Castro se convirtió en la primera mujer en asumir la presidencia de Honduras. El hecho marca un gran avance en la participación política de las mujeres, sin embargo, casi siete décadas después, persisten retos y desafíos que obstaculizan el pleno acceso a sus derechos políticos y humanos, entre ellos la violencia que enfrentan por ser mujeres. En Honduras, de acuerdo con representantes de organizaciones de mujeres, persiste una cultura patriarcal que promueve estereotipos que asocian a los hombres con la esfera pública y con acceso al poder. Mientras, a la mujer se le encasilla en la esfera privada, doméstica, familiar, de servicio y sin acceso a recursos y menos a poder. Pero, cuando las mujeres participan en política y hacen una ruptura con los roles tradicionales de género, comienza la violencia y la discriminación. Las mujeres organizadas consideran que Honduras es un país pequeño que ha normalizado y tolerado la violencia política contra las mujeres. Pero, las dinámicas que sufren las mujeres de las zonas urbanas y rurales no son precisamente las mismas, aunque se mantengan similitudes y patrones. En ese escenario, se vuelve urgente que desde el Estado y los entes que rectoran los partidos y procesos políticos electorales se avance hacia la mejora de los marcos legales, se estudien y monitoreen las problemáticas, se implementen mecanismos para el acceso a la justicia, y la reparación y prevención de daños que históricamente han ocasionado una deuda política y social con las mujeres. Un “castigo” por romper con el status quo Los datos relacionados con la violencia hacia las mujeres, los femicidios e impunidad son escalofriantes. De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para abril del 2024, Honduras ocupaba el primer lugar a nivel latinoamericano y el quinto a nivel mundial en cuanto a feminicidios. Mientras, según registros de organizaciones de derechos humanos nacionales, impera una tasa de impunidad mayor al 95% en estos casos. La Primera Encuesta Nacional Especializada sobre la Violencia contra las Mujeres y de Niñas de 15 años y más (ENESVMN), del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) del 2022, establece que más de la mitad de las mujeres hondureñas han enfrentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida, ya sea física, psicológica, sexual, o patrimonial y discriminación. Además de la violencia por razón de género, a nivel político, pese a que Honduras cuenta en la actualidad con la primera mujer presidenta del país y la segunda presidenta de la Corte Suprema de Justicia (electa con criterios de paridad de género que lograron que 8 de las 15 personas magistradas fueran mujeres), el panorama de participación no es alentador, aunque ostentan el 54% del padrón electoral. En el Congreso Nacional apenas 35 de los 128 escaños son ocupados por una mujer. Mientras, a nivel local, solo 20 de las 298 corporaciones municipales son dirigidas por una alcaldesa. Esta tendencia se mantiene a nivel de secretarías de Estado: apenas 8 de las 31 son encabezadas por una mujer. Pese a la poca representación de mujeres en espacios de poder y de toma de decisión, en el proceso electoral de 2021 se registró un fuerte aumento en la violencia física, verbal y/o psicológica en contra de la mujer que, de acuerdo al Observatorio Nacional de la Violencia (ONV) del Instituto Universitario en Democracia, Paz y Seguridad (IUDPAS), anuló e impidió el pleno ejercicio de sus derechos políticos. La violencia contra mujeres de zonas urbanas “Un político me encerró en contra de mi voluntad por más de una semana, casi secuestrada, en Valle de Ángeles”, testificó una de las mujeres que fue entrevistada para el estudio Impacto de la violencia política hacia las mujeres con enfoque de interseccionalidad. Estudio de caso en las áreas urbana y rural, realizado por el Centro de Estudio para la Democracia (CESPAD), en el marco del trabajo que realiza junto al Centro de Estudios de La Mujer-Honduras (Cem-H) y el Foro de Mujeres Políticas (FMPH). Estas tres organizaciones conformaron el Consorcio de Mujeres Unidas por Honduras (Comunh), una estructura que tiene como objetivo mejorar la participación de las mujeres en espacios políticos para llegar a una real incursión y erradicar la violencia política hacia las mujeres, con el apoyo del Instituto Nacional Demócrata (NDI, por sus siglas en inglés). La entrevistada pertenece a un grupo de mujeres del sector urbano que forma parte de la esfera política de Honduras y que participaron en grupos focales o cedieron entrevistas para documentar el estudio. El 100% de estas mujeres ha sido candidata a un cargo de elección popular. El estudio, que también se documentó con una encuesta que se aplicó a las participantes, establece que, a nivel urbano, las mujeres que participan en política sostienen relaciones de pareja, son madres, profesionales universitarias, en su mayoría con posgrado; algunas de ellas cuentan con negocios propios. En otras palabras, son personas con responsabilidades múltiples a nivel personal y profesional. Sin embargo, sus logros no las exime de sufrir violencia política en razón de género. Las mujeres que representan a los sectores urbanizados del país, en el ejercicio de sus derechos políticos-electorales, se enfrentan a violencia psicológica, económica, sexual, física y simbólica, esta última tipología de violencia la reciben a través de medios de comunicación y redes sociales. Pero, principalmente, estas mujeres enfrentan abusos de poder por parte de quienes integran las estructuras partidarias. Más en específico, este grupo de mujeres enfrenta violencia ejercida por los “dueños y líderes” de los partidos políticos en los que militan. “Cuando una hace el trabajo de hormiga, saca la lista, ordena el salón, cuando pone las mesas, prepara el pastel, llama a la gente, ahí no pasa nada. Pero cuando esa mujer, que ha servido de hormiga, que ha hecho su trabajo, empieza a pedir un espacio dentro de la toma decisiones, ahí empezamos a estorbar y ahí es donde empieza