Escrito por Claudia Mendoza En colaboración con Paula Servellón Así empezó David Núñez, un comentario que quedó plasmado en la publicación de la página de Facebook de la Comunidad de Mujeres Unidas por Honduras (COMUNH). Sus palabras, cargadas de polémica, son similares a las expresiones del usuario Lion Thovashenko, quien escribió “Vayan a lavar platos viejas borrachas”, o al comentario de Juan Pérez (@juanperezfaed) en la red X, quien afirmó “Viejas pendejas, si no votan es porque nadie las quiere, tienen la mitad en papeletas de elección y quieren más para robar”. ¡Hay muchos más! Estos son solo tres de docenas de comentarios vulgares, cargados de odio y de deslegitimación hacia las mujeres y los derechos que se promulgan a través de las campañas que ha realizado el Centro de Estudios de la Mujer-Honduras (CEM-H), el Centro de Estudio para la Democracia (CESPAD), OXFAM-Honduras y la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo (AECID). Este conglomerado de organizaciones ejecuta el proyecto Nosotras Construyendo Democracia: Ciudadanía Activa de las Mujeres en Honduras, con el objetivo de Fortalecer la democracia y las políticas públicas a favor de los derechos de las mujeres en Honduras. También, Promover la participación política de las mujeres en procesos democráticos pre y post electorales. Pero alcanzar esos objetivos no es nada fácil. Las redes sociales se han convertido en medios de comunicación globales que han opacado a los medios de comunicación tradicionales, y aunque expanden mensajes que, en casos como este, pretenden contribuir al fortalecimiento de los derechos de las mujeres, chocan con un imponente muro: el desprecio, el descrédito, la deslegitimación, la crueldad y la ignorancia de un porcentaje importante de la comunidad online. La cibermisoginia Con el advenimiento de la internet y el posterior nacimiento de las plataformas sociales, comenzó también el surgimiento de una diversidad de grupos y activistas de toda índole, incluyendo los grupos o comunidades de mujeres organizadas que también encontraron en las redes sociales una forma de visibilizar sus problemas, distribuir mensajes relativos a la reivindicación de sus derechos humanos y colectivos, y al fomento de propuestas que colocan sus objetivos en la discusión público-digital. Sin embargo, las plataformas sociales se convirtieron en una extensión de los espacios presenciales y de los medios de comunicación tradicionales en donde habían sido y siguen siendo atacadas constantemente. A las agresiones que las mujeres reciben en las redes sociales, los expertos le denominan cibermisogonia, y se define como la generación de discursos de odio que reproducen la discriminación, desigualdad y violencia contra las mujeres a través de burlas, insultos o amenazas en las redes sociales[1]. Las plataformas sociales, también llamadas redes sociales, son sitios web y aplicaciones que permiten a los usuarios crear perfiles, conectarse con otras personas, compartir contenido (texto, fotos, videos, enlaces) y participar en grupos o comunidades virtuales desde cualquier lugar del planeta. Esto facilita que la mujer que se atreve a colocar mensajes relacionados con la reivindicación de sus derechos (cuestionando las desigualdades y la violencia que enfrenta este segmento poblacional) sea atacada con crueldad. Muchas mujeres, incluso, han recibido amenazas de muerte. Un ejemplo conocido es el caso de la activista y abogada feminista Lidia Falcón[2], quien ha recibido ataques de odio en redes sociales por su labor en defensa de los derechos de las mujeres y proponer causas feministas. También sobresale el caso de Ophelia Pastrana[3], la científica y activista trans – feminista, quien defiende los derechos de las mujeres, especialmente de las mujeres trans, y promueve la diversidad de género en la ciencia y la tecnología. Ophelia es la primera mujer transgénero naturalizada en México; ha sido duramente atacada en redes sociales por su identidad y por su activismo, en especial por sectores conservadores y grupos antiderechos. ¿Qué tienen en común estas mujeres? Se pregunta Claudia Pedraza Bucio cuando cita el nombre de varias mujeres que han sido objeto de campañas de odio en su ensayo Cibermisoginia en las redes sociodigitales: claves para el análisis desde la masculinidad. La respuesta: El atrevimiento de colocar su voz en el ciberespacio para hablar de discriminación, desigualdad y violencia de género. Pedraza Bucio analiza las agresiones en las redes sociodigitales como un mecanismo de masculinidad que normaliza la violencia de género e inhibe las posibilidades de participación de las mujeres en la discusión pública. También analiza las plataformas sociodigitales como espacios donde convergen múltiples voces, con consensos y disensos que robustecen la discusión pública, pero que a la vez generan prácticas discursivas que atentan contra sectores específicos, como el caso de las mujeres. El espacio digital es una herramienta valiosa para posicionar las voces las mujeres, sin embargo, también se convierte en terreno fértil para que la violencia, la misoginia y la burla se traduzcan en impunidad, sobre todo en países como Honduras donde no se cuentan con marcos normativos protectores que blinden a las mujeres de este tipo de ataques. ¡Las campañas y los ataques! Situémonos en Honduras. Cada vez que las mujeres organizadas en consorcios, alianzas o plataformas, han hecho esfuerzos por visibilizar sus luchas reivindicadoras de derechos en espacios dentro de la sociedad, incluyendo los espacios político-electorales (que históricamente les ha pertenecido a los hombres), los ataques son colosales. Entre el mes de abril y junio de 2025, las organizaciones aglutinadas en COMUNH realizaron varias campañas. La primera estuvo relacionada con la visibilización del proyecto y en ella se destacaron las demandas que engloba la Agenda de las Mujeres y Feministas y los objetivos del proyecto Nosotras Construyendo Democracia: Ciudadanía Activa de las Mujeres en Honduras. Semanas después se realizó otra campaña que promovió el lanzamiento de la Escuela de Liderazgo Interpartidario, una iniciativa que tiene como objetivo promover la participación política de las mujeres a través del fortalecimiento de las capacidades de las aspirantes a cargos de elección popular, en una diversidad de temáticas, entre las que se incluye la formulación de iniciativas de ley ante el Congreso Nacional. También, se lanzó una iniciativa digital que visibilizó los retos que enfrentan las mujeres cuando carecen de condiciones laborales equitativas en relación con los hombres. El