Escrito por Ninoska Alonzo, feminista y colaboradora del CESPAD 1 de mayo, 2020 Con la propagación del COVID-19, el mundo entero busca una sola cosa: inmunidad. Ante un virus que ha mostrado la fragilidad de todo lo que conocemos hasta ahora, lo más seguro para permanecer inmunes es el estado de confinamiento [1]. O más bien, el confinamiento nos brinda la sensación de seguridad y bienestar. Esta inmunidad ilusoria se traduce en dos cosas: por un lado, la cuarentena, como acto de protección individual, también nos inmuniza y nos aleja de la comunidad; por otro lado, la inmunidad de la cuarentena nos da la autoridad de sacrificar o desechar otras vidas, las vidas de quienes no cumplen con la cuarentena al pie de la letra porque no tienen opción. Las condiciones mínimas que se requieren para cumplir la cuarentena a cabalidad incluyen acceso a agua potable, un salario fijo (o una renta básica universal), y el acceso gratuito al equipo de bioseguridad. En Honduras, el porcentaje de la población que tiene el poder adquisitivo para cumplir con estas condiciones es de apenas el 11%, perteneciente a las capas medias y altas [2]. Lo cierto es que aquí, en el Tercer Mundo, hay millones de personas que no están confinadas. Por el contrario, siguen trabajando en los sectores productivos estratégicos para la economía nacional, y hay muchas otras que arriesgan sus vidas diariamente, garantizando alimentos a sus comunidades y a las ciudades que pasan por la situación más crítica ante los elevados niveles de contagio. Y, como en todo escenario de catástrofe, las mujeres se llevan la peor parte. El redescubrimiento de las mujeres en el Tercer Mundo En un escrito anterior [3], se hizo referencia a que, en la década de los setentas, el neoliberalismo propició un nuevo proceso de acumulación capitalista que permitió al sistema económico maximizar sus capacidades productivas. Para que esto fuese posible, el capital transnacional configuró una nueva División Internacional del Trabajo, donde las mujeres del Tercer Mundo, aunque históricamente expulsadas de la esfera productiva y confinadas al trabajo reproductivo, fueron incorporadas a cuatro sectores estratégicos en este nuevo proceso de acumulación: las industrias manufactureras a gran y pequeña escala, la agricultura, la industria del sexo, y la prestación de servicios. Hay dos cosas que es pertinente desarrollar. En primer lugar, el Tercer Mundo emergió como una categoría que definió el papel de los países del sur global en el marco de la Guerra Fría, países que sirvieron como tablero de ajedrez de las potencias hegemónicas capitalistas y socialistas [4]. Sin embargo, según los teóricos de la dependencia de la segunda mitad del siglo XX, esa relación entre el norte y el sur estuvo definida por estadios de desarrollo desiguales entre las grandes potencias y los países “subdesarrollados” [5]. Esto colocó a los países del Tercer Mundo en una posición periférica y marginal, y permitió que se estableciera una nueva relación de coloniaje e intercambio desigual entre nuestros países productores de materias primas baratas, y los países del primer mundo como consumidores altamente industrializados. En segundo lugar, no es casualidad alguna que las mujeres hayan sido incorporadas a estos sectores productivos, que han mostrado ser los más propensos a la sobreexplotación y precarización de la vida. Como explica María Mies, las mujeres forman la mano de obra óptima porque al día de hoy están definidas universalmente como «amas de casa», no como trabajadoras; esto implica que su trabajo, ya sea en la producción de mercancías o de valor de uso, se oculta, no se considera como «trabajo libre», sino que es definido como una «actividad generadora de ingresos», de ahí que pueda ser comprado a un precio mucho menor que el trabajo masculino. La lógica económica de esta domestificación del trabajo femenino es la tremenda reducción de los costes de producción [6]. En otras palabras, la nueva DIT es también una nueva División Sexual del Trabajo. Y ante la emergencia del COVID-19 y las consecuencias sociales y económicas que trae consigo, nos interesa detenernos un poco a pensar en un sector productivo que, en aras de atenuar el hambre que deja la crisis del nuevo coronavirus sumado a décadas de abandono estatal, se vuelve prioritario: la agricultura. Las mujeres alimentan al país En la División Internacional del Trabajo, la agricultura fue una actividad otorgada al Tercer Mundo. La agricultura, sobre todo la que implica producción a gran escala, se organiza por medio de cadenas agroalimentarias, que van desde productores, distribuidores, vendedores, hasta consumidores. En nuestro país, esta actividad económica está conformada por varios rubros, donde las mujeres están insertas en cada uno de los eslabones de la cadena, mayoritariamente en el área de producción, distribución, y venta. Entre ellos, destacan: La producción de cultivos comerciales a gran escala para su exportación. En Honduras, el aceite de palma africana y sus refinados representan 365 millones de dólares del valor de las exportaciones del país, más del 50% consumidas por Países Bajos [7]. Aunque la participación de las mujeres en la cadena de producción de palma africana es baja, la contaminación del entorno, la proliferación de enfermedades y la militarización de las zonas de producción las convierte en las afectadas directas por el monocultivo de palma [8]. Por otro lado, el café constituye un 26% de las exportaciones (sin maquila), o sea, 1,115 millones de dólares, mayoritariamente consumido por Alemania (27%) y Estados Unidos (25%) [9]. Para la cosecha 2005-2006, el IHCAFE reportó que 12,635 mujeres eran dueñas de fincas de café en el país [10], y para el 2017, más de 20,000 mujeres se encontraban en toda la cadena de producción [11], con pagos precarios y fluctuantes. El trabajo de las mujeres en las plantaciones. En Honduras, solo en la cadena hortofrutícola, la participación de las mujeres es del 45%, en la producción, transporte, empaque, embalaje y comercialización. En la cadena acuícola, el 35% de la mano de obra en la producción de camarón y el 25% en la producción de tilapia, es femenina. En la cadena de lácteos, la participación de las mujeres
Emilia Ventura: la indígena que lucha contra el abandono de Nahuaterique
Recorrió cientos de kilómetros para asistir al Primer Encuentro de Pueblos y Comunidades: Hacia un Estado intercultural en Honduras. Su rostro develaba una alegría y gratitud por estar rodeada de defensoras; su cabello corto y rizado, su piel marrón, su peculiar mirada que denota firmeza y sus palabras cargadas de seguridad y dignidad, son parte de la esencia de Emilia Ventura, mujer indígena y guardiana de la tierra. Emilia nació en 1977, en Nahuaterique, cuando aún era territorio de El Salvador. Pero en 1992 la Corte Internacional de Justicia, con sede en la Haya, Holanda, emitió un fallo a través del cual otorgó al Estado de Honduras 160 kilómetros cuadrados de tierra fronteriza que estaba el litigio con El Salvador, pasando este a ser parte del territorio nacional. El fallo puso fin a la disputa jurídica entre los dos Estados pero dejó a las personas de comunidades enteras con una nueva nacionalidad, con muchas interrogantes y sin garantías de sus derechos. Tratando de buscar las respuestas y el cumplimiento de los acuerdos se encuentra Emilia, una de las mujeres que lidera la lucha emprendida por la recuperación de tierras, el respeto de los bienes comunes de la naturaleza y la independencia de Nahuaterique. “Fue tan duro para mí” Emilia es hija de padre y madre con nacionalidad salvadoreña. Al igual que ella, muchos de sus cercanos tienen doble nacionalidad. Ella creció escuchando las detonaciones de todo tipo armas, rodeada de injusticias pero muy unida a la naturaleza. Tenía doce años cuando inició la guerra en El Salvador. “Para mí fue tan difícil porque no podíamos estudiar, no habían maestros, escuelas, todo fue destruido”, recuerda. Sus primeros pasos estuvieron en las que llama “milicias”; se integró a las filas del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), estructura en la que se dedicaba a la creación de materiales que evidenciaban la situación de la guerra y las desigualdades que vivían los campesinos y campesinas. “El ERP era una de las estructuras que estaban dentro del departamento de Morazán en El Salvador. Organizábamos a los jóvenes y mujeres. Las mujeres cubrían lo logístico, tratando de buscar igualdad en las tierras, era un trabajo organizativo, más de hacerle conciencia a la juventud”, comenta. Para Emilia, la guerra civil de El Salvador le marcó su vida y dejó heridas a flor de piel por la pérdida de familiares y amigos. “Perdí a un primo, se llamaba Santiago. Fue tan duro para mí. Y Perdí dos primos hermanos”. Además recuerda los abusos cometidos por los terratenientes que tenían como esclavos a los campesinos y cada vez que lograban ahorrar cierta cantidad de dinero para buscar su libertad, eran asesinados. La sub-cordinadora del Concejo Indígena Municipal y Comunitario Con el respaldo de más de siete mil pobladores y pobladoras de Nahuaterique, Emilia fue elegida como sub-coordinadora del Concejo Indígena Municipal y Comunitario, el pasado 21 de Octubre. Pero ella no va sola, otras mujeres integran las secretarías y juntas prometen hacer que los gobiernos cumplan con las responsabilidades de la comunidad y el respeto de los derechos de las mujeres para erradicar la violencia en los territorios. Uno de los problemas más visibles de Nahuaterique es que la población no cuenta con una identidad. Solo en el 2010 el Registro Nacional de las Personas de Honduras (RNP) emitió 63 identidades. “Este conflicto lo venimos atravesando hace 27 años y que las autoridades de Honduras no nos han dado respuesta. Ambos países quedaban comprometidos a velar y resolver los problemas que hubieran dentro del territorio”, señala. “Desde el 2012 comenzamos a formar los concejos indígenas municipales y comunitarios y de ahí viene el autogobierno que tenemos. No se van a permitir partidos políticos en el territorio, con esto no decimos que se han cerrado las puertas para el Estado de Honduras, estamos abiertos a dialogar”. Para Emilia, la poca o nula voluntad política del Estado de Honduras se refleja diariamente al no tener acceso a salud, educación de calidad, transporte y la no garantía de la titulación de las tierras de ella y su comunidad. “Los tres centros de salud que tenemos están descentralizados. Les dan referencias para que se vayan a El Salvador. El Estado de Honduras no se hace responsable. Hay hecho cambios de maestro. Nunca han llegado con plazas. Vamos a exigirle a Honduras que como pueblos indígenas tenemos que tener una educación de calidad. Cada tres meses están cambiando maestros. Solo ofrecen una carrera agroforestal. Tenemos 27 personas que estudian en El Salvador a distancia. De El Salvador se les asignado transporte. Honduras no les garantiza un trabajo”. Rebelde y firme, esta indígena ha señalado la criminalización que sufren las parteras en la zona y la falta de educación sexual. “El 5% de mujeres embarazadas son menores de edad. Ellas van a parir a El Salvador. A las parteras se les multa con 500 lempiras”. Y por eso, cansada de las mentiras de las autoridades locales, ha echado sus pasos andar para hacer de Nahuaterique un municipio que responda a las demandas de la ciudadanía. Guardiana de los ríos También es parte del Movimiento Independiente Indígena Lenca de La Paz Honduras (MILPAH). Emilia se ha enfrentado a La empresa propiedad de la diputada del Congreso Nacional de Honduras, Gladys Aurora López, denominada “Encino 1”. López ha querido instalar una hidroeléctrica sobre el Río Chinacla. Emilia Ventura. Por la cercanía que tiene con la naturaleza y las ganas de querer dejar un mundo diferente para las futuras generaciones, va sembrando y cosechando esperanzas de la mano de quienes son solidarios. “Para mí es dejarle un heredero a mi familia, a mi pueblo que amo. Mi lucha ha sido que se gana con esfuerzo, he sido amenazada, discriminada, en algunos medios de comunicación en Honduras y El Salvador”. Agrega que aunque el gobierno les reprime ellos se amparan en el convenio 169 de la OIT. “Para mí es dejarle un heredero a mi familia, a mi pueblo que amo, mi lucha ha sido la que se gana con
A más de un siglo de conmemoración del día internacional de la mujer ¿qué pasa en Honduras?
La historia más conocida sobre la conmemoración del 8 de marzo, como día internacional de la mujer, refiere a las 146 mujeres que murieron calcinadas en 1908. Eran trabajadoras de la fábrica textil Cotton de Nueva York y murieron por las bombas incendiarías que les lanzaron ante la negativa de salir de la fábrica. Protestaban por los bajos salarios y las malas condiciones de trabajo. ¿Qué ha cambiado desde entonces en el mundo de los derechos de las mujeres? Tres beligerantes defensoras de los derechos de las mujeres en Honduras nos dan un breve panorama en este país. Jessica Sánchez: la impunidad sigue siendo grave “Estamos conmemorando el día de lucha de las mujeres; recordamos cómo encerraron a las mujeres en Estados Unidos por exigir sus derechos laborales. Es un día de lucha”, dice la Directora del Grupo de la Sociedad Civil y miembro de la Coalición Todas, agrupación que defiende derechos de las mujeres en Honduras. Jessica Sánchez / GSC Para Sánchez, a un año más de conmemoración de este día, hay dos obstáculos que enfrentan las mujeres con matices de gravedad en Honduras: “uno es la violencia, los homicidios y la impunidad que existe sobre esos casos, que es cada vez mayor. En segundo lugar, la violencia sexual que provoca los embarazos en adolescentes no deseados y que es un tema que no se aborda”, dijo. En medio de esas situaciones, Sánchez cuestiona otros patrones siniestros que han ido cobrando vigencia en torno a las mujeres. “Los casos de asesinatos de niñas y mujeres se elevan más y los forenses explican que los casos que llegan a Medicina Forense, son los más graves. Presentan desgarres, lesiones, enfermedades de transmisión sexual, entre otros”. Algo que preocupa a las organizaciones es también la violencia hacia las mujeres que se ejerce simultáneamente en los hogares, en la comunidad y en el trabajo. Siguiendo con la pequeña radiografía de la situación de las mujeres, Sánchez dice que la ausencia de participación política es otro problema que enfrentan. “Salen muchos menos electas las mujeres en este período, que lo que fue el 2013 y eso debe llamar la atención, porque se deben ganar más espacios y no perderlos”, dijo. Coincidente con los argumentos de la feminista, un informe del Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y El Caribe resalta que Honduras está en desequilibrio, sólo un 21.1% de mujeres obtienen escaños en el Congreso, cuando la cuota que se exige es del 40%. “Ni el programa político feminista antes de las elecciones de noviembre del 2017, ayudó a que más mujeres fueran diputadas. La cifra descendió 4,7 puntos porcentuales”, refirió. Noemy Dubón: muchos derechos ganados han sido quitados Noemí Dubón es integrante del Foro de Mujeres por la Vida y afirma que no hay por qué celebrar. Para esta feminista, si bien la ardua lucha de las mujeres en Honduras ha dejado en el camino muchos derechos conquistado, muchos se han ido aboliendo. “Por ejemplo el derecho al uso de anticonceptivos, como las píldoras de emergencia”, sostuvo. Noemí Dubón / Foro de Mujeres por la Vida Dubón coincide con Sánchez cuando de cuestionar el acceso de las mujeres en la participación política se refiere, al igual que el acceso al derecho a la salud plena. “No tenemos una participación en la toma de decisiones y tampoco hay atención médica y prevención de enfermedades como el cáncer de útero y mama. Hay mucho camino que recorrer en el país”, dijo. Son muchos los temas que para Noemí deben estar en agenda, pero el más importante es evitar la impunidad de los asesinatos de mujeres, que forman parte de la mora judicial. Merly Eguigure: Las mujeres necesitamos el ejercicio pleno de ciudadanía Para la coordinadora del Movimiento de Mujeres por la Paz “Visitación Padilla”, Merly Eguigure, el mayor reto que tiene la mujer en Honduras es el desarrollar el ejercicio pleno de la ciudadanía. ¿Qué implica ese ejercicio? Eguigure dice: “tenemos derecho a vivir una vida libre de violencia, participación igualitaria en los espacios de toma de decisiones, salario igualitario, acceso a la tierra y al crédito. Ni un femicidio más”. Merly Eguigure y Gladys Lanza (QEPD) / Visitación Padilla Se conmemoran luchas, dijo, pero no se tienen motivos para celebraciones. “Mientras vivamos como personas de tercera categoría, menospreciadas y relegadas al último lugar en las decisiones gubernamentales, no se puede celebrar este día”, cuestionó. Tanto Jessica, Noemy y Merly, consideran que el contexto de Honduras refleja la falta de paridad que abre una brecha entre hombres y mujeres. Las entrevistadas insisten en decir que las mujeres en el país cohabitan en un mundo lleno de violencia machista, una brecha salarial importante, abusos sexuales, el escaso acceso a los puestos de poder, las tradiciones patriarcales, acoso laboral y trabas en la educación. Pobreza y falta de oportunidades, un binomio siniestro La pobreza es otra situación que afecta directamente a las mujeres. Datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPALl), determina que por cada 100 hombres que viven bajo esa condición, hay 118 mujeres que no logran generar sus propios ingresos. En América Latina las mujeres son las que perciben menos salarios, no reciben remuneración por el trabajo en el hogar y tienen poco tiempo para estudiar o crecer profesionalmente. Las mujeres son que se sacrifican por todos y a las que más le cuesta acceder a recursos, pese a que en un elevado porcentaje, son la cabeza del hogar. Por eso, hay una causa común que une y moviliza a las mujeres en países como Honduras y es la hacer valer y respetar sus derechos, porque a pesar de las conquistas alcanzadas, todavía hay una deuda importante pendiente. El informe del Foro Económico Mundial del 2018, afirma que se necesitarán al menos 100 años para cerrar la brecha de género a nivel mundial. Si bien es cierto que el siglo XXI deja como saldo muchos retos que alcanzar y obstáculos que vencer, también hereda mujeres con mucho más
¿Son necesarias las parteras en el siglo XXI?
Redacción: Equipo de CESPAD Edición: Claudia Mendoza Adelfia Girón tiene 65 años de edad. Comenzó a ser partera desde los 20 años. Sus manos han ayudado a llegar al mundo a más de 400 niños y niñas y pese a que muchas jóvenes y mujeres embarazadas de las comunidades remotas de Intibucá, Honduras, no tienen acceso a centros asistenciales, a ella y a muchas parteras más, se les tiene prohibido ejercer esta práctica ancestral. Adelfia Girón. La experiencia de las parteras son heredadas de sus antepasadas. Adelfia decidió empezar con su labor cuando era una joven y allí se dio cuenta de la felicidad que le generaba ser partera y ayudar a traer al mundo a los hijos de las mujeres más pobres de la zona. «A los 20 junté el primer parto en una montaña; a la muchacha le pegaron dolores. Me hablaron, yo la cubrí y ajunté el niño y lo recogí y de allí aprendí”, recuerda. Adelfia es una mujer reconocida en la zona por su práctica. La mayoría de mujeres y jóvenes deciden recurrir a ella por su apoyo incondicional; su bondad la ha posicionado como una de las parteras más comprometidas. “Yo las aconsejo a ellas. Hay cipotas que están débiles del cuerpo, ellas de afligidas no comen. Les digo yo bueno ustedes van a comenzar a beber lechita para el embarazo, toda clase de verduras, y van a tener un apoyo de mí. Yo les doy un apoyo y les digo que no se aflijan”, comenta. Sus ojos pequeños se llenan de luz y esperanza al desempolvar cada una de las palabras de las mujeres que han dado a luz con su ayuda. “A la hora que estén yo las llevo al centro a hacer los primeros auxilios y de allí ellas van aprendiendo cómo se van a desarrollar y de allí ellas, y al final les doy un apoyo cuando van a tener a su niño. Yo las llevó al materno y si no pueden tener allí las llevó a la Esperanza al hospital”, agrega. La mayoría de partos que Adelfia ha acompañado son menores de edad, niñas entre 14, 15, 16 y 17 años. Para esta sexagenaria partera, es en las escuelas y colegios donde más niñas se embarazan debido a que las y las jóvenes comienzan a tener relaciones sexuales sin protección y temprana edad. Mientras nos comentaba revivía como miró a una niña de catorce años dar a luz en una de los caseríos de Jesús de Otoro, departamento de Intibucá. El Estado las reconoce como parteras, pero les niega el derecho a ejercer Hasta hace poco, las parteras de Intibucá podían realizar su trabajo sin ningún impedimento, pero esto cambió radicalmente cuando una de las doctoras del hospital gestionó para que se les brindase una identificación/reconocimiento, que solo les permite guiar a las mujeres embarazadas a qué centro de salud deben recurrir para su parto. “Primero, como nos daban esa capacidad de que nosotras miráramos mujeres, nos daban una valijita; nos daban todo el material. Cómo le dijera, un vestuario para que nosotras hiciéramos los partos, pero ya hoy no porque como está el materno, están los hospitales, nosotras tenemos que recibir las ordenes de la doctora. Yo voy a las reuniones y la doctora Pamela dijo, cuidado usted van asistir un parto, cuando miren a una mujer embarazada y que las visité a ustedes, apóyenla y tráiganla al centro de aquí; nosotras la remitimos al hospital. Y hoy ese es el trabajo que hacemos”, cuenta. “Si yo encuentro una mujer en el camino con dolores y miro que ya va a tener, yo la recojo en su momento y yo dejo de ir a la casa y yo la traigo donde los médicos. Ese es el trabajo que nos ha quedado. Solamente que sea una urgencia, que siempre un niño no dé tiempo. Pero siempre se remite a los hospitales”, señala Adelfia. Amor y bondad: las características de Adelfia A adelfia ninguno de los cerca de 400 niños y niñas que ayudó a llegar al mundo, se le murió. Todos y todas viven. El amor, la bondad y la magia de sus manos han sido factores fundamentales que han influido en la vida de los recién nacidos. Con mucha alegría rememora que “allí están todas las mujeres (las que atendió), ya de una edad conmigo”. Yo miré mujeres que tuvieron 16 hijos en mis manos y ella están en esas montañas, en los Alpes. Intibucá, uno de los departamentos con altos índices de pobreza Intibucá, Choluteca, Lempira, Ocotepeque, Santa Bárbara, La Paz y Gracias a Dios son algunos de los departamentos que albergan a los pobladores de los 40 municipios más pobres de Honduras. Intibucá tiene más de 250 mil habitantes. El 51% son mujeres. De esta cantidad de habitantes solo el 1% tiene acceso a la educación superior. Además, solo cuenta con el hospital general Enrique Aguilar Cerrato y unos 12 centros de salud para todo el departamento, que se encuentra en condiciones precarias. Esta situación limita el derecho que tiene la ciudadanía a la salud y obliga a las mujeres embarazadas a recurrir a métodos tradicionales, como el acompañamiento de las parteras. “Un trato bastante agradable, suave diría yo, y sencillo siempre planteando soluciones y nunca complicaciones” Alexandra Suazo es una joven espigada, cabellos cortos y un color de piel cálido. A los 22 años quedó embarazada. Fue para ese entonces que tomó la decisión de tener a su hijo en compañía de una partera. Una de las motivaciones es la confianza que le han generado los saberes ancestrales. “Al final te das cuenta que muchas prácticas científicas en las distintas disciplinas son las mismas que podría recomendarte una partera. La única diferencia que sin tanto tecnicismo de por medio”, dice. Para ella, las parteras persiguen el bienestar de la madre y, en cambio, los doctores siguen procesos mecánicos aprendidos en la academia. Dice que no tiene nada en contra de la academia, pero está
¡Huye! …una casa refugio puede salvarte la vida
Por: Nancy García Edición: Claudia Mendoza Si tu pareja te golpea, te maltrata de diversas maneras o lo peor, ha estado a punto de asesinarte y nadie, absolutamente nadie te ha brindado un espacio y apoyo para salir de esa situación, ¿qué harías? En el año 2018 se registraron 50 mil 231 denuncias de violencia doméstica en el Sistema Nacional de Emergencia, a nivel nacional. Muchas de las mujeres que denuncian son maltratadas por sus parejas o por otros miembros de la familia. Algunas corren con la peor suerte y son asesinadas. Es urgente que se alejen o huyan de sus parejas y hogares, pero ¿a dónde ir? A pesar de la negación por parte del Estado de Honduras, de brindar condiciones seguras y dignas para las mujeres, las casas refugios son un espacio esencial para resguardar y reconstruir sus vidas cuando son atacadas por sus parejas, cuando han sido víctimas de violencia sexual, o cuando la vida de sus hijos e hijas también corre peligro. Pese a su importancia en esta problemática, en Honduras apenas existen siete casas refugios, ubicadas en los departamentos de Cortés, Copán, Intibucá, Choluteca, Francisco Morazán y Atlántida. Una casa refugio puede ayudar a mantener lejos a las mujeres de sus agresores, sin embargo, las organizaciones de mujeres y feministas luchan desde hace algún tiempo para que desde el Estado y gobierno se apruebe una Ley y se destinen fondos para la creación y financiamiento de casas refugios. “De estas siete casas, tres son de organizaciones no gubernamentales y cuatro son municipales. La municipalidad les ayuda con algo. Las mejores condiciones las tienen las de la ong’s, por supuesto, porque gestionamos más. En otras, los alcaldes se han olvidado de traspasar la ayuda que necesitan, los alcaldes nombran personal, lo cambian, lo quitan y eso no puede suceder en una casa refugio”, cuestiona Ana Cruz, Directora de Casa Nova, una casa refugio que brinda ayuda a muchas mujeres sobrevivientes de violencia. Silvia, un caso que ejemplifica las necesidades de las casas refugio Foto: Pixabay Para ejemplificar las inmensas necesidades que tienen las casas refugios, Ana rememora el triste episodio de una mujer a la que llamaremos Silvia, una sobreviviente de violencia doméstica a quien su pareja le cortó la mano y le propinó 14 machetazos, dejándola en un estado de salud crítico. Para resguardar su vida se vieron obligadas a pedir financiamiento externo porque el Estado ha hecho caso omiso a las peticiones de apoyo presentadas para atender este y muchos otros casos más. ¿Cuáles fueron las necesidades de Silvia? Ana dice que los servicios médicos porque ella quedó inmóvil debido a uno de los machetazos que le fue asestado en su cabeza. “Conseguimos que alguien nos pagará los servicios de una enfermera. Ocupamos una cama especialmente para ella, un colchón de agua. Solo allí son como 25 mil lempiras, más una tomografía, más todo. Esas son las necesidades de una casa refugio; casi nunca se consigue el financiamiento. Hemos pedido ayuda y desde el Estado no nos dan esa ayuda que necesitamos”, cuestiona la entrevistada. Ana agrega que también se necesita personal sensibilizado con la problemática de las mujeres para que comprendan y brinden un mejor acompañamiento al proceso de empoderamiento de las sobrevivientes de violencia para que cuando dejen las casas refugio, se defiendan de sus parejas con total autonomía y el conocimiento de sus derechos. De las siete casas que hay a nivel nacional, dice Ana, apenas una fue construida con un modelo específico, apto para casa refugio. “En el caso nuestro, tenemos un equipo multidisciplinario de trabajadoras sociales, psicólogas, abogados, terapeutas ocupacionales, encargadas de las terapias motrices de ellas. Tenemos en los turnos de la noche y los fines de semana un pequeño equipo para ayudar a las otras mujeres en las casas refugios”. Las demás casas refugio operan en casas particulares que rentan y que han ido adecuándose para brindar atención con calidad. Un espacio seguro para las mujeres Una de las casas que tiene mayor afluencia es la de Francisco Morazán, porque allí no solo se atienden casos de violencia doméstica o violencia sexual, también trata de mujeres y, además, es la única organización que atiende casos de desplazamientos por violencia. “Nosotras anualmente en Casa Nova estamos recibiendo casi 200 mujeres al año con sus hijos e hijas. Estamos hablando de una población de casi quinientas personas al año de todas las casa refugio; al año son 400 mujeres las que se atienden”, indica la entrevistada. El período para permanecer en la casa refugio es de tres meses pero si la situación es por desplazamiento forzado les permiten quedarse el tiempo que sea necesario para que las mujeres puedan buscar un espacio donde sentirse seguras. Mientras, reciben asistencia psicológica. Menores de edad, también son atendidas en casa refugio de Intibucá La llamaremos Norma, una menor de edad quien junto a su madre, en el municipio de Intibucá, tuvo que albergarse en una casa refugio. La jovencita tuvo que huir de su propio hogar debido al hostigamiento sexual que recibía por parte de su padre. El refugio al que acudieron es el que provee la organización Intibucana de mujeres Las Hormigas. Psicóloga Maritza Cedillo / Foto: Dulce Villanueva Maritza Cedillo es psicóloga y realiza una labor titánica en la organización Las Hormigas. Atiende a menores de edad que han vivido diversos tipos de violencia en sus hogares, al igual que mujeres adultas. En esta casa se registran pocos ingresos, debido a que las mujeres, pese al ciclo de violencia, muchas veces deciden regresar con sus parejas. Eso no significa que se les cierran las puertas para regresar a la casa refugio cuando lo necesiten, aclara Cedillo. De acuerdo con Maritza, es importante que las mujeres se informen sobre la violencia que viven porque ellas la consideran normal. “Nosotras le podemos brindar algún tipo de asesoramiento tanto legal como psicológico o darles acompañamiento a interponer una denuncia si ellas tienen miedo de denunciar, porque es lo que ocurre a veces.
Suyapa Ramírez: la lideresa Chortí que está entre una y mil luchas
Derribó barreras para demostrar que las mujeres también pueden ser lideresas y, desde el mes de mayo del año 2018, Suyapa Ramírez, una indígena de la comunidad de El Barbasco en Copán Ruinas, Honduras, fue electa en como la Consejera Mayor Nacional del Consejo Nacional Indígena Maya Chortí (Conimch). En Asamblea Extraordinaria y en medio de una elección salpicada de machismo, muchos de los hombres se oponían a estar bajo la dirección de una mujer, pero Suyapa se impuso y quedó al mando de la organización. A nueve meses de su elección, confiesa que ha querido “tirar la toalla”, que en dos ocasiones ha renunciado, porque pese a que la mayoría de hombres la apoya, todavía hay un grupo que le hace la vida de “cuadritos”. “A tres meses de mi elección como Consejera Mayor de la etnia, dividieron la organización y nombraron a otro compañero como Consejero. Hoy hay dos frentes y eso ha interferido para que se ejecuten proyectos para las comunidades. Planificamos una Asamblea Ordinaria y allí que definan si continuamos o no al frente”, expresó Suyapa Ramírez. Ahora, el principal objetivo de esta lideresa indígena, de hablar pausado y mirada serena, es la unidad. Ella está convencida que hay capacidad en las mujeres Chortís y que si la Asamblea decide que ella continúe al frente de la organización su meta será capacitar a sus compañeras en las aldeas, para que ellas también se conviertan en las futuras lideresas de la organización. “Mi interés es capacitar a las mujeres en participación ciudadana porque en las comunidades las mujeres tienen temor de ser parte de las directivas porque hay hombres. El machismo impera y se le tienen miedo. Pero mi meta es buscar espacios para demostrar que los hombres no son superiores a las mujeres. Hay que capacitarse, ese es el camino para que nuestras mujeres demuestren todo el potencial dormido que tienen”, sostiene. Foto: La Prensa / Movilización de CONIMCH Quebrantada pero decidida a seguir luchando por su pueblo Suyapa asegura que Dios es el que le ha dado fuerzas para seguir adelante, para mostrar que tiene toda la capacidad de dirigir el Consejo Indígena y no niega que hay momentos en los que ha querido desmayar. “Dios me ha dado fuerzas para no llorar y seguir adelante. No son todos los hombres en mi contra, son pocos los que me quieren sacar, pero esos pocos son machos completos”, refirió la lideresa Chortí. Antes de ser Consejera Mayor de la etnia, Suyapa ocupó cargos como Secretaria y Tesorera de la Caja Rural de Barbasco, Secretaria de la Junta de Agua y luego pasó a ser Consejera Menor Regional de la Mujer en la Conimch. Esa trayectoria le valió para que tuviera el apoyo de un buen sector de la etnia que exigía nuevas autoridades, ante las anteriores, que aseguran, no rendía informes de las actividades ni de los fondos que manejaban. Pese a que asoma una nueva elección, Suyapa sigue siendo la candidata más fuerte para relegirse. “Son las mismas comunidades las que me piden que no abandone el cargo. Hay un líder que me mantuvo humillada, me hostigó para que me fuera y un día agarré valor y le dije: no soy su mujer, ni soy su dama, ni novia ni nada para que me humille. Ni en mi casa sufro esos maltratos que me da en la oficina. Estaba dispuesta a irme, pero cuando toda la gente se paró en la Asamblea y dijeron que me apoyaban, se me rodaron las lágrimas. Me dijeron que no era yo la que me iría, y así me quedé”, dijo con tono emotivo, reviviendo ese episodio. Suyapa está casada, tiene cinco hijos y dos nietos. Ella cumple sus roles de esposa, madre y líder; tiene esperanzas de cambiar el futuro de las mujeres ya que en sus comunidades los que se gradúan son los hombres porque las mujeres están destinadas solo a cuidar a de sus familias. No se concibe que salgan de las aldeas, que se ganen la vida trabajando fuera del hogar y mucho menos que dirijan organizaciones. Cambiar ese panorama es por lo que Suyapa está luchando y aunque enfrenta obstáculos, poco a poco va moldeando una historia distinta, reafirmándole a las mujeres indígenas Chortí que son capaces de ser lideresas en sus comunidades y de ayudar a sacar del abandono y pobreza a sus comunidades.
Eva Sánchez: la Hormiga que resiste y lucha por los derechos de las mujeres en Honduras
Por: Nancy García / Edición: Claudia Mendoza Su rostro devela los rasgos de su ancestral cultura Lenca. Es pequeña, como las demás indígenas que habitan en el departamento de Intibucá, pero la fuerza, la creatividad, la consistencia y el tesón que caracterizan a Eva Sánchez, explican el por qué dirige una de las organizaciones defensoras de derechos de mujeres más beligerantes en el occidente de Honduras. Nos sentamos en un tronco seco tirado en el suelo, debajo de árboles frutales. Nuestra plática se hacía acompañar por el concierto de los animales propios del lugar. El clima gélido de La Esperanza era perfecto para escuchar de Eva y escribir una corta semblanza de una de las mujeres que ha expuesto su vida por defender los derechos y la vida de otras. La organización que dirige es la organización Intibucana de Mujeres Las Hormigas, un nombre proveniente de la Biblia, comenta Eva. Las mujeres de la organización le hacen honor a su nombre porque son silenciosas, apasionadas, solidarias entregadas. Aunque cansadas, sacan fuerzas de flaquezas para continuar, pero su trabajo es invisibilizado igual que el que realizan las mujeres en otras zonas del país; cada día es una oportunidad para empujarse, andar en conjunto. Si una hormiga se detiene las otras la empujan, afirma. Eva es la hormiga lideresa que nació en Intibucá. Su infancia fue como la de muchas niñas de esta zona, cargada de mucho trabajo y con poco tiempo para jugar. La irresponsabilidad de su padre la privó del amor de su madre, ya que ella tuvo que movilizarse a Tegucigalpa, San Pedro Sula y otras ciudades en donde realizó trabajos domésticos. Debido a que su madre tenía que trabajar, a Eva le tocó reemplazar su papel y cuidar de sus tres hermanas y dos hermanos, junto con su abuela. “Mi abuela fue prácticamente nuestra madre, a quien todos le decíamos mamá, porque fue quien nos crío. Ella tenía que hacer otras actividades para poder educarnos, lavaba ropa ajena, hacía pan y tortillas para vender y nosotras apoyábamos en todo eso”, comenta Eva. Eva Sánchez. Directora de la Organización Intibucana de Mujeres «Las Hormigas». Al entrar en los pensamientos de esta inquieta mujer y llevarla épocas atrás, los recuerdos que afloran son las visitas al río, pues aunque tenía que lavar ropa ese era el escenario perfecto para bañarse, chapotear en el agua o nadar. Era quizás uno de los pocos momentos para sentirse niña plenamente, porque al regresar a casa tenía que hacer la cena, por eso aprendió a hacer tortillas desde muy pequeña. Hoy, Eva, la mayor de sus hermanas y hermanos, tiene 48 años y es madre de 3 mujeres y 1 varón. A pesar de no ser una madre expresiva, dice que ama mucho a los suyos, por eso les acompaña en su andar, les plática de sus vivencias y experiencias, y les invita a ser solidarios con la humanidad. Siempre les recalca que el dinero no debe ser la meta más alta en sus vidas, sí, la solidaridad, el amor y el respeto por las personas. Procura tener conversaciones seguidas con su hijo para que no sea reproductor de violencia y con sus 3 hijas habla de la libertad e independencia, para que puedan alcanzarla. El Hormiguero de Eva Con una mochila cargada de sueños, esperanzas, anhelos y un recorrido de hasta más de ocho horas de camino para llegar a las comunidades del Municipio de San Francisco de Opalaca, siempre en Intibucá, Eva comenzó en sumergirse en el mundo de la defensa de derechos humanos a través de la Asociación para el Desarrollo Rural de Honduras (ADROH). “Trabajé en Municipalidad de la Esperanza con un proyecto que se llamaba gestión municipal con enfoque de género. Allí empezamos a trabajar en temas como: la planificación estratégica de género, políticas municipales de género. La Esperanza fue el primer municipio de Intibucá, no diría a nivel nacional, pero sí a nivel Departamental que tuvo una política municipal de género”, rememora Eva. En el Octubre del 2000 junto a otras mujeres que pertenecían a diferentes organizaciones comunitarias, y municipales se organizó la Primera Marcha Departamental de Mujeres en Contra de la Pobreza y la Violencia hacia las mujeres, en la que se elaboró una “Propuesta de Demandas contra la Violencia y Pobreza”, que fue entregada a las Autoridades Municipales de Intibucá, Yamarangila y La Esperanza. A partir de ese momento se siente la necesidad de crear una agrupación de mujeres que dé seguimiento al cumplimiento de las demandas establecidas en la propuesta, Así nació La Organización Las Hormigas, comenta. Desde Las Hormigas no solo se dio seguimiento a la propuesta, sino también al cumplimiento de otros objetivos encaminados a mejorar la situación de discriminación y desigualdad de las mujeres. Las mujeres de escasos recursos económicos del Departamento de Intibucá, se convirtieron en el público meta. Para ello comenzaron a coordinar con las autoridades municipales de la zona, con operadores (as) de justicia, Oficinas Municipales de las Mujeres, entre otras estructuras e instancias estatales. La Agenda Estratégica Municipal de las Mujeres Eva Sánchez, Directora de la Organización Intibucana de Mujeres «Las Hormigas». Sus peleas son diarias. Las batallas por incorporar en las agendas municipales la agenda de las mujeres para que se respalden, se reconozcan y se respeten sus derechos son algunos de los desafíos que la impulsan a mantener en pie una utopía que poco a poco se ha ido haciéndose realidad. El trabajo de Las Hormigas ha ido dejando un legado, probablemente insuperable en la zona. A la fecha han logrado que al menos 4 municipalidades del departamento de Intibucá incluyeran en sus planes municipales, la que denominan “Agenda Estratégica Municipal de las Mujeres”. La Agenda de las Mujeres plantea temas sensibles, problemas que viven las mujeres en la zona pero que Las Hormigas presentan con una propuesta de solución: Institucionalidad y Gobernabilidad Democrática con Enfoque de Equidad de Género; Derecho a la Participación Ciudadana, Social y Política de Las Mujeres; Derecho de las Mujeres a la Paz
¡Abrí las piernas!…los abusos sexuales de las trabajadoras domésticas en Honduras
Por: Signy Fiallos y Claudia Mendoza Como si formara parte de sus deberes en el servicio doméstico remunerado, muchas mujeres son obligadas por sus patrones a tener sexo. Otras son violadas sexualmente o acosadas por el patrón, el hijo del patrón y a veces hasta por las patronas. No hay registro puntual de cuántas mujeres sufren abusos sexuales en Honduras, pero sí testimonios que hacen visible una situación silenciosa y muy dolorosa. Contar este tipo de episodios resulta hasta vergonzoso para muchas de las mujeres del servicio doméstico remunerado. Eso, más el hecho de que esta situación acontece detrás de las paredes de una vivienda, hacen presuponer que nada puede evitarlo. Las historias que a continuación narramos no fueron sacadas de la imaginación de quienes escribimos. Cambiamos el nombre de las protagonistas por razones obvias, pero los hechos que aquí se cuentan son reales. “Te acostas conmigo o te mato” La llamaremos Esperanza. Asociamos el seudónimo dado a la protagonista de esta historia porque eso alberga ella en su interior: la esperanza de que la situación de las mujeres del servicio o trabajo doméstico remunerado en Honduras, cambié algún día. Dos veces, dos patronos distintos, intentaron abusar sexualmente de ella. “Gracias a Dios”, dice, “solo me manosearon y me sacaron el susto”. Hoy quiso contar su caso para que se sepa lo que viven ellas en las cuatro paredes de ese mundo privado, de los impenetrables muros de esa nebulosa. Esperanza llegó a la colonia Villa Olímpica, en Tegucigalpa, proveniente de Yuscarán, oriente de Honduras. Trabajó 3 meses en una casa en la que cuidaba a dos niños de 11 y 5 años de edad. La madre de los pequeños viajaba contantemente al norte de Honduras, pero el patrón tenía un horario irregular vendiendo autos semiusados, que importaba desde los Estados Unidos, por eso llegaba a la casa a la hora que él deseara. “Desde que llegué a trabajar vi cómo me miraba y me decía cosas”, contó Esperanza, mientras agregó que así comenzó a asediarla. Se trataba de hallarla sola. “Lo primero que hacía era quitarse la ropa y comenzar a caminar en calzoncillos y caminaba para que lo viera, hasta que un día se me acercó y me apretó contra su cuerpo y me restregó su pene; me decía que fuéramos al cuarto”. Esperanza lo amenazaba con contarles a su esposa y a una vecina que tenía de amiga la familia; así lograba evitar que abusara de ella. Recuerda que un día mientras lavaba el baño, su patrón llegó sorpresivamente. Se acercó, la atrajo por la fuerza hacia su cuerpo y comenzó a tocarla. Y mientras intentaba arrastrarla por los brazos y pelo, y pretendía bajarle sus pantalones, se escucharon los gritos de los hijos del patrón, llamándola desde afuera. “Él no sabía que ese día los niños vendrían temprano de las clases y eso lo puso nervioso y salió corriendo a ponerse la ropa. Yo me fui a abrirles, los abracé y le di gracias a Dios. Ese día dormí con ellos porque mi patrona no estaba y me dio miedo que se metiera a mi cuarto a violarme”, contó. Ese breve episodio se había repetido en reiteradas ocasiones, pero ese mes esperó hasta el día en que recibió su sueldo. Salió de aquella casa y nunca más regresó. “Abrí las piernas o te meto un tiro” “De las brasas, Esperanza cayó al fuego”. Al dejar el trabajo anterior esta mujer, hoy de 44 años, nos narró que fue a trabajar a Prados Universitarios, otra colonia ubicada en Tegucigalpa, en donde cuidó un bebé de 8 meses. “Al principio todo iba bien, pero cuando mi patrona no estaba, el patrón comenzó a tocarme cuando estaba en la cocina, o en el cuarto. Yo no sé, pero a veces creo que los hombres se aprovechan de la humildad de uno. Es como si saben que uno es miedoso”, dice, mientras sigue contando que allí solo estuvo dos meses. Sin embargo, ese fue suficiente tiempo para sufrir otra racha de vejámenes. Su acosador la vigilaba y esperaba a que su esposa saliera para intentar seducirla, pero al obtener resistencia como respuesta, como ocurrió en una oportunidad, la metía por la fuerza en su cuarto. “Una vez me tiró a la cama y él se me tiró encima. “Abrí las piernas”, me decía, mientras intentaba desabrocharse sus pantalones. Pero la situación se le complicó porque no pudo coordinar el quitarse sus pantalones y taparle la boca a la joven para evitar que los gritos que daba, se escucharan por los vecinos. Esperanza atribuye a la “divina providencia” el que su patrón no la haya violado ese día. Sin esperarlo, un guardia de seguridad de la colonia llegó a tocar la puerta y al ver que nadie abría, comenzó a llamar por su nombre al patrón de Esperanza. “Yo no tenía con quien hablar y con los guardias comenzamos a hacernos mis amigos. Me contaron que tuviera cuidado que el patrón porque tenía fama de acosar a las trabajadoras y fue cuando decidí contarles lo que yo vivía”. Esperanza afirma que el guardia le dijo, momentos después del percance, que al ver que su patrona se había ido presintió que algo podría estar pasando. Por eso llegó y tocó la puerta con insistencia. Esperanza aprovechó el momento para salir de la casa hasta que su patrona regresara. Al día siguiente se fue y abandonó ese trabajo. Nancy y un patrón que la “manoseaba” Nancy hoy es una mujer de 25 años, tiene una hija de nueve y es originaria de un pueblo al sur de Francisco Morazán. Su vida laboral, en la que ha conocido abusos, incluyendo los sexuales, comenzó a sus escasos 12 años, cuando fue llevada por su madre a Tegucigalpa, a trabajar como empleada doméstica en una casa en la que tenía que hacer la limpieza y cuidar a una pareja de dos adolescentes, mayores que ella. “Yo no sabía hacer nada, mi patrón no tenía esposa
2019, un año con un nuevo patrón de agresión sexual hacia las mujeres
“Luchas Feministas, Avances y Retrocesos”, se llamó el conversatorio que, en el marco de la conmemoración de los 65 años del reconocimiento al derecho al voto a las mujeres, realizó el Colectivo de Mujeres Hondureñas (CODEMUH). La reflexión fue interesante y los resultados alentadores y a la vez preocupantes. Las mujeres de la zona norte del país que se reunieron en el conversatorio coincidieron en que los altos índices de femicidios, la exclusión, discriminación, la violencia doméstica y las agresiones sexuales continúan siendo los abusos que enfrentan a diario las mujeres hondureñas por su condición de género. Sin embargo, son situaciones que a la vez permiten a las organizaciones de mujeres mantenerse unidas, para continuar avanzando en la conquista de derechos históricamente negados. María Luisa Regalado / Directora de CODEMUH “Hay una tendencia de las autoridades, responsables de tomar decisiones y definir políticas públicas a bajar, disminuir derechos de las mujeres y no a cumplir o aumentar esos derechos”, dijo María Luisa, directora de la CODEMUH. Datos importantes para comprender la gravedad de la situación, son los altos índices de femicidios que se han presentado apenas en lo que va del 2019. Se enlistan 19 femicidios y crímenes de mujeres, 15 perpetrados con un nuevo patrón de agresión sexual, según datos del Observatorio de Derechos Humanos de las Mujeres, del Centro de Estudios de la Mujer (CDM). “El nivel de crueldad es mayor también. Las mujeres, previo a ser asesinadas, son mutiladas, son torturadas sexualmente e incluso la última modalidad es matar no a una sino en colectivo y además frente a sus niños y niñas, que es otro nivel de tortura para la mujer. Saber que la están asesinando y que su niña o niño está viendo, es lo más duro para una mujer cuando es asesinada”, agregó Regalado. En el conversatorio se destacó que la impunidad continúa siendo la “eterna aliada” de los femicidios y crímenes contra las mujeres en Honduras. De hecho, la auditoría social de la CODEMUH y la Tribuna Especial Contra los Femicidios, establece un dato preocupante y perseverante: entre el 96% y 98% de los asesinatos y femicidios permanecen en la impunidad. “Cuando las autoridades no hacen su trabajo de ir a capturar al agresor, de dar el tratamiento según lo que establece la Ley de Violencia Doméstica, lo que sigue es un femicidio y esa es responsabilidad de las autoridades que no están haciendo su trabajo”, agregó Regalado. Avances y retrocesos El espacio de discusión sirvió también para refrescar en la memoria las luchas que por años han sostenido las mujeres y feministas organizadas. Aquí se coincidió en que se ha avanzado, pero porque algunos derechos ganados han sido el resultado de presiones y sacrificios de las mujeres. “Las mismas leyes que existen a favor de las mujeres han sido producto de esas luchas, La Ley contra la Violencia Doméstica, la Ley de Igualdad de Oportunidades, todo lo que tiene que ver con que la violencia doméstica no sea del mundo privado sino que salga, que sea un problema de política pública, es el resultado del trabajo nuestro”, sostuvo la defensora de derechos de mujeres de la maquila. Para las mujeres que convergieron al taller, el Estado y gobierno de Honduras tienen una deuda pendiente: hace falta colocar la violencia doméstica como tema en la agenda pública y que las autoridades vinculadas a los crímenes mujeres y femicidios brinden respuestas. Jessica Sánchez, Directora del Grupo de la Sociedad Civil (GSC) y miembro de la Coalición Todas, señaló que parte de los avances son los pactos y alianzas que han realizado y que les han permitido encontrarse para abordar temas como: la violencia, participación política, el aborto, un tema que hasta la fecha es penalizado en Honduras, entre otros más en los que se ha ido avanzando. Jessica Sánchez Uno de los logros fundamentales que más han generado impacto dentro de los grupos de mujeres feministas es que aunque persiste el miedo por alzar la voz, esto no ha sido un factor que paralice y encierre a las mujeres en sus hogares, las que poco a poco van apropiándose de la necesidad de denunciar las agresiones y sus agresores. Los retos Para el reconocimiento de los derechos de las mujeres aún queda mucho camino que recorrer y retos por alcanzar, concuerdan las participantes. Parte de esos retos son: una aplicación justa y condenatoria de los crímenes de mujeres y femicidios; la inclusión de sanciones para la violencia intrafamiliar, protección política hacía las defensoras de derechos humanos, los pactos éticos entre feministas, entre otros que tienen como finalidad lograr que las mujeres vivan una vida sin miedo, sin esclavitud, ni ataduras patriarcales. Para Regalado, los retos implican trabajar de la mano con algunos retrocesos que se han dado, tal es el caso de la aprobación del nuevo Código Penal, que estipula una baja de penas a los agresores de mujeres; la Ley de Trabajo Temporal que no garantiza la permanencia en un empleo y la discriminación por enfermedad y por edad a la que se enfrentan las mujeres. “Continuamos en la lucha y ese es un avance”, concluyeron las mujeres.
Las mujeres campesinas hondureñas nos enseñan “cómo se pegan botones”
Escrito por: Claudia Mendoza No tienen la “varita mágica”. Sin embargo, en medio de la crisis generada por la pandemia, las mujeres campesinas de diversas zonas del país nos enseñan “cómo se pegan botones”. Y es que pese al eterno marginamiento de las políticas agrarias y a la falta de apoyo gubernamental, las campesinas nos cuentan cómo sus cultivos y cosechas, al igual que sus prácticas ancestrales y comunales, han sido la única seguridad alimentaria para sus familias. Las trincheras de las mujeres campesinas sin tierra Cada 15 días el grupo de mujeres se reúne en medio del sofocante calor de El Triunfo, en Choluteca, sur de Honduras. Sandra Zulema Ochoa es una de las lideresas en la “12 de Febrero”, una aldea que sirve de lugar de reunión para las bases de mujeres campesinas de poblados como San Antonio, Las Pilas, La Peña, Marcovia, Tres Piedras y Río Grande, entre otras. “Nos reunimos en esta crisis; nos hemos estado reuniendo para ver qué se hace o cómo actuamos para no sufrir”, dice Zulema, mientras ahonda en la descripción del objetivo de los círculos de reuniones que en condición de amigas, campesinas y socias hacen. Y es que, “ojo”, no es una reunión cualquiera. Estas mujeres se juntan para intercambiar experiencias, intercambiar lo que cultivan en las parcelas de los alrededores de sus casas; ofrecerle apoyo a la que se queda rezagada. En suma, analizar la sobrevivencia de sus familias, “porque gracias a Dios, por esta parte, tenemos gallinitas, pollitos y en sus casas y patios, cada socia siembra su maíz”. Sandra Zulema Ochoa, lideresa campesina en el Triunfo, Choluteca, Honduras. En el sur de Honduras, estas mujeres integran alrededor de unas 16 bases de mujeres campesinas. Cada base cuenta con al menos 6 mujeres que han logrado mantener pequeños proyectos de siembra de granos básicos como maíz. “También tenemos un proyectito de animales; así la hemos pasado. A veces es complicado porque no hay mucha agua, las plagas molestan los animales y los cultivos, pero allí vamos saliendo y dando de comer a nuestros hijos e hijas”, agrega Zulema. Los semilleros de las campesinas En el norte de Honduras, específicamente en el departamento de Copán, Yasmín Beczabeth López es una semilla de la cuarta generación del Consejo para el Desarrollo Integral de la Mujer Campesina (CODIMCA), una estructura que aglutina a unas 5 mil 773 mujeres campesinas en departamentos como Copán, Lempira, Intibucá, Santa Bárbara, Cortés, Yoro, Atlántida y Colón. Esta organización estila ejecutar la metodología “Los Semilleros”, es decir, las hijas e hijos de las mujeres campesinas de CODIMCA reciben, a través de talleres presenciales, capacitaciones en diversas temáticas, incluyendo los tópicos en los que se forman sus madres. “Tenemos equipos de jóvenes preparados en esa metodología para que puedan estar con los niños mientras las madres se capacitan. La misma temática se hace con los niños y niñas, pero en versión infantil”, complementa Yasmín, quien comenzó a formar parte de esta dinámica cuando apenas tenía 10 años y ahora funge como Coordinadora General de la organización. Yasmín Beczabeth López, Coordinadora de CODIMCA. En los ocho departamentos, las mujeres de CODIMCA, en gran medida, aseguran la alimentación de sus familias gracias a los que llaman “huertos campesinos”, que no es otra cosa que la siembra en los pedazos de tierra de los predios que habitan, sin utilizar agro-tóxicos y transgénicos. “Pero no solo es producir una mostaza, tomates, también es colocar siempre las plantas medicinales o jardines botánicos”, corre a aclarar Yazmín. Se trata de huertos que durante la pandemia les han dado un “respiro” a estas mujeres que, aparte de enfrentar la carga del cuidado de sus familias debido al confinamiento por la pandemia, han hecho de la producción de huertos, un mecanismo de subsistencia para los suyos. Pero hay que aclarar, agrega la entrevistada, que se trata de una práctica ancestral, que lleva décadas y que, en definitiva, durante la pandemia y la crisis, ha sido una tabla de salvación. El 30-2020, un Decreto más que las margina Es desde este tipo de trincheras que miles de mujeres campesinas en Honduras llevan décadas luchando para que se les tome en cuenta dentro de las políticas agrarias o, en su defecto, se hagan de forma exclusiva para ellas. Y es que aunque resulte inverosímil, estas mujeres no tienen tierra propia; todas trabajan en tierras alquiladas o en tierras prestadas ya sea por sus compañeros de hogar, hermanos, tíos o alguien de la familia. “Como queremos producir nos las ingeniamos pero no es de ninguna de nosotras”, dicen. Mujeres campesinas de la Cooperativa de Vivienda en San Lorenzo, Valle (CIVISANL), preparan su huerto orgánico. De hecho, acuerpando lo que estas mujeres afirman, los datos oficiales indican que en los últimos años, en un 86%, las mujeres rurales carecían de tierra para la producción y construcción de sus viviendas (ENDESA, 2012). Y, en lo que tiene que ver con el sector reformado, en los últimos años, las mujeres beneficiadas con la titulación de tierras fue de apenas un 34%. Si bien, es estos porcentajes implican una mejoría en relación con los períodos anteriores, aún es largo el camino para el alcance de la equidad e igualdad de género en este aspecto. Y es que el acceso a la tierra, al igual que el acceso al financiamiento y a la asistencia técnica, siguen siendo las eternas demandas de las mujeres campesinas y del área rural del país. Ellas saben que es una lucha que aún no finaliza. De hecho, no desconocen que en el marco de la emergencia por la pandemia, el gobierno de Honduras puso, a través de diversos programas y proyectos, más de 8 mil millones de lempiras para el Agro. Wendy Cruz, la Vía Campesina, Honduras. Foto tomada de http://www.conexihon.hn/ “Hemos estado haciendo análisis. Son varios decretos que el gobierno ha aprobado para la reactivación del agro, pero de la agro industria”, dice Yasmín, en referencia a varios decretos que devienen a partir del Decreto 30-2020, aprobado